Maggie Alarcón

Alas y Raíces

In CAFE, Cuba, Cuban Americans, History, Politics, Travel on October 17, 2012 at 11:04 am

Para Mirta Lavastida Fernández que concibió aves de vuelo con alas y raíces.

 

Margarita Alarcón Perea

 

En Cuba la generación nacida después del triunfo revolucionario de 1959 tiene una dicotomía emocional: fuimos educados por padres que tuvieron la posibilidad de vivir las dos Cuba, la del ayer traumático de la dictadura batistiana y la del futuro esperanzador de la revolución de Fidel Castro. Recuerdo que no había reunión en casa donde mis padres y sus amigos no rememoraran los años de la lucha, la vida de antes, las vicisitudes y sobre todo, lo mucho que había que hacer, y cuanta euforia sentían por el deseo de crear ese mundo nuevo en la isla.

Todo era válido. Niños y jóvenes instruyendo a los iletrados, 45 y más días en el campo, los trabajos voluntarios, la expo 67 Rampa arriba y Rampa abajo, hasta el corte de caña con todo y que la zafra de los 10 millones no resultara ser lo que se esperaba; no importaba, Cuba y su población isleña pasaban por alto los errores, se regocijaba en los éxitos y seguía adelante con un espíritu incalculable de solidaridad y amor casi que contagioso.

Esa fue la generación de nuestros padres, la que  de alguna manera nos inculcaron a nosotros, sus hijos, ese apasionamiento y esa electricidad de vida. La generación que le dijo adiós a padres, abuelos, tíos, hijos, amigos y mucho más. Pero fue también la generación que dejó atrás al parque de la primera patineta, al banco del primer beso;  la de los atardeceres de la añoranza. Fue una generación a ambos lados de un estrecho que cada vez se hacía más ancho, que aprendió  a la fuerza que las palabras “irse” y “quedarse” cobraban un significado mayor que la simpleza de movimiento, significaba una actitud ante la vida.

Y así fueron pasando los años y nosotros los nacidos de esa generación fuimos creciendo entre ese meollo de separación, incomprensión y distancia.  Pero nuestros padres fueron sabios, y la vida nuestra mejor escuela. Esos mismos que en ocasiones y por momentos nos fueron educando entre el “bien y el mal” de nuevo tipo, también evolucionaron para comprender que la distancia no es el olvido como ora la canción. Muchos, quizás motivados por nuestra misma existencia y nuestras inquietudes y nuestras ansias de isleños, fueron cambiando o despertando, o quizás simplemente confiando más. La distancia y la soledad se hacen más largas cuando uno las prolonga.  La nueva generación, heredera de la revolución, pronto aprendió, como les dijera Serrat a través de Machado, que el camino se hace al andar.

Ya,  por fin, se han levantado los miedos y los tapujos, ya por fin las puertas se han abierto y no se volverán a cerrar. Cual padre que ha educado bien a su hijo, llegó el día de entregarle las llaves de casa … y volverá.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s

%d bloggers like this: