Maggie Alarcón

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La última bandera

In Politics Relaciones Cuba EEUU on August 20, 2015 at 4:42 pm

bright-sun

Ricardo Alarcón de Quesada

La ceremonia para levantar en su Embajada en La Habana la bandera de los Estados Unidos fue la noticia del día en todo el mundo el pasado 14 de agosto. Era lógico que así fuese pues era quizás la expresión más visible del giro en la política norteamericana después de la decisión de restablecer las relaciones diplomáticas anunciada simultáneamente por los Presidentes Raúl Castro y Barak Obama el 17 de diciembre de 2014. Fue, como dijo John Kerry, el primer Secretario de Estado que visitaba Cuba en setenta años, un día histórico.

Que correspondiese a Kerry presidir tal acto era en cierto sentido también una manifestación de la justicia histórica. Desde sus años juveniles cuando al regresar de la guerra condecorado se puso a la cabeza de los veteranos que buscaron poner fin a la agresión contra el pueblo vietnamita hasta su larga carrera como Senador por Massachusetts, Kerry siguió una trayectoria coherente con lo que en su país se define como “liberalismo”. Su papel había sido determinante en el establecimiento de relaciones con Viet Nam y fue en el Senado una de las voces más críticas del bloqueo a Cuba y del uso de los fondos federales para “promover la democracia” en la isla.

Cincuenta y cuatro años atrás al cerrar su Embajada Washington creía que los días de la Revolución cubana estaban contados. Cuando tomó esa decisión, en enero de 1961, avanzaban sus planes para la invasión mercenaria que Cuba derrotaría en abril en menos de 72 horas en Playa Girón. Fracasado aquel plan intensificó sus acciones para asfixiar a la isla mientras elaboraba proyectos aun más agresivos que incluirían incluso el empleo de sus propias fuerzas armadas.

Consiguió que todos los gobiernos de América Latina, excepto México, rompieran también sus relaciones diplomáticas y cerraran sus misiones en la capital cubana. El golpe de estado que derrocó al Presidente Joao Goulart en Brasil fue elemento decisivo en el plan anticubano y dio paso a la larga noche de las dictaduras militares con su carga terrible de sangre, luto y dolor. Los pueblos latinoamericanos y sus democracias fueron víctimas directas de la pretensión yanqui contra la isla. Desde los años sesenta del pasado Siglo el derecho de Cuba a su independencia y la defensa de la democracia en el Continente han sido partes inseparables de una misma lucha.

Aunque fuera otra su intención tenían sentido las referencias a la democracia que repitió en su discurso el Secretario de Estado. Para aislar a Cuba Washington impuso hace medio siglo las peores tiranías. Ahora se vió obligado a reconocer a Cuba porque todos los demás ya lo habían hecho. La ruptura en el pasado marcó el inicio de una etapa sombría. El restablecimiento de las relaciones con Cuba ahora es ante todo la admisión de la derrota y la necesidad de buscar nuevos caminos. Al izar su bandera Estados Unidos no está indicando a nadie lo que debe hacer. Es al revés. Se está sumando a todos los demás. La enseña de las barras y las estrellas era la única bandera que faltaba y ahora, finalmente, se suma a la voluntad democrática del Continente.

Mucho ha cambiado esta parte del mundo desde aquellos tiempos en que la hegemonía norteamericana era acatada sin chistar.

Hace años ya que La Habana es una de las pocas capitales del planeta donde están presentes, con sus misiones diplomáticas y sus banderas, todos los demás países independientes del Hemisferio Occidental incluyendo todos y cada uno de los estados insulares caribeños. Más aun, sólo aquí hay una representación del pueblo de Puerto Rico cuya Misión Diplomática aunque opera bajo la responsabilidad de su movimiento patriótico es punto de encuentro frecuente de los visitantes puertorriqueños que son muchos y de todas las tendencias políticas sin excepción.

Queda mucho por andar en la senda de la “normalización” de las relaciones. Tal cosa es inconcebible mientras exista el bloqueo económico, continúe la usurpación de territorio cubano en Guantánamo y Estados Unidos mantenga su política injerencista. Tampoco resulta concebible en un contexto en que Washington pretende subvertir a gobiernos populares y progresistas en América Latina.

Ojalá Washington pueda aprender las lecciones de la Historia. Sus enseñanzas son muy claras para quien quiera verlas. Después de todo pocas veces brilló tanto el sol en La Habana como en la mañana del 14 de agosto.

Cuba, la presidencia pro tempore de CELAC y la relación regional con Europa.

In CAFE, CELAC on January 29, 2013 at 11:54 am

Hostos

 

 

Arturo López-Levy[1] [1] y Rogelio Sánchez Levis[2] [2]

 

Publicado en Infolam

En una escena del filme chileno “Dawson Isla 10”, basado en el libro homónimo de Sergio Bitar, los confinados a un campo de concentración por la junta militar de Pinochet cantan la canción de las Américas, pero son forzados a no mencionar a Cuba entre los países de la región. Si algo expresa el cambio de visiones sobre Cuba en América Latina es la transferencia de la presidencia pro-tempore de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y caribeños (CELAC).  Un presidente de derecha, Sebastián Piñera entrega la coordinación regional al presidente Raúl Castro.

El ascenso de Cuba a la presidencia de la CELAC es un hito histórico para la diplomacia cubana. Aunque Cuba ha ejercido el liderazgo de grupos internacionales importantes como el movimiento no alineado y el grupo de los 77, la decisión de otorgarle la presidencia de la CELAC constituye la confirmación viva de su inserción regional y el fracaso de la política estadounidense de aislamiento. El símbolo de Cuba como líder regional engarza con la exigencia latinoamericana en la Cumbre de las Américas en Cartagena por la admisión de Cuba en ese foro.

El hecho de que Raúl Castro reciba el batón de manos de Sebastián Piñera, un presidente de derecha, refleja un consenso de las elites latinoamericanas, incluida la cubana, a favor del pluralismo ideológico a nivel multilateral y la promoción de intereses regionales comunes. Desde los días de las aperturas democráticas en América del Sur, la relación con Cuba se ha convertido en un caso prueba de la autonomía de las políticas exteriores nacionales frente a EE.UU, que aporta réditos a los gobiernos ante la opinión pública y las bases electorales de varios partidos políticos. Dada la nueva atención que Cuba ha generado a partir de los procesos de reforma económica y liberalización política, el mensaje latinoamericano a otros grupos regionales, particularmente Europa y Norteamérica, es que la política óptima hacia esas tendencias es de intercambio y acompañamiento, aun cuando incluya la expresión de diferencias y críticas.

No es que la región abrace la ideología gobernante en Cuba, es que las cancillerías latinoamericanas y caribeñas apuestan por darle a La Habana un liderazgo temporal para que avance sus propias metas en paralelo con objetivos específicos de la región. Un tema frecuentemente ignorado es la profundidad y estabilidad de las relaciones profesionales entre la cancillería cubana y sus contrapartes en las otras 32 naciones de la región. En áreas especificas como la expansión de servicios de salud pública y educación, diversificación de los vínculos de la región con otros socios como China y Rusia o el avance del dialogo de paz entre las Fuerzas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el gobierno colombiano, los gobiernos latinoamericanos entienden desde un cálculo costo-beneficio, que Cuba es un eficiente facilitador.

La presidencia de la CELAC elevará el perfil de Raúl Castro y Cuba como líderes en un mercado regional de más de 500 millones de habitantes y una renta per cápita promedio de 12,400 dólares. Este avance diplomático de La Habana sería impensable sin la política de reformas dirigidas a mejorar la gobernabilidad, la institucionalidad y el desempeño económico de la isla. Las reformas abren sensibles espacios de interlocución para la plena reinserción económica, educacional y cultural internacional de la mayor de las Antillas. No es casual que en su viaje a Santiago de Chile, Raúl Castro fuera acompañado no solo por el canciller Bruno Rodríguez sino también del vicepresidente Miguel Díaz-Canel, uno de los políticos ascendidos al politburó en el último congreso del PCC.

El énfasis cubano de hoy no está en el liderazgo de proyectos revolucionarios hacia el orden internacional sino en crear un ambiente favorable a las reformas que tiene lugar en la isla. Por eso es que la postura de acompañar los procesos de cambio que tienen lugar en Cuba, proveyendo experiencias e intercambios educacionales, culturales y económicos es la óptima para todas las élites, incluidas las de derecha, latinoamericanas.

En la CELAC, Cuba procurará dos objetivos: 1) el fortalecimiento de la organización y su acercamiento con el resto de América Latina y el Caribe sin elevar diferencias ideológicas, 2) elevar el costo latinoamericano para EE.UU de mantener el embargo contra Cuba. La Cancillería Cubana tiene todo 2013 y una cumbre regional en La Habana en 2014 para reforzar el consenso expresado por el presidente Santos en Cartagena de que una nueva cumbre de las Américas sin Cuba no debe tener lugar. Cuba podría incluso usar la cumbre en la Habana en 2014 para realizar otro dialogo inter-regional, esta vez con China o Rusia, países con los que tiene una relación política particularmente cordial.[3] [3]

La presidencia de CELAC puede ser también una plataforma desde la que Cuba ofrezca a Washington gestos de cooperación hemisférica. La cumbre de 2014 podría avanzar la consolidación de una zona de paz al abordar el tema de la cooperación latinoamericana e inter-americana contra el terrorismo. Una reticencia estadounidense a cooperar en ese esfuerzo aislaría más la inclusión de Cuba en la lista de países terroristas del departamento de Estado mientras que una aquiescencia exacerbaría ese contrasentido en la ausencia de evidencias.

La relación con la Unión Europea

El ascenso cubano a la presidencia de CELAC llama a la UE a replantearse una relación con la isla más acoplada con este escenario. Confirma la obsolescencia de la Posición Común que aleja las posibilidades de construir una relación madura y  estable. Mas que imponer precondiciones a Cuba para reiniciar la cooperación multilateral, la Unión Europea debería dar a los cambios en la isla un enfoque de proceso donde temas como la transición hacia una economía mixta y la mejoría de los estándares de vida de la población son valorados en su propio mérito, como ocurre con la mayoría de los estados firmantes de los convenios de Cotonou.

Es realista que la relación política birregional se adapte al cambiante escenario mundial, y las transformaciones al interior de ambos bloques. Si bien argumentos de soberanía no son óbice para establecer un dialogo sobre equidad, participación, democracia y derechos humanos, esas conversaciones deben enfocarse a la luz de las nuevas realidades económicas y balances de poderes. Los patrones intervencionistas tradicionales no funcionan. En declaraciones previas a la Cumbre, el Canciller cubano declaraba: “Si Europa mira de manera nueva a América Latina y el Caribe como un socio igual, sin aquellos dejos de metrópolis o coloniales, tiene una oportunidad de establecer una relación fuerte”[4] [4].

La relativa desatención de Washington a América Latina, incluida su negativa a aceptar que Cuba es parte integral del entorno diplomático regional, y el persistente interés latinoamericano por diversificar sus relaciones, crean  oportunidades en las que el liderazgo cubano puede imprimir su sello en la relación regional con la UE.  Ser líder regional representa un reto para la cancillería cubana interesada en reforzar un perfil concertador en organismos internacionales. Para ello deberá adoptar un enfoque pragmático en el que los intereses regionales prevalezcan sobre las preferencias ideológicas.  La Unión Europea, por su parte, también deberá repensar sus estrategias de política exterior más allá de sus urgencias de crisis, a la luz del pívot en el comercio mundial hacia el Pacifico,  las  potencialidades de la región latinoamericana en términos de estabilidad política, dinamismo económico, y capacidades energéticas.


[1] [5] Conferencista y Candidato a Doctor de la Escuela Josef Korbel de Estudios Internacionales de la Universidad de Denver.

[2] [6] Doctor en Ciencias Históricas. Profesor universitario. Fue embajador de Cuba en Francia y Mónaco.

[3] [7] Las experiencias de los llamados Fórums de Economía y Cooperación Comercial China-Caribe celebrados en Jamaica (2005), China (2007) y Trinidad y Tobago (2011) donde Cuba ha jugado un papel relevante como facilitador y organizador, pudieran servir de bases para el lanzamiento de iniciativas como estas.

[4] [8] Declaraciones del ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla a la Cadena TELESUR, previo al inicio de la Cumbre CELAC-Unión Europea de Santiago de Chile. http://cubainformacion.tv/index.php/en-portada/47901-la-relacion-actual-entre-los-paises-de-la-celac-y-la-ue-es-desigual-e-injusta [9]

“Soy del pueblo, sólo vengo de allí…”

In Politics on January 8, 2013 at 12:59 pm

 

Entrevista concedida a AjiacoMix por Salim Lamrani

“El secreto de la libertad yace en educar  al   pueblo,  

en cambio el  secreto de la tiranía es  mantenerlo en la ignorancia.” 

Maximilien Robespierre

 

 

Háblanos un poco de la situación en Francia.

Como el resto del mundo Francia sufre de la grave crisis económica sistémica que afecta no sólo a las categorías más vulnerables de la sociedad sino también a las clases medias. Desgraciadamente, en vez de adoptar políticas voluntaristas para estimular la economía, Francia ha elegido la vía de la austeridad.

¿ Y el resto de Europa?

Conviene recordar las políticas de austeridad promovidas por la Unión Europea –con la Alemania de Angela Merkel a la cabeza–, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Central Europeo llevan a un callejón sin salida. En efecto son políticamente impopulares, económicamente ineficaces y socialmente desastrosas. En todos los países donde se aplicaron, sea en Grecia, Irlanda, Italia, Portugal o España – sin excepción– fracasaron con un aumento de la pobreza y el desempleo, crecimiento de la deuda pública, desmantelamiento del Estado de Bienestar con la destrucción de los servicios públicos y una disminución drástica de los ingresos del Estado.

El caso de la crisis de la deuda griega  es un caso de manual e ilustra el fracaso total de las políticas neoliberales. En efecto, a pesar de la intervención de la Unión Europea, del Fondo Monetario Internacional y del Banco Central Europeo, a pesar de la aplicación de nueve planes de austeridad extrema  –alza masiva de los impuestos, entre ellos el IVA, alza de los precios, reducción de los salarios (¡hasta un 32% sobre el salario mínimo!) y de las pensiones de retiro, retraso de la edad legal de la jubilación, destrucción de los servicios públicos de primera necesidad como la educación y la salud, supresión de las ayudas sociales y privatizaciones de los sectores estratégicos de la economía nacional (puertos, aeropuertos, ferrocarril, gas, agua, petróleo– que han doblegado a la población, hoy la deuda es superior a lo que era antes de la intervención de las instituciones financieras internacionales en 2010.

No obstante, la crisis griega habría podido evitarse.

¿Aquí entra a jugar o no, su papel el BCE?

En efecto, habría bastado con que el Banco Central Europeo hubiera prestado directamente a Atenas las sumas necesarias, con la misma tasa de interés con la que presta a los bancos privados, es decir entre el 0% y el 1%, lo que hubiese impedido toda especulación sobre la deuda por parte del mundo financiero. Ahora bien, el Tratado de Lisboa redactado por Valéry Giscard d’Estaing, prohíbe esta posibilidad por razones difícilmente comprensibles si uno se basa en el postulado según el cual el Banco Central Europeo actúa en el interés de los ciudadanos.

En realidad el BCE sirve directamente a los intereses del mundo financiero. Así, los bancos privados contrataron un préstamo al BCE con la tasa baja de un 0% al 1% y luego especularon sobre la deuda y prestaron ese mismo dinero a Grecia con tasas que van del 6% al 18%, agravando así la crisis de la deuda, que ahora es matemáticamente impagable, ya que Atenas se encuentra en la obligación de contratar préstamos sólo para pagar los intereses de la deuda. Peor aún, el BCE vende a Grecia títulos de su propia deuda a precio de oro, es decir al 100% de su valor, mientras que los adquirió a un 50%, y especula así sobre el drama de una nación.

Por esas razones, resulta imprescindible reformar en profundidad el Tratado Europeo con el fin de autorizar al BCE a prestar directamente a los Estados y evitar así los ataques especulativos del mundo financiero sobre las deudas soberanas, como ha sido el caso en Grecia, Irlanda, España, Portugal e Italia, por citar sólo algunos.

 A  la América latina la excluyen en temas económicos por haber sido históricamente el “patio trasero”, ¿Vez cambios en este aspecto? 

A su llegada al poder en 2007, el Presidente Rafael Correa redujo el servicio de la deuda a un 25% del presupuesto y creó una Comisión para la Auditoría Integral del Crédito Público, con el fin de evaluar la legitimidad de la deuda. La Comisión publicó su informe y consideró que la deuda comercial ecuatoriana era ilegítima. En noviembre de 2008, el presidente Correa procedió a la suspensión del pago de un 70% de la deuda pública.

Consecuencia lógica, el valor de la deuda ecuatoriana perdió un 80% de su valor en el mercado secundario. Quito aprovechó la ocasión para comprar 3.000 millones de su propia deuda por una suma de 800 millones de dólares, realizando así un ahorro de 7.000 millones de dólares de intereses que el país habría pagado hasta 2030.

Así, mediante una simple auditoría, Ecuador redujo, sin gasto alguno, su deuda de cerca de 10.000 millones de dólares. La deuda pública pasó de un 25% del PIB en 2006 a un 15% en 2010. En el mismo tiempo, los gastos sociales (educación, salud, cultura, etc.) pasaron de un 12% a un 25%.

¿Vez esta experiencia como ejemplo válido para el resto del mundo?

Para volver al tema de la deuda, Europa tiene mucho que aprender de la nueva América Latina. Ecuador logró disminuir la deuda de un 24% a un 11% del PIB sin aplicar medidas de austeridad. Dicha deuda, contratada en los años 1970 por regímenes dictatoriales, era por esencia ilegítima y entraba en la categoría de deuda llamada “odiosa”.

Entre 1970 y 2009, Ecuador rembolsó 172 veces el monto de la deuda de 1970. No obstante, debido a los intereses exorbitantes que se impusieron a la nación, el volumen de ésta se multiplicó por 53. Del mismo modo, entre 1990 y 2007 el Banco Mundial prestó 1.440 millones de dólares y Ecuador rembolsó a esta institución la suma de 2.510 millones. El servicio de la deuda representaba entre 1980 y 2005 el 50% del presupuesto nacional, en detrimento de todos los programas sociales.

¿Por qué Europa, especialmente España y Grecia que vivieron muchos años bajo regímenes dictatoriales, no podrían hacer lo mismo?

En efecto, hay dos opciones para resolver la crisis económica: disminuir los gastos públicos y aplicar políticas de austeridad, con los resultados que conocemos – un fracaso total –, o aumentar los ingresos del Estado mediante el alza de los impuestos de las categorías más adineradas, aumentar el salario mínimo y realizar inversiones masivas por parte del Estado. La ideología dominante que reina en los medios informativos elude minuciosamente abordar la segunda posibilidad porque significaría tocar los intereses de los más privilegiados.

¿Por qué hay que aumentar el salario mínimo?

El aumento del salario mínimo constituye la base del programa del FDG y reviste un doble objetivo. Primero, permitirá mejorar el nivel de vida de una parte sustancial de los ciudadanos franceses, una inmensa mayoría mujeres (80%), que sobrevive difícilmente con semejantes ingresos. Además, 8 millones de franceses viven por debajo del umbral de la pobreza (fijado en 970€ mensuales) en la quinta potencia mundial, mientras que el país es dos veces más rico que en 1990 (2,56 billones de euros de riqueza producida al año).

Luego permitirá estimular la economía. En efecto, el aumento del SMIC alentará automáticamente el consumo de esta categoría de la población cuyas necesidades son importantes, y de rebote llenará el libro de pedidos de las empresas. Ésas, a su vez, reclutarán a la mano de obra necesaria para satisfacer esta nueva demanda, lo que tendrá un impacto positivo en la tasa de desempleo que lógicamente se reducirá. Así, el Estado verá crecer sus recursos gracias a la contribución tributaria de los nuevos asalariados, y disminuir sus gastos dedicados a las ayudas al paro, creando así un «círculo virtuoso».

¿Pasemos a otro tema, como llegas a Cuba?

La lectura del magnífico libro del historiador y profesor estadounidense Howard Zinn, A People’s History of the United States tuvo una importancia decisiva. Empecé por interesarme a la política exterior de Estados Unidos e inevitablemente descubrí los trabajos de Noam Chomsky. Él ha escrito excelentes libros sobre la política exterior de Washington. Me interesaba mucho América Latina y descubrí Cuba, su lucha por la independencia, la Revolución Cubana, la figura del Che y sobre todo su peculiar relación con Estados Unidos. Decidí especializarme en el tema e hice mis estudios doctorales sobre la política exterior de Estados Unidos hacia Cuba durante la guerra de liberación nacional entre 1956 y 1959. Ahora dedico la mayor parte de mis investigaciones universitarias a las relaciones entre ambas naciones.

¿Y Cuba y el periodismo  cómo encajan  en esto?

Mi experiencia periodística empezó con una constatación: hay un abismo que separa la imagen de Cuba en Occidente de la realidad de la Isla. Cuando uno lee la prensa occidental tiene la impresión de que Cuba es el infierno de Dante. En cambio, todas las instituciones internacionales elogian el excelente sistema social cubano, la educación, la salud, el internacionalismo humanitario, la prevención de la delincuencia, la protección de la infancia, el desarrollo de la agricultura urbana, la Defensa civil, etc… Llegué al periodismo porque, como millones de ciudadanos del mundo no estaba satisfecho con la imagen de Cuba que transmitían y que siguen transmitiendo los medios informativos, que me parecía parcial, desequilibrada, engañosa e ideológicamente orientada. Los medios de comunicación, con la minucia de un relojero, silencian todos los aspectos positivos que tiene la sociedad cubana y magnifican todos los aspectos negativos – que pasarían desapercibidas si se encontraran en otra parte de mundo, violando los principios básicos del periodismo.

Nunca he creído que Cuba era Alicia en el país de las maravillas. Tampoco creo que sea la antecámara del infierno como la presenta la prensa.

¿Cuánto conoces de la literatura Latino Americana?

Soy profesor de historia y civilización latinoamericana. Durante mi carrera universitaria estudié literatura tanto española como latinoamericana. He leído los grandes clásicos de la literatura latinoamericana desde Miguel ángel Asturias, Jorge Luis Borges, Gionconda Belli, Gabriela Mistral, el inolvidable Pablo Neruda, José María Arguedas, Alejo Carpentier, Octavio Paz, Augusto Roa Bastos, César Vallejo y Mario Vargas Llosa – brillante escritor y despreciable político a la vez. Me gustan más la novela de tipo social y los escritores comprometidos con los desafíos de su tiempo.

¿Cómo te catalogarías si tuvieras que hacerlo?

Te responderé citando a Maximilien de Robespierre, nuestro Libertador, el que debería ser considerado como el Héroe Nacional de Francia, el Padre de nuestra Patria a quien le debemos nuestra divisa  « libertad, igualdad y fraternidad »: “Soy del pueblo, sólo vengo de allí, no quiero ser más que eso y desprecio a cualquiera que tenga la pretensión de ser algo más”. Siempre me ubicaré al lado del pueblo y de los desposeídos.

¿ Entonces el rescate de la historia de la América latina de hoy te cautiva un poco por todo eso, no?

Hablando de Robespierre, permíteme una reflexión. Cuba logró rescatar la figura de su Héroe Nacional José Martí. Venezuela, gracias a Hugo Chávez, logró rescatar la figura del Libertador Simón Bolívar. En Francia nos toca la tarea de rescatar a Maximilien de Robespierre, el incorruptible, que era a la vez un visionario y un hombre de su tiempo. Robespierre entendió muy temprano que el principal enemigo del pueblo, de la República, de la Patria y del Estado de bienestar era el poder del dinero. Por ello fue tan vilipendiado, ofendido y asociado a la época del Terror y presentado como un hombre sanguinario, como si hubiera tenido el poder judicial. Ello que carece de sentido pues Robespierre ni siquiera pudo enjuiciar a sus más connotados enemigos, que traicionaron los ideales de la Revolución. Además, hablando de terror, conviene evocar las cifras. Los archivos del Tribunal Revolucionario de París demuestran que hubo menos de 3000 ejecuciones en la capital (en total 17,000 en toda Francia), en un contexto de guerra civil, y de guerra de todas las monarquías de Europa contra la Revolución y la Repúbica.  A guisa de comparación, durante la Comuna de París en 1871, ¡los Versailleses (Versailles) fusilaron en una semana a 20,000 personas sin juicio!

Es un bochorno que Robespierre, el más puro patriota de la historia de Francia, la figura principal de la Revolución, el defensor de la soberanía popular, no descanse en el Phantéon donde reposan los restos de nuestros grandes próceres desde Víctor Hugo hasta Jean Jaurès. Ni siquiera tiene una estatua en París. También es una vergüenza que el 22 de septiembre, día de la Fundación de nuestra República por Robespierre y sus compañeros, no sea una fecha celebrada en Francia.

What “The Sun” shines on Cuba

In CELAC, Cuba, Cuba/US, Latin America, OAS/OEA, Politics, US on February 11, 2012 at 1:40 pm

From the Financial Times February 14, 2012

by John Paul Rathbone

February is the month of balmy summer days in Latin America, although the season of beach holidays hasn’t stopped a delicious diplomatic storm from brewing.

At the heart of the thundery electrostatic is the perennial problem. Will Cuba attend the “Summit of the Americas” this April?

This is more than recondite politics. It is drama. If Cuba does attend, then the world will enjoy the unique spectacle of a US President sharing the same podium as one of the Castro brothers.

If it doesn’t, well that would be because Cuba again does not meet the democratic requirements of the Organisation of American States.

The stakes – if you can call them that – are growing.

Ecuador – junior member of the Venezuela and Cuba- sponsored regional grouping, the Bolivarian Alliance for the Americas (or ALBA, which recently brought the world these words of support and respect for the Bashar Al-Assad regime in Syria) – has said Cuba should be allowed to attend. Furthermore, if Cuba isn’t invited, then ALBA should boycott the Summit, where 34 heads of state are otherwise supposed to attend.

That would hold out the prospect of a similar fiasco to the 2005 Summit, when a protest rally, partly organised by the Argentine hosts, saw Venezuelan president Hugo Chavez round on a trade deal that was subsequently approved by 29 other countries.

This time round, a similar boycott would produce collateral damage for the Summit’s hardworking but embarrassed Colombian hosts. More importantly, it would be a snub for the US. Why?

Because the OAS is the sole regional forum where the US still has a voice, and a walkout by Ecuador, Venezuela et al would show that even this forum no longer counts. A case of “adios” to the gringos.

There is all sorts of fun to be had wondering how, or if, this thorny issue might be resolved.

One possibility: Cuba does attend, but walks into a firestorm of criticism about human rights and lack of elections. (Forget it: the Castros haven’t remained in power for 50 years for nothing.)

Another possibility: Raul Castro turns up on the beach at Cartagena for his April holiday anyway, and sidles into the meeting. (Unlikely.)

A third: Cuba attends as just an observer, like Spain and Portugal, which would annoy both Havana and Washington in equal measure, but might give everyone else a laugh.

The problem with this meaningless membership debate, diverting as it might be, is that it masks the real question, and hijacks the real issue. Indeed, it is a diversion.

The real issue the region should be talking about is regional integration – which indeed is the Summit’s main theme. And the real question is why Cuba doesn’t meet the OAS guidelines? (The answer is not just because the US wishes it so: when Cuba was invited to enter negotiations with the OAS in 2009, Havana said it didn’t want to.)

Still, the best defence against criticism is often attack. Indeed, looking at it all from London, the affair is somewhat reminiscent of News International staff’s protests about the heavy-handedness of the police investigation into its Sun newspaper about possible phone-hacking. The Sun’s protest may be valid but is really just a smokescreen for the bigger question: why is there an investigation in the first place?