Maggie Alarcón

Cuba, la presidencia pro tempore de CELAC y la relación regional con Europa.

In CAFE, CELAC on January 29, 2013 at 11:54 am

Hostos

 

 

Arturo López-Levy[1] [1] y Rogelio Sánchez Levis[2] [2]

 

Publicado en Infolam

En una escena del filme chileno “Dawson Isla 10”, basado en el libro homónimo de Sergio Bitar, los confinados a un campo de concentración por la junta militar de Pinochet cantan la canción de las Américas, pero son forzados a no mencionar a Cuba entre los países de la región. Si algo expresa el cambio de visiones sobre Cuba en América Latina es la transferencia de la presidencia pro-tempore de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y caribeños (CELAC).  Un presidente de derecha, Sebastián Piñera entrega la coordinación regional al presidente Raúl Castro.

El ascenso de Cuba a la presidencia de la CELAC es un hito histórico para la diplomacia cubana. Aunque Cuba ha ejercido el liderazgo de grupos internacionales importantes como el movimiento no alineado y el grupo de los 77, la decisión de otorgarle la presidencia de la CELAC constituye la confirmación viva de su inserción regional y el fracaso de la política estadounidense de aislamiento. El símbolo de Cuba como líder regional engarza con la exigencia latinoamericana en la Cumbre de las Américas en Cartagena por la admisión de Cuba en ese foro.

El hecho de que Raúl Castro reciba el batón de manos de Sebastián Piñera, un presidente de derecha, refleja un consenso de las elites latinoamericanas, incluida la cubana, a favor del pluralismo ideológico a nivel multilateral y la promoción de intereses regionales comunes. Desde los días de las aperturas democráticas en América del Sur, la relación con Cuba se ha convertido en un caso prueba de la autonomía de las políticas exteriores nacionales frente a EE.UU, que aporta réditos a los gobiernos ante la opinión pública y las bases electorales de varios partidos políticos. Dada la nueva atención que Cuba ha generado a partir de los procesos de reforma económica y liberalización política, el mensaje latinoamericano a otros grupos regionales, particularmente Europa y Norteamérica, es que la política óptima hacia esas tendencias es de intercambio y acompañamiento, aun cuando incluya la expresión de diferencias y críticas.

No es que la región abrace la ideología gobernante en Cuba, es que las cancillerías latinoamericanas y caribeñas apuestan por darle a La Habana un liderazgo temporal para que avance sus propias metas en paralelo con objetivos específicos de la región. Un tema frecuentemente ignorado es la profundidad y estabilidad de las relaciones profesionales entre la cancillería cubana y sus contrapartes en las otras 32 naciones de la región. En áreas especificas como la expansión de servicios de salud pública y educación, diversificación de los vínculos de la región con otros socios como China y Rusia o el avance del dialogo de paz entre las Fuerzas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el gobierno colombiano, los gobiernos latinoamericanos entienden desde un cálculo costo-beneficio, que Cuba es un eficiente facilitador.

La presidencia de la CELAC elevará el perfil de Raúl Castro y Cuba como líderes en un mercado regional de más de 500 millones de habitantes y una renta per cápita promedio de 12,400 dólares. Este avance diplomático de La Habana sería impensable sin la política de reformas dirigidas a mejorar la gobernabilidad, la institucionalidad y el desempeño económico de la isla. Las reformas abren sensibles espacios de interlocución para la plena reinserción económica, educacional y cultural internacional de la mayor de las Antillas. No es casual que en su viaje a Santiago de Chile, Raúl Castro fuera acompañado no solo por el canciller Bruno Rodríguez sino también del vicepresidente Miguel Díaz-Canel, uno de los políticos ascendidos al politburó en el último congreso del PCC.

El énfasis cubano de hoy no está en el liderazgo de proyectos revolucionarios hacia el orden internacional sino en crear un ambiente favorable a las reformas que tiene lugar en la isla. Por eso es que la postura de acompañar los procesos de cambio que tienen lugar en Cuba, proveyendo experiencias e intercambios educacionales, culturales y económicos es la óptima para todas las élites, incluidas las de derecha, latinoamericanas.

En la CELAC, Cuba procurará dos objetivos: 1) el fortalecimiento de la organización y su acercamiento con el resto de América Latina y el Caribe sin elevar diferencias ideológicas, 2) elevar el costo latinoamericano para EE.UU de mantener el embargo contra Cuba. La Cancillería Cubana tiene todo 2013 y una cumbre regional en La Habana en 2014 para reforzar el consenso expresado por el presidente Santos en Cartagena de que una nueva cumbre de las Américas sin Cuba no debe tener lugar. Cuba podría incluso usar la cumbre en la Habana en 2014 para realizar otro dialogo inter-regional, esta vez con China o Rusia, países con los que tiene una relación política particularmente cordial.[3] [3]

La presidencia de CELAC puede ser también una plataforma desde la que Cuba ofrezca a Washington gestos de cooperación hemisférica. La cumbre de 2014 podría avanzar la consolidación de una zona de paz al abordar el tema de la cooperación latinoamericana e inter-americana contra el terrorismo. Una reticencia estadounidense a cooperar en ese esfuerzo aislaría más la inclusión de Cuba en la lista de países terroristas del departamento de Estado mientras que una aquiescencia exacerbaría ese contrasentido en la ausencia de evidencias.

La relación con la Unión Europea

El ascenso cubano a la presidencia de CELAC llama a la UE a replantearse una relación con la isla más acoplada con este escenario. Confirma la obsolescencia de la Posición Común que aleja las posibilidades de construir una relación madura y  estable. Mas que imponer precondiciones a Cuba para reiniciar la cooperación multilateral, la Unión Europea debería dar a los cambios en la isla un enfoque de proceso donde temas como la transición hacia una economía mixta y la mejoría de los estándares de vida de la población son valorados en su propio mérito, como ocurre con la mayoría de los estados firmantes de los convenios de Cotonou.

Es realista que la relación política birregional se adapte al cambiante escenario mundial, y las transformaciones al interior de ambos bloques. Si bien argumentos de soberanía no son óbice para establecer un dialogo sobre equidad, participación, democracia y derechos humanos, esas conversaciones deben enfocarse a la luz de las nuevas realidades económicas y balances de poderes. Los patrones intervencionistas tradicionales no funcionan. En declaraciones previas a la Cumbre, el Canciller cubano declaraba: “Si Europa mira de manera nueva a América Latina y el Caribe como un socio igual, sin aquellos dejos de metrópolis o coloniales, tiene una oportunidad de establecer una relación fuerte”[4] [4].

La relativa desatención de Washington a América Latina, incluida su negativa a aceptar que Cuba es parte integral del entorno diplomático regional, y el persistente interés latinoamericano por diversificar sus relaciones, crean  oportunidades en las que el liderazgo cubano puede imprimir su sello en la relación regional con la UE.  Ser líder regional representa un reto para la cancillería cubana interesada en reforzar un perfil concertador en organismos internacionales. Para ello deberá adoptar un enfoque pragmático en el que los intereses regionales prevalezcan sobre las preferencias ideológicas.  La Unión Europea, por su parte, también deberá repensar sus estrategias de política exterior más allá de sus urgencias de crisis, a la luz del pívot en el comercio mundial hacia el Pacifico,  las  potencialidades de la región latinoamericana en términos de estabilidad política, dinamismo económico, y capacidades energéticas.


[1] [5] Conferencista y Candidato a Doctor de la Escuela Josef Korbel de Estudios Internacionales de la Universidad de Denver.

[2] [6] Doctor en Ciencias Históricas. Profesor universitario. Fue embajador de Cuba en Francia y Mónaco.

[3] [7] Las experiencias de los llamados Fórums de Economía y Cooperación Comercial China-Caribe celebrados en Jamaica (2005), China (2007) y Trinidad y Tobago (2011) donde Cuba ha jugado un papel relevante como facilitador y organizador, pudieran servir de bases para el lanzamiento de iniciativas como estas.

[4] [8] Declaraciones del ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla a la Cadena TELESUR, previo al inicio de la Cumbre CELAC-Unión Europea de Santiago de Chile. http://cubainformacion.tv/index.php/en-portada/47901-la-relacion-actual-entre-los-paises-de-la-celac-y-la-ue-es-desigual-e-injusta [9]

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