Maggie Alarcón

Memorias de un Ciudadano

In General, History, Human Rights/Derechos Humanos, Puerto Rico, Social Justice, US on November 30, 2011 at 3:17 pm

 

Por Juan Santiago Nieves

Nota
Este es el prólogo de la nueva edición electrónica (ebook) de Memorias de un ciudadano,  que pronto estará disponible  y podrán comprar en www.juanmaribras.org.
 

“El Movimiento Pro Independencia de Puerto Rico se constituye para luchar por la liberación de Puerto Rico: liberación política, por la vía de la independencia y la democracia; liberación económica, mediante el establecimiento de un sistema eficaz de producción y de participación equitativa en la riqueza; liberación social, luchando por eliminar todo prejuicio y fomentando la más completa fraternidad de la familia puertorriqueña; y liberación cultural, procurando sincronizar el desarrollo de nuestra cultura con los más sólidos aportes de la cultuta universal”.
Memorias de un Ciudadano, pág. 148.

Fundado en el Tratado de París, el gobierno norteamericano determinó, unilateralmente, cuáles serían los “derechos civiles” de los habitantes de Puerto Rico:

“…respecto a los naturales, su condición y sus derechos civiles se reservan al congreso, quien hará las leyes para gobernar los territorios cedidos…”.

Y los tribunales norteamericanos conceptualizaron, a finales de siglo XIX, este “nuevo poder” del soberano en los siguientes términos:  
       
“El poder del Congreso sobre los territorios… es general y pleno … surge y deriva … del poder otorgado por la Constitución para establecer todas las reglas y reglamentos necesarios … El poder de adquirir territorio por conquista, por tratado y por cesión es un corolario de la soberanía nacional.”

La recreación de este proceso histórico nos permite entender el esquema de dominio implantado en nuestro territorio. La pretensión norteamericana de que Puerto Rico y su población “le pertenecen” ha estado en vigor desde entonces. Se trata nada menos que la concepción de un discurso que atribuye la condición de mercancía –propiedad– a los seres humanos en el tráfico y comercio de las naciones. He ahí la coordenada de la relación colonial. La metrópolis es “soberana”, y ejerce los poderes, como estado nacional, en el territorio ocupado o conquistado.

La población civil “adquirida” disfruta la condición de siervos –súbditos– del gobierno central que le impone, a su vez, una constitución y leyes. Todo este proceso de esclavitud en masa –colonialismo– se da a contrapelo de las luchas internas libradas en las naciones en el siglo XIX para

Juan Mari Bras a la carga

abandonar la organización económica fundada en la esclavitud, que dio paso al trabajo asalariado.

Así, la lucha por la independencia de Puerto Rico ha estado matizada por la soledad y el sacrificio. Decenios de opresión, de humillación, de  esclavitud y servidumbre han marcado la historia de nuestro régimen colonial que ya ha alcanzado la edad de los siglos.  La historia oficial  excluye al movimiento de independencia y lo condena al ostracismo de las masas mediatizadas por el espectro del colonialismo.

Multiplicidad de sacrificios, incomprensión, martirio, exilio, persecución, penurias y profunda soledad caracterizan la ruta.

1Como alzar la voz y  articular las acciones para contrarrestar esta ofensiva de la metrópolis ha sido un reto inmenso a lo largo del tiempo.  El amor a nuestro pueblo ha sido el norte de la lucha. Se trata de un amor inconmensurable que nos vincula aun bajo el espectro del silencio.  Nuestro pueblo respeta, aunque ello no se traduzca aún en una clara conciencia política, a nuestros luchadores y luchadoras por la independencia, a quienes distingue por su honestidad, verticalidad y voluntad de sacrificio. Juan Mari Brás es uno de ellos.

Enfrentar con sensibilidad la fuerza bruta de los imperios, sin deshumanizarnos, ha constituído un gran desafío. Hemos tenido que crecer y evolucionar para preservar nuestra humanidad frente a los que violentan la paz de nuestro espacio nacional. ¡Qué riqueza de seres humanos hemos producido!


NOTAS

  1.  “Esta de pie… no le arredó el silencio… no le duele la herida”.  Memorias… págs 133-134 de la primera edición.

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