Maggie Alarcón

Clinton delante en la recta final

In Elecciones en Estados Unidos, Politics on October 28, 2016 at 3:49 pm

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Por Ramón Sanchez-Parodi Montoto

A menos de dos semanas de la votación del 8 de noviembre, hay consenso en los medios políticos y de difusión de los Estados Unidos de que Hillary Clinton será la elegida como Presidenta. Así lo indica no solamente la abrumadora mayoría de las encuestas que sitúan a la candidata demócrata con amplia ventaja en los votos electorales asignados por estados y en la votación en el ámbito nacional sino también el análisis de las informaciones disponibles sobre las votaciones adelantadas. Por otra parte, la valoración hecha por la organización Real Clear Politics, que goza de prestigio nacional en ese terreno y monitorea las encuestas en el ámbito nacional, sobre las hechas entre el 13 y el 24 de octubre por once de las principales entidades que cubren el territorio nacional, arrojan que todas, menos una (que apunta un empate entre ambos candidatos) dan ventaja a Clinton de entre 1% y 12%  y el promedio  de ellas, calculado por Real Clear Politics, coloca a la candidata demócrata con el 48,3 % de preferencia mientras Trump solo llega al 43,2%. (Hay que apuntar que una ventaja de un 5% o más a estas alturas del proceso, es considerada por lo general como indicio de una aplastante victoria). Además, Real Clear Politics estimaba que Clinton contaba ya con 272 votos electorales (2 más de los 270 necesarios), en cuanto Trump solo llegaba a 126, con  otros 140 aún sin definir correspondientes a  8 estados más un distrito congresional de Maine.

Otra ventaja de Hillary Clinton es la disponibilidad de dinero, que le ha permitido reforzar la actividad de su campaña electoral en todos los estados en disputa, que incluye, en la valoración de Clear Real Politics, a tres que por décadas han sido considerados como sólidamente republicanos: Arizona, Texas y Georgia, los cuales posiblemente voten mayoritariamente a favor de Trump, pero muestra la fortaleza que predomina en los círculos demócratas,  al incursionar en estos finales de campaña en territorios tradicionales republicanos.

Las causas de la posición en que se encuentra Clinton en esta contienda pueden encontrarse en haber logrado mantener unidos  a favor de su candidatura a todas las tendencias de la coalición de fuerzas demócratas; en contar con amplios recursos financieros para su equipo de campaña, para la organización nacional del Partido Republicano y para las organizaciones de influencia política (los llamados PACs y SuperPacs); por contar con una superior organización de la campaña electoral, con un trabajo más estable y sostenido, una estrategia mejor concebida, instrumentos de procesamiento de información más eficientes y eficaces y un trabajo sistemático exitoso en la base. La campaña de Clinton fue integradora con relación a la composición demográfica del país; blancos, hispanos, latinos, asiáticos; a la coalición entre sus tendencias políticas: liberales, conservadoras, progresistas; y a que evadió exitosamente los principales obstáculos en su camino, como lo fueron las investigaciones sobre el uso de su correo electrónico personal para trámites oficiales, las acusaciones republicanas sobre su actuación en el caso del ataque a las instalaciones consulares de los Estados Unidos en Benghazi y las críticas por sus vínculos con las principales casas financieras estadounidenses y las conexiones internacionales de la Fundación Clinton, entre otras.

Por el contrario, a estas alturas de la contienda  y cuando todas las fuerzas y medios han sido desplegados y utilizados, la candidatura de Trump no ha logrado recuperarse de la estruendosa caída que está sufriendo después de la Convención Nacional Republicana a finales de julio pasado. (En realidad, si tomamos como base los promedios de preferencia que realiza Real Clear Politics, desde el 1º de julio de 2015, Trump solo ha superado a Clinton en dos momentos, y por una mínima diferencia: 0,2% el 24 de mayo y 0,9% el 28 de julio, ambos en 2016). Trump ha sido el reverso de Clinton en estas elecciones: su campaña tuvo como punto central el enfrentamiento al aparato republicano y la confrontación brutal con sus principales líderes, lo que profundizó la división en un partido que ya venía padeciendo de profundas disensiones en sus filas como lo demostró la presencia de 17 aspirantes a la nominación presidencial durante la etapa de elecciones primarias.

Trump ha realizado una errática, mal concebida, controvertida e inestable campaña electoral, tanto en cuanto a sus posiciones políticas, como en la organización y funcionamiento del equipo de campaña, en el trabajo de captación de votantes en la base y en la actividad de recaudación de fondos. Añádase a ello su falta de habilidad, experiencia y sensibilidad como ente político y las fisuras de su personalidad egocéntrica, taimada, grosera y prepotente que le valió la animadversión de latinos, negros, musulmanes, árabes, mujeres y hasta de grupos religiosos como los mormones. Su mensaje electoral ha sido xenófobo, misógino, racista, ultranacionalista, bordeando en el fascismo y el nazismo.

El equipo de campaña electoral de Trump acabó en manos de elementos vinculados con la llamada “derecha alternativa” (alt-right, en inglés). El 17 de agosto último, Stephen Bannon fue designado como jefe ejecutivo de la campaña electoral de Trump. Bannon era hasta ese momento y desde marzo de 2012 presidente ejecutivo de Breitbart News Network, fundada en 2007 y  calificada por éste como “la plataforma de toda la derecha alternativa. La “derecha alternative” no es realmente una organización sino un conjunto de grupos o tendencias contrarios a la derecha tradicional de los Estados Unidos. Este movimiento  es considerado como una expresión del nacionalismo blanco en los Estados Unidos, de posiciones anti-inmigrantes, anti-semita, anti-musulmanes y actitudes similares que la conectan plenamente con las posiciones mantenidas por Trump.

Bannon mantiene estrechos vínculos con la familia Mercer, encabezada por Robert Mercer, científico en computación y ejecutivo principal del fondo buitre, Renaissance Technologies. Rebekah, hija de Robert, es directora de la Mercer Familily Foundation, que se estima había contribuido unos 13 millones de dólares a la campaña de Trump, después de haber apoyado a la de Ted Cruz. Junto con la designación de Banon, también Kellyanne Conway, ligada a Rebekah y a Bannon fue elevada del cargo de asesora principal al de administradora de la campaña. Adicionalmente, la firma de mineración y análisis de datos Cambridge Analytica, en la cual la familia Mercer tiene inversiones,  fue contratada por la campaña de Trump.

En la práctica, la campaña de Trump terminó en manos de elementos de la “derecha-alternativa. No hay que hacer muchos análisis y valoraciones para comprender que la estrepitosa caída que experimentó Trump en las últimas semanas, especialmente producto del rechazo de numerosas personalidades republicanas y de destacados órganos de prensa que tradicionalmente apoyan a los candidatos presidenciales republicanos, está directamente vinculado al control que ejerce la familia Mercer, considerada enemiga del liderazgo tradicional republicano y ello está teniendo un importante peso en este final de campaña.

Aun cuando Clinton gane la presidencia por amplio margen de votos electorales y populares no es de esperar que haya igual resultado en las elecciones en el Senado y la Cámara de Representantes. Han aumentado un poco las posibilidades de que el Partido Demócrata logre alcanzar la mayoría en el Senado y quizás disminuir en algo el número de representantes republicanos pero es altamente improbable que el Partido Republicano pierda la mayoría en la Cámara. La razón es que las elecciones para senadores y representantes tienen lugar en el ámbito estatal donde es menor la desunión interna y donde los grupos financieros pro-republicanos están poniendo gran empeño y dinero para lograr la elección de sus correligionarios. Además, el control de los republicanos en los poderes locales es muy firme e históricamente los demócratas no gozan en ellos del favor mayoritario de la población.

Ahora solo falta esperar a la votación del 8 de noviembre. Ya las fuerzas bipartidistas están emplazadas y desplegadas buscando ganar la mayor cuota de poder posible.

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