Maggie Alarcón

Tigre vs León

In Baseball, Ciego de Ávila, Cuba, Deportes, Industriales, Sports on June 1, 2012 at 12:23 pm

Final Ciego de Ávila-Industriales. Una mirada reflexiva del factor tiempo.

                                                                    

 

            VS.

Por Lorenzo J. Hernández 

 

Vedado, 31 de mayo de 2012.

 

La  final del play off de la Serie Nacional del Beisbol Cubano es ya historia. Concluyó con una convincente victoria del equipo representativo de la tierra de la piña, los tigres avileños, con un balance inesperado: 4-1.

El triunfo de la tropa dirigida con mucho acierto por Roger Machado es, sin lugar a dudas, inobjetable y merecidísimo. El conjunto avileño superó  a los azules de la capital en  los cuatro departamentos del juego: bateo, fildeo, y, sobre todo, en picheo y dirección.

Sin embargo, esto no quiere decir que el resultado 4-1 represente verdaderamente la diferencia de calidad (beisbolísticamente hablando), entre el campeón y el subcampeón de nuestra pelota.

Si observamos detenidamente los marcadores de los cinco juegos efectuados, vemos una diferencia apreciable entre los juegos 1,3 y 5, que fueron muy cerrados (juegos “chiquitos”, como algunos llaman), decididos por una carrera: 3-2, 4-3 y 4-3 (el tercero y el quinto decididos en extra-innings), y los juegos 2 y 4, que, lamentablemente para los azules y para el interés del playoff, fueron juegos “abiertos”, que terminaron con marcadores de 8-3 y 10-2.

La diferencia es apreciable: los flamantes campeones del beisbol cubano, solo pudieron sacar una carrera de ventaja en la suma de los tres juegos “cerrados”, es decir, 10-9, mientras que los dos juegos “abiertos” arrojan una diferencia a favor de los tigres de trece anotaciones: 18-5.

Estos resultados demuestran que la victoria avileña es clara y muy contundente, ya que superó al elenco azul en los dos tipos de juegos, 2-1 en los juegos reñidos, y 2-0 en los juegos “abiertos”.

El análisis que a continuación vamos a hacer no pretende bajo ningún concepto restar mérito a la indiscutible victoria del campeón, pero sí demostrar que los subcampeones pudieron haber ofrecido una mayor resistencia, y la serie hubiera sido más reñida, más emocionante, como pronosticaron la mayor parte de los entendidos, con un total de seis o siete partidos necesarios para la definición.

Esta final nacional se caracterizó por el rol decisivo que jugó el factor tiempo. Cuando decimos el factor tiempo, nos referimos a dos de las acepciones que tiene este término. Al tiempo cronológico, que se mide en minutos, horas, días, etc.,   y al tiempo meteorológico, que determina los días lluviosos, los soleados, etc.

El elemento tiempo influyó en dos sentidos: 1- Por un programa de juegos diferente: los cambios de sede incluyeron dos días sin juego, uno para traslado y otro de descanso. 2- Además, la lluvia, un elemento natural extra beisbolero, pero que forma parte de los factores que intervienen en una serie corta de un deporte como el beisbol (tan rico en imponderables, azares, tácticas y estrategias), también tuvo su importancia, que en principio, era una variable pareja para los dos equipos, pero que, a la postre, resultó ser mejor aprovechado por la dirección del equipo que finalizó campeón.

Esto se debió a que, sencillamente permitió que Ciego de Ávila utilizara a sus mejores lanzadores, con descanso, en los cinco juegos, y como resultado, los Industriales se enfrentaron todo el tiempo al mejor picheo posible que podían presentar los tigres: léase, Vladimir García, Yander Guevara y Osmar Carrero.

Sin embargo, el factor tiempo no fue totalmente aprovechado por la dirección del equipo capitalino (que merece un gran reconocimiento por su labor en toda la serie) en la serie final del play off. Con la experiencia de la serie semifinal contra los combativos cocodrilos de Matanzas, debió haber quedado claro que los dos lanzadores azules mas confiables, eran, sin lugar a duda, el estelar Odrisamer Despaigne y el destacado joven Antonio Romero, protagonista de una soberbia demostración en el séptimo juego contra Matanzas en un estadio “Victoria de Girón” abarrotado con un público delirante en apoyo de los cocodrilos.

El cambio de perspectiva se imponía para la final, teniendo en cuenta el factor tiempo que explicamos anteriormente. Simplemente, se debió utilizar el mejor picheo de que se disponía, y emplear a Odrisamer y a Romero en los dos primeros juegos en Latino, y luego, por la coyuntura circunstancial que ofreció el factor tiempo, emplearlos nuevamente en los juegos 3 y 4 en el estadio “José Ramón Cepero”. Ciego de Ávila lo hizo, Industriales no.

Se dice que Industriales no bateó como se esperaba (solo tres extrabases en cinco juegos, increíble), correcto, y eso no es culpa de la dirección azul, pero también hay que reconocer que Ciego, inteligentemente, utilizó todo el tiempo su mejor picheo.

Obsérvese que Ciego en los juegos 1, 3 y 5, tampoco bateó, pero supo imponerse en dos de estos tres magníficos encuentros frente al picheo más estelar de los azules, y aquí radica el mayor mérito de los tigres.

Por otra parte, se puede apreciar que la diferencia global en las estadísticas de la serie viene dada por los partidos 2 y 4, en los cuales Industriales no empleó sus mejores cartas de triunfo, y que resultaron relativamente victorias más holgadas, las que influyeron en la elevación del ya de por sí alto, animo y espíritu de juego de los campeones.

Repetimos que esto no significa que el triunfo avileño no hubiera tenido lugar de todas formas, porque los tigres, y eso hay que resaltarlo, llegaron a la final en una forma deportiva verdaderamente impresionante y muy difícil de detener. Pero, el desarrollo de los partidos hubiera sido otro, los juegos más cerrados, y la serie mucho más interesante, como se esperaba, y como se demostró en los juegos 1,3 y 5, que en definitiva, fueron los juegos que “salvaron” la calidad del play off final.

Con relación a la utilización de los jugadores, y a la permanencia de algunos bateadores en la alineación, en nuestra opinión, la dirección azul actuó correctamente. Hombres como Irait Chirino y Serguei Pérez, que no rindieron lo que de su calidad demostrada era lógico esperar, es indudable y cierto que son jugadores que han demostrado su valía a lo largo de sus carreras deportivas y merecieron la confianza de la dirección del equipo. El debate sobre colocar a Yasmani Tomás y tener en el banco a una estrella como Yoandri Urgellés, fue una decisión valiente de Vargas, que también aprobamos, y fue consecuente con los comportamientos en el terreno, porque el joven toletero azul demostró a lo largo de todo el campeonato que era un bateador de respeto, conectando a lanzadores de calidad en varias ocasiones. Pero, además, Tomás conectó con oportunidad en la serie contra Cienfuegos, e incluso en el primer partido contra Ciego en el Latino, conectó dos de los tres hits que permitió el estelar Vladimir García, y fue quien impulsó las únicas dos carreras del equipo. Por otra parte la lesión  que aquejaba a Urgellés no le permitió desarrollar su excelente bateo.

No obstante, la dirección fue capaz de, con buen juicio, sentar a Tomás a partir del tercer juego de la final, ya que su bateo disminuyó, y darle una oportunidad a Urgellés, oportunidad que sirvió para demostrar que aún lesionado, y sin estar en plenitud de forma, es uno de los mejores bateadores zurdos de nuestras series nacionales, y finalmente conectó el único jonrón de los Industriales en la final. Pero Tomás también se había ganado la confianza a fuerza de batazos.

La filosofía empleada a lo largo de todo el campeonato por el  director de los Industriales, una de las glorias deportivas de Cuba, Lázaro Vargas, fue, a nuestro criterio, muy acertada y merece todos los elogios. Fue valiente  a la hora de toma de decisiones difíciles en cuanto a las alineaciones, a la inteligente utilización de los pocos toques de bola que ejecutó, a la oportunidad y confianza que brindó a su picheo joven para probarlo y foguearlo, y a las relaciones humanas que logró fomentar en el equipo.

Industriales no llegó a esta final por casualidad, sino por un buen desempeño colectivo, que los llevó de un décimo lugar en la serie 50, en la que con prácticamente con el mismo equipo, no pudieron siquiera clasificar, a un brillante segundo lugar en la Serie 51.

Las palmas para Lázaro Vargas y toda la dirección de Industriales en esta serie, que alcanzaron un destacado subcampeonato, lo que hace que la afición azul se sienta optimista para alcanzar en el futuro otros destacados resultados de su gran equipo.

Como conclusión, podemos decir que Ciego es un gran campeón, Industriales es también un gran subcampeón, y que la serie enseñó, que si hacemos una lectura detallada de su desarrollo, una diferencia importante fue que la dirección de los tigres supo aprovechar mejor las circunstancias que el factor tiempo introdujo en la programación de los juegos, sobre todo en lo relativo a la utilización de los lanzadores.

Felicidades para ambos equipos, los grandes ganadores de la serie 51 del beisbol cubano.

Sobre el autor: Lorenzo Jorge Hernández Rodríguez (La Habana,  1950)
Graduado de Ingeniería Química en ISPJAE. Actualmente investigador sobre la Historia y Dinámica del Lujo y la Alta Tecnología
Partcipante en los Congresos de Complejidad de la Habana 2008, 2010 y 2012

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