Maggie Alarcón

40 años después

In Cuba, Politics on October 6, 2016 at 9:00 am

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Margarita Alarcón Perea

“La muerte de cualquier ser humano me disminuye, porque soy parte de la humanidad; por tanto, no me preguntes porquien doblan las campanas; doblan por ti.”

John Donne

 

Hace seis años escribí sobre una atrocidad ocurrida en nuestro hemisferio el 6 de octubre del año 1976.

El vuelo 455 de Cubana de Aviación explotó en pleno vuelo y cayó hacia el suelo marino llevándose consigo las vidas de los 73 pasajeros a bordo. La tripulación entera, 11 estudiantes guyaneses, 5 coreanos, y  57  cubanos de los cuales 24 conformaban el equipo juvenil de esgrima de Cuba de regreso de los juegos centro americanos de ese año.

Al escribir en aquel entonces,  lo hacía contando la historia y pensando en las victimas, todas, y en cómo era posible que los responsables de un hecho tan espantoso vivieran libres. En lo que no pensaba hace seis años, era que el crimen tenía que haber tenido testigos. Dos de ellas se me acercaron luego de leer lo que escribí.

Este 6 de octubre se cumple el 40 Aniversario del primer acto terrorista contra una nave civil en pleno vuelo en nuestro hemisferio. No debemos olvidar.

El vuelo originó en Georgetown, Guyana. Luego de una breve escala en Barbados, partió hacia Kingston desde el aeropuerto de Seawell en Bridgetown. A 18,000 pies de altura y a solo 9 minutos del despegue,  estalló la primera de las dos bombas C4 abordo la nave.

Una joven madre y su hija fueron testigos de todo.

Y estas son sus historias:

Remembranza de 40 años

“Solo tenía 25 años en octubre de 1976. Mi hija Eileen, casi 6, y su padre y yo nos subimos a bordo del CUNARD Princess en La Guaira, Venezuela, para irnos de crucero durante 7 días. Nuestro 2ndo  puerto de escala fue Barbados, con las aguas turquesa cristalinas más bellas que jamás había visto. Solo teníamos un día para disfrutar de la isla y por eso paramos a un chofer local, Rudy, quien alegaba conocer el lugar perfecto. Nos llevó a una playa privada, que según el quedaba frente “a la casa de vacaciones de Sting”. Era un lugar que nos dejó sin aliento y una balsa de madera nos convocaba a unas 50 yardas de la orilla a acercarnos. ¡Era un día glorioso! Nos soleamos y retozamos hasta que nos llamó la atención un destello plateado y miramos hacia el cielo donde vimos un avión cuyas alas comenzaron a girarse de manera extraña perpendicular hacia el horizonte hasta que estaban verticales una con la otra y descendían hacia el mar en vez de escalar hacia el cielo. Bajaba y bajaba iba resbalando ante nuestro horror. No dejaba de pensar, en cualquier momento el avión se va a enderezar. Eileen dijo, “! Mami, ese avión se va a estrellar!” En total incredulidad, observamos el avión caer hacia el mar. Todavía recuerdo el estremecimiento   que sentí en ese momento,  solo luego fue que supimos que habíamos sido testigos oculares de un acto terrorista. Es un recuerdo que me hostiga hasta hoy. “

Linda Balzán

Un recuerdo terrible

“Cuando pienso en mi niñez, siento una abundancia de felicidad; tantos recuerdos que caen como cascada sobre mí y me hacen sentir valerosa, cuidada y amada. Los olores a comida, el sonido de batir leche dulce en un pozuelo pequeño de metal, sobre el fogón, el sonido de batir merengue, como aprendí a contar los pasos y balancearme correctamente, los primos, la risa, juegos, películas, y todas las cosas que llevo grabada en la memoria y acercan la nostalgia. Entonces, el recuerdo terrible.

Mis padres y otra pareja, y yo, estábamos sobre una plataforma de madera en el océano en Barbados. Era un dia normal de vacaciones. Yo tenía casi 6 años. Creo que no hubiera guardado más de par de recuerdos de esas vacaciones en el Caribe. Tal vez el vestuario de plumas de alguna corista, el vestido amarillo de mi madre durante la cena, y quizás hubiera recordado el isleño mostrándonos un pez globo mientras mi madre tomaba una fotografía. Sobre la balsa estaba aburrida. Los adultos conversaban, probablemente bebiendo, y yo solo miraba hacia arriba, buscando algo interesante que mirar. Vi un avión. Comencé a mirarlo fijamente y recuerdo saber, algo me lo decía, que no lo perdiera de vista. El avión giraba lentamente, nada iba mal, sin embargo sabía que algo malo iba a suceder. Me voltee hacia el amigo de mi padre y le dije, “Mira, ese avión se va a estrellar.” Lo empujé y se lo repetí, “Mira, ese avión se va a estrellar.” Él lo estaba mirando y me dijo con calma, “No, solo está girando.” Recuerdo haberme sentido mal que nadie me creyera. No le quité los ojos de encima al avión, y comenzó a seguirle un rastro de humo desde la cola, todo el mundo estaba en silencio. Ya tenía suficiente edad para preguntarme si algo andaba mal… ¿Acaso andaba algo mal?

El avión explotó. El avión se estrelló contra el mar, tan cerca cayó que sentí el calor en mi cara. Tengo recuerdos vividos de las llamas naranjas, el humo negro apropiándose de todo el entorno. No tengo recuerdo de haber salido de la playa, no recuerdo a nadie hablando. En mi cabeza, estaba en estado de shock y era capaz de procesar el significado de lo que acababa de pasar. Definitivamente que no pensé en las personas perdiendo sus vidas,  y los sueños que se esfumaron con el humo. Eso vino décadas después.

No creo que pensé en el accidente hasta pasados unos 20 años. Hoy día mis pensamientos se dirigen a esos estudiantes, esos individuos fieramente amados, y las personas que tuvieron que bregar con el dolor de no poder despedirse, de no verse de nuevo nunca más. He llorado muchas, muchas veces, tratando de hallarle el sentido a tanto odio. No entiendo ni entenderé nunca.  Ahora ya sé que no son solo las personas sino también los gobiernos los que pueden ser monstruosos.

No nombraré a los asesinos. No valen la pena.

Hoy, espero que haya nacido algo valido de cada bifurcación en el camino de las vidas de aquellas personas que sufrieron la pérdida de familia y futuro a la vez. Hay tanta tristeza cuando pienso en la madre o padre ausente, o el hermano, hermana, esposa o esposo, compañero del aula, primo, amigo viejo o nuevo. Sueño despierta con la sensación de vacío del camino que debieron seguir los buenos recuerdos que nunca llegaron a suceder. No puedo racionalizar una perdida tal, pero sí creo en la bondad. Rezo que cada persona que llora y a la que le  falte un trozo haya hallado otro que poner en su lugar. Una ira que se ha callado y se ha vuelto activismo en unos, amor y mayor comprensión de la vida, o un indomable afán que no pueda ser quebrantado, bien o mal. Espero que alguien haya encontrado valor y que otro haya encontrado disciplina y virtud. Espero que se hayan forjado nuevas amistades y haya nacidos niños nuevos.

No perdí a nadie ese día, pero estaba ahí, y por tanto soy testigo para todas las familias.

Estaba ahí, y ellos están conmigo.”

Eileen Boruch-Balzan

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