Maggie Alarcón

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Puerto Rico: la hora de la verdad

In Cuba, Elecciones, History, Politics, Puerto Rico, US on July 22, 2016 at 12:23 pm

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Por Ricardo Alarcón de Quesada

A mediados del pasado siglo la diplomacia estadounidense se anotó uno de sus mayores triunfos. Hizo creer al mundo que Puerto Rico había dejado de ser una colonia para transformarse en un ente extraño al que nombraron “Estado Libre Asociado (ELA)”. Se dijo entonces que la isla después de alcanzar plenamente su autonomía decidió suscribir con su antigua metrópolis un pacto libremente convenido entre iguales.

En su momento el engendro fue presentado como punto de referencia, como modelo a seguir por otros. El territorio fue invadido por capitales norteños que se beneficiaron de privilegios y exenciones impositivas y exhibió índices de crecimiento notables. Se hablaba incluso del “milagro” económico puertorriqueño.

La realidad profunda iba por otros caminos. Las producciones autóctonas -la agricultura, la industria, los servicios- fueron aplastadas por las del poderoso “socio”. Para muchos emigrar a Estados Unidos fue la única salida mientras su tierra se extranjerizaba sin remedio. El incesante éxodo muestra cifras elocuentes, quedan en la isla alrededor de 3 millones de habitantes mientras ya son 5 millones los que malviven en la Norteamérica que los discrimina y desprecia.

Para imponer ese modelo Washington persiguió con saña a los nacionalistas e independentistas. La “vitrina democrática” negaba al pueblo su derecho inalienable a la libertad y para ello recurrió a todos los métodos entre los que no faltó la violencia represiva

Los patriotas no cesaron nunca en su lucha por la independencia y se empeñaron por desenmascarar la farsa colonial y alcanzar la indispensable solidaridad internacional. Lo hicieron con tenacidad admirable en la Organización de Naciones Unidas desde que la ONU, en 1960, proclamó el derecho de todos los pueblos a la autodeterminación e independencia. Consiguieron desde 1973 que el Comité de Descolonización favoreciera su reclamo año tras año.

Entretanto el diseño económico del ELA entró en una crisis cada vez más profunda y encara hoy la bancarrota y la insolvencia. Las autoridades locales -el Gobernador y la Asamblea Legislativa- trataron de encontrar soluciones imaginando que tenían potestad para hacerlo y que podrían contar con el apoyo de quien se suponía era su “socio”.

La verdad, sin embargo, se impuso de modo sorprendente y brutal. En pocos días, casi al mismo tiempo, el Tribunal Supremo de Estados Unidos, el Congreso Federal y el Presidente Obama lo dijeron alto y claro para que todos lo entiendan: Puerto Rico carece de soberanía propia, no es más que un territorio colonial y está completamente sometido a las decisiones de su dueño. Y para que nadie se confunda promulgaron una ley creando la Junta de Control Fiscal. Sus siete miembros, designados por Washington, se encargarán de administrar y dirigir la colonia.

La indignación generalizada estalló con fuerza este verano en la sesión del Comité de la ONU. Allá fueron decenas de representantes de todas las tendencias y todos los sectores de la sociedad incluyendo al Gobernador García Padilla.

El Comité además de aprobar una vez más la Resolución que sostiene el derecho a la independencia de Puerto Rico, dio un paso adelante y por unanimidad decidió encargar a su Presidente que promueva un diálogo entre Washington y los boricuas para lograr la descolonización de la isla. De ese modo se ofrece una salida constructiva que Obama debería aprovechar. Habiendo reconocido que engañó al mundo y que Puerto Rico es aun la principal colonia del planeta, Estados Unidos tiene la obligación ineludible de poner fin a una situación violatoria del Derecho Internacional que ha durado ya demasiado tiempo.

 

Publicado originalmente en Por Esto!

Michael Ratner

In ACLU, Cuban 5, National Lawyers Guild, Politics, Politics Relaciones Cuba EEUU, US on May 16, 2016 at 3:17 pm

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Ricardo Alarcón de Quesada

Muchas veces vino a Cuba. La última fue en febrero del 2015, con motivo de la Feria Internacional de Libro en la que fue presentada la edición en español de “¿Quién mató al Che? Como la CIA logró salir impune del asesinato”, fruto de minuciosa investigación y más de diez años reclamando a las autoridades el acceso a documentos oficiales celosamente ocultos. La obra de Michael Ratner y Michael Steven Smith demostró de manera inapelable que el asesinato de Ernesto Guevara fue un crimen de guerra cometido por el gobierno de Estados Unidos y su Agencia Central de Inteligencia, un crimen que no prescribe aunque sus autores andan sueltos en Miami y hacen ostentación de la cobarde fechoría.

"El autor, junto a Gerardo Hernandez su esposa Adriana Perez y Michael Ratner durante una de sus ultimas visitas a la Habana."

“El autor, junto a Gerardo Hernandez su esposa Adriana Perez y Michael Ratner durante una de sus ultimas visitas a la Habana.”

Nos encontramos de nuevo en julio en ocasión de la reapertura de la Embajada cubana en Washington. Lejos estábamos de imaginar que no nos veríamos más. Michael Ratner parecía saludable y mostraba el optimismo y la alegría que siempre le acompañaron. Celebramos entonces que ya nuestros Cinco Héroes antiterroristas habían regresado a la Patria y que el Presidente Obama no tuvo otro remedio que admitir el fracaso de la política agresiva contra Cuba.

Porque Michael fue siempre solidario con el pueblo cubano desde que muy joven integró contingentes de la Brigada Venceremos y esa solidaridad la mantuvo sin flaquezas en todo momento. Fue decisiva su participación en la batalla legal por la libertad de nuestros compañeros incluyendo el “amicus” que presentó a la Corte Suprema a nombre de diez ganadores del Premio Nobel.

Incansable luchador para él ninguna causa fue ajena. Se puso siempre del lado de las víctimas y encaró con valor, aun a riesgo de su vida, a los opresores que dominan aquel sistema judicial. Y lo hizo, además, con rigor, entereza y amor. Más que un brillante profesional del derecho fue un apasionado combatiente por la justicia.

Estuvo presente en 1968 en la huelga de la Universidad de Columbia y antes de concluir sus estudios combatió la discriminación racial junto al NAACP. Recién graduado representó a las víctimas de la brutal represión en la prisión de Attica. Inició así una trayectoria admirable imposible de describir en un artículo y que no conoció fronteras: Nicaragua, Haití, Guatemala, Palestina, y un largo etcétera.

Michael Ratner en el Club Nacional de Prensa de EEUU junto a la actriz y activista Vanessa Redgave.

Michael Ratner en el Club Nacional de Prensa de EEUU junto a la actriz y activista Vanessa Redgave.

Cuando nadie lo hacía asumió la defensa de los secuestrados en la ilegal base naval de Guantánamo, pudo incorporar a más de 500 abogados que lo hicieran también gratuitamente y alcanzó una victoria jurídica sin precedentes con la decisión de la Corte Suprema reconociendo los derechos de los prisioneros. A muchos otros casos también dedicó su tiempo y energías, trabajando en equipo, sin aparecer necesariamente en primer plano. No vaciló sin embargo en encausar legalmente a personajes poderosos como Ronald Reagan, Bill Clinton y George W. Bush cuyo “impeachment” trató afanosamente de conseguir, y acusó también a Nelson Rockefeller cuando era Gobernador y más recientemente al Secretario de Defensa Donald Runsfeld. Publicó libros y ensayos a favor de la legalidad y los derechos humanos. Considerado uno de los mejores abogados norteamericanos presidió el National Lawyers Guild y el Center for Constitutional Rights y fundó el Palestine Rights. Conjugó su labor como litigante con la docencia universitaria en Columbia y Yale y ayudó a la formación de futuros juristas capaces de seguir su ejemplo.

Era el principal defensor en Estados Unidos de Julian Assange y Wikileaks. Paradigma insuperable de una generación que quiso conquistar el cielo fue parte inseparable en todas sus batallas y lo seguirá siendo hasta la victoria siempre.

December 17th and the Voice of Reason

In Cuba, Cuban Americans, History, Politics on December 17, 2015 at 5:01 pm

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Margarita Alarcon Perea

December 17th marks the anniversary of the first year of the release of Alan Gross, the return of three Cuban prisoners unjustly jailed in US prisons and for the first time presidents from both Cuba and the United States live on their respective television networks speaking about the same thing and both on the same page.

Last year Raul Castro and Barack Obama got their acts together and decided to do something that for far too long had been silenced, they gave voice back to reason and spoke of restoring relations between their two countries.

Since that day, which on all accounts was joyous albeit an enormous surprise, much has happened in the form of restoring the diplomatic side of the relations, but not much else. Watching the debate the other night I fear much more needs to be done before November of 2017. Yet I am hopeful.

At least Cuba wasn’t mentioned openly. So maybe the two pseudo Cuban contenders for their party’s nomination have since figured out that siding with irrationality by actually bolstering the notion of how they would turn back all that has happened since last year’s televised speeches or the less Latino hopeful candidates criticizing the current President of the United States for having “given so much in exchange for nothing” or ranting about how if he were to come down to the Caribbean’s largest island before leaving office might be indicative of nothing less than …say, treason? Of course, this is an exaggeration on my part, but heck, he was accused of not being “American” enough for almost two straight years!

In any case, it’s been a year already. The secretary of State has opened the long closed Embassy, the Stars and Stripes waves every day, morning, noon, and night. US tourists are coming down nonstop, Cuban Americans are devising ways of investing on the island in the most intuitive and inventive fashion ever. So I guess, Cuba won’t be part of the debates in the near electoral future.

Maybe the candidates have figured out that the voice of reason silenced for so long is now the shout of logic that just won’t keep quiet, lest they lose those historically beloved 28 electoral votes.

 

Originally posted on the Huffington Post

La última bandera

In Politics Relaciones Cuba EEUU on August 20, 2015 at 4:42 pm

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Ricardo Alarcón de Quesada

La ceremonia para levantar en su Embajada en La Habana la bandera de los Estados Unidos fue la noticia del día en todo el mundo el pasado 14 de agosto. Era lógico que así fuese pues era quizás la expresión más visible del giro en la política norteamericana después de la decisión de restablecer las relaciones diplomáticas anunciada simultáneamente por los Presidentes Raúl Castro y Barak Obama el 17 de diciembre de 2014. Fue, como dijo John Kerry, el primer Secretario de Estado que visitaba Cuba en setenta años, un día histórico.

Que correspondiese a Kerry presidir tal acto era en cierto sentido también una manifestación de la justicia histórica. Desde sus años juveniles cuando al regresar de la guerra condecorado se puso a la cabeza de los veteranos que buscaron poner fin a la agresión contra el pueblo vietnamita hasta su larga carrera como Senador por Massachusetts, Kerry siguió una trayectoria coherente con lo que en su país se define como “liberalismo”. Su papel había sido determinante en el establecimiento de relaciones con Viet Nam y fue en el Senado una de las voces más críticas del bloqueo a Cuba y del uso de los fondos federales para “promover la democracia” en la isla.

Cincuenta y cuatro años atrás al cerrar su Embajada Washington creía que los días de la Revolución cubana estaban contados. Cuando tomó esa decisión, en enero de 1961, avanzaban sus planes para la invasión mercenaria que Cuba derrotaría en abril en menos de 72 horas en Playa Girón. Fracasado aquel plan intensificó sus acciones para asfixiar a la isla mientras elaboraba proyectos aun más agresivos que incluirían incluso el empleo de sus propias fuerzas armadas.

Consiguió que todos los gobiernos de América Latina, excepto México, rompieran también sus relaciones diplomáticas y cerraran sus misiones en la capital cubana. El golpe de estado que derrocó al Presidente Joao Goulart en Brasil fue elemento decisivo en el plan anticubano y dio paso a la larga noche de las dictaduras militares con su carga terrible de sangre, luto y dolor. Los pueblos latinoamericanos y sus democracias fueron víctimas directas de la pretensión yanqui contra la isla. Desde los años sesenta del pasado Siglo el derecho de Cuba a su independencia y la defensa de la democracia en el Continente han sido partes inseparables de una misma lucha.

Aunque fuera otra su intención tenían sentido las referencias a la democracia que repitió en su discurso el Secretario de Estado. Para aislar a Cuba Washington impuso hace medio siglo las peores tiranías. Ahora se vió obligado a reconocer a Cuba porque todos los demás ya lo habían hecho. La ruptura en el pasado marcó el inicio de una etapa sombría. El restablecimiento de las relaciones con Cuba ahora es ante todo la admisión de la derrota y la necesidad de buscar nuevos caminos. Al izar su bandera Estados Unidos no está indicando a nadie lo que debe hacer. Es al revés. Se está sumando a todos los demás. La enseña de las barras y las estrellas era la única bandera que faltaba y ahora, finalmente, se suma a la voluntad democrática del Continente.

Mucho ha cambiado esta parte del mundo desde aquellos tiempos en que la hegemonía norteamericana era acatada sin chistar.

Hace años ya que La Habana es una de las pocas capitales del planeta donde están presentes, con sus misiones diplomáticas y sus banderas, todos los demás países independientes del Hemisferio Occidental incluyendo todos y cada uno de los estados insulares caribeños. Más aun, sólo aquí hay una representación del pueblo de Puerto Rico cuya Misión Diplomática aunque opera bajo la responsabilidad de su movimiento patriótico es punto de encuentro frecuente de los visitantes puertorriqueños que son muchos y de todas las tendencias políticas sin excepción.

Queda mucho por andar en la senda de la “normalización” de las relaciones. Tal cosa es inconcebible mientras exista el bloqueo económico, continúe la usurpación de territorio cubano en Guantánamo y Estados Unidos mantenga su política injerencista. Tampoco resulta concebible en un contexto en que Washington pretende subvertir a gobiernos populares y progresistas en América Latina.

Ojalá Washington pueda aprender las lecciones de la Historia. Sus enseñanzas son muy claras para quien quiera verlas. Después de todo pocas veces brilló tanto el sol en La Habana como en la mañana del 14 de agosto.

¿Cómo y por qué regresa EEUU a Cuba?

In Politics on August 13, 2015 at 10:39 pm

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Tomado de Cartas desde Cuba

EEUU reabre su embajada en La Habana sin haber conseguido ninguna de sus exigencias, Cuba sigue con un sistema socialista, gobernada por el Partido Comunista, con los disidentes fuera de la ley, sin elecciones pluripartidistas, con el grueso de la economía estatal y sin devolver las propiedades estadounidenses confiscadas.

Dicho en palabras del Presidente de la Cámara de Representantes, el republicano John Boehner, “La Casa Blanca le ha entregado al régimen Castro una significativa victoria política a cambio de nada”. La pregunta es ¿podría Washington haber obtenido concesiones de La Habana?.

El Presidente Obama demuestra pragmatismo al aceptar el fracaso del bloqueo contra Cuba pero una vez reconocido es imposible sentarse a la mesa de negociación a imponer condiciones, como tampoco pudieron hacerlo al final de la guerra de Vietnam.

Si la imagen de los diplomáticos estadounidenses huyendo de Saigón escenifica su mayor derrota militar, la apertura de la embajada en el malecón habanero, simboliza el fracaso de la guerra económica de Washington contra la revolución cubana.

Tanto Vietnam como Cuba pagaron un altísimo costo humano, material y social. Hubiera sido ilusorio esperar otra cosa cuando dos naciones pequeñas y pobres se enfrentan a la mayor potencia tecnológica, económica y militar de todos los tiempos.

En Cuba, el plan era provocar hambre, miseria y desesperación para empujar a la gente a derrocar la revolución. En 1960 decretan un Embargo parcial y, ante la terquedad cubana, en 1962 lo refuerzan prohibiendo el comercio de alimentos y medicinas.

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La denuncia del Embargo es una bandera política que ha servido a Cuba para movilizar a la población. Foto: Raquel Pérez Díaz

Tras la caída de la URSS aprueban la Ley Torricelli, que prohíbe a las filiales estadounidenses en terceros países comerciar con Cuba. En 1996, en medio de una brutal crisis económica, cierran el cerco con la Ley Helms Burton, castigando también a empresas de otras naciones.

La estrategia cubana fue resistir, convirtiendo la denuncia del Embargo en una bandera política para unificar a los revolucionarios, marginar a los opositores y ganar aliados internacionales. Además, el bloqueo fue acusado de ser la causa de todos los problemas del país.

En el ámbito internacional EEUU pretendió aislar a Cuba. Si bien lo lograron en un inicio, el gobierno cubano fue, paso a paso, ganando aliados. Finalmente, Washington se quedó solo contra el mundo en su defensa del Embargo Económico a la isla.

América Latina decidió de forma unánime invitar a Cuba a la Cumbre de las Américas del 2015 y lo hizo contra la voluntad expresa de la Casa Blanca. A Obama le quedaban dos opciones, cambiar su política o retirarse y dejar la tribuna de Panamá a Raúl Castro.

Barack Obama no fue “débil”, llevó la presión del bloqueo al extremo, antes de proclamar su fracaso. Sancionó incluso a las empresas que comerciaban con Cuba equipos médicos y fue el presidente que puso las multas más altas a bancos de terceros países.

Sin embargo, cuando comprobó que el bloqueo no doblegaría a La Habana, decidió prescindir de una política que perjudicaba los intereses de EEUU. Ni siquiera contaba ya con el apoyo de sus socios de la OTAN, la Unión Europea o América Latina.

Tampoco dio el paso sin medir las consecuencias internas, sin estar seguro de que la mayoría del electorado estadounidense y cubanoamericano, lo apoyaría. Y aun así preparó a la opinión pública utilizando hábilmente los medios de comunicación.

La agencia de prensa estadounidense AP recibió “filtraciones” que mostraban el fracaso de las acciones encubiertas de la USAID en Cuba y el New York Times publicó una serie de editoriales preparando el terreno para el cambio hacia La Habana.

La estrategia de Obama fue impecable, apenas 6 meses después de hacer público el diálogo con Cuba, y a pesar de la guerra desatada por el Congreso, las encuestas dicen que el 72% de los estadounidenses apoyan la nueva política.

Con semejante respaldo los Demócratas no tienen nada que temer. Su plan parece ser erosionar el Embargo hasta transformarlo en un cascarón vacío, mientras los Republicanos se desgastan enfrentándose a la opinión pública y los empresarios.

Los estadounidenses ya viajan a la isla gracias a que su propio gobierno les permite violar la ley que prohíbe hacer turismo en Cuba. Mientras, a los empresarios se les dice que busquen las fisuras legales del Embargo para invertir y comerciar con La Habana.

Obama no se ha convertido al socialismo, lo que hace es poner los intereses de su país por encima de los de un anticastrismo que se ha gastado ya cientos de millones de dólares del contribuyente para solo obtener una interminable cosecha de derrotas.

El Presidente de EEUU propone una política diferente, una invasión de turistas y empresarios que carcoma los cimientos de la revolución. Lo hace además en un momento clave, en medio de un cambio generacional en la dirección del gobierno y el Partido Comunista.

Es difícil saber si la nueva estrategia resultará más efectiva pero Barack Obama será recordado como el primer presidente que, en el caso de Cuba, comprendió a Einstein cuando dijo que para lograr resultados distintos, hay que actuar de forma diferente.

El mensaje de una ceremonia inolvidable

In Politics on July 29, 2015 at 2:45 pm

Por Ricardo Alarcón de Quesada

Ver la bandera de la estrella solitaria otra vez alzada en la Embajada cubana en Washington trae inevitablemente el recuerdo de quienes no pudieron asistir a una ceremonia por cuya realización, sin embargo, dieron generosamente sus vidas. Son muchos, cubanos, estadounidenses, puertorriqueños e hijos de otras tierras, los ausentes que asaltan la memoria, y vencedores del olvido, incitan a escribir estas rápidas reflexiones.

Embajada cubana en Washington DC.

Mencionaré sólo a uno que a todos sintetiza. Carlos Muñiz Varela quien hizo suyas y defendió hasta el último aliento dos insignias hermanas. Él tampoco asistirá, pero su presencia será imborrable, el día no lejano en que la enseña boricua se levante, libre, orgullosa y solitaria, en la capital norteamericana.

El restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos es ante todo una gran victoria del pueblo cubano y también de la solidaridad internacional. No se habría llegado a ese día sin la abnegada y heroica resistencia antillana frente al bloqueo económico que aún persiste y constituye el genocidio más prolongado de la Historia. Tampoco habría sido posible sin la exigencia unánime de los países de América Latina y el Caribe y de incontables amigos solidarios en Norteamérica y en otras partes.

Se pudo alcanzar este acuerdo, sobre todo, porque el continente vive una época nueva y los intentos por aislar a Cuba fueron derrotados y terminaron aislando totalmente a Washington. Hace medio siglo el Imperio forzó a todos los miembros de la OEA, salvo a México, a romper con Cuba, pero ahora, cuando reabre su Embajada en La Habana encontrará aquí que, desde hace tiempo, todos los demás habían regresado y el poderoso vecino era quien estaba en la absoluta soledad que ahora quiere superar.

Habrá que continuar la lucha para eliminar completamente una política que el mundo entero rechaza y el Presidente Obama reconoció había fracasado, pero será necesario asimismo que Estados Unidos devuelva el territorio que usurpa en Guantánamo, abandone sus programas subversivos y compense a los cubanos por los cuantiosos daños causados durante más de medio siglo. Sólo después podrá hablarse de una relación normal entre los dos países.

Cuba ha obtenido este triunfo sin renunciar a ninguno de sus principios. Seguirá empeñada en el desarrollo de su proyecto socialista, buscará el socialismo realizable en el mundo de hoy, continuará practicando la política internacionalista y solidaria con otros pueblos que bregan por sus derechos nacionales y guardará fidelidad a la promesa de José Martí quien al convocar a la Guerra Necesaria dejó este mandato: “Conquistaremos toda la justicia”.

De Martí viene a los cubanos la obligación de respaldar el derecho de Puerto Rico a su independencia. Que Cuba flaquease en el cumplimiento de ese deber fue durante muchos años una de las principales demandas norteamericanas para normalizar las relaciones. De hecho, esa fue la exigencia más duradera pues otras condiciones igualmente inaceptables, como los vínculos con la URSS o el apoyo a los movimientos de liberación en África y Centroamérica, hace décadas fueron superadas por la historia.

Cuba nunca renunció a la solidaridad con la causa nacional puertorriqueña. No lo hará jamás y Washington lo sabe.

Por eso esta victoria cubana pertenece también a Puerto Rico y se produce cuando la isla hermana enfrenta una coyuntura definitoria, luego que la Comunidad de Estados de América Latina y el Caribe ha reafirmado que el caso de Puerto Rico es parte de su propia Agenda y avanza un apoyo internacional indispensable que debe hacerse cada vez más resuelto y eficaz.

El actual status colonial fue rechazado por la mayoría absoluta de la población en el plebiscito de noviembre de 2012 y todos reconocen que su modelo económico se derrumba y Puerto Rico sufre una profunda crisis de la que sólo podrá salir con el pleno ejercicio de la soberanía y la independencia.

Estados Unidos tiene una responsabilidad insoslayable y debe ejercerla si quiere mejorar sus vínculos con nuestro Continente. El imperio yanqui se apoderó de Puerto Rico por la fuerza en 1898 y desde entonces la trata como territorio que le pertenece, como a una posesión suya, es decir, una colonia. El Presidente Obama, profesor de Derecho Constitucional, conoce que el colonialismo es ilegal y que las potencias coloniales de acuerdo con las normas internacionales tienen el mandato de devolver a los pueblos sometidos todos los poderes que detentan. Debe dar los pasos que le incumben para que el pueblo puertorriqueño asuma sus inalienables derechos nacionales y lo haga por sí mismo, libremente, sin intromisiones ni presiones foráneas. Debería apoyar una fórmula que cuenta hoy con muy amplio consenso, la realización de una Asamblea Constituyente en la que participen todas las corrientes de opinión boricuas y cuyos trabajos y resultados Estados Unidos se comprometa a respetar.

Hay otras cuestiones que el Presidente Obama está en plena capacidad de resolver y respecto a las que igualmente tiene una obligación ineludible. Poner en libertad inmediatamente a Oscar López Rivera, disponer que el FBI entregue toda la información que aun oculta respecto a los asesinatos de Santiago Mari Pesquera y de Carlos Muñiz Varela son decisiones que dependen enteramente de él y debe tomarlas ya, sin más dilación.

Estas medidas son acciones que puede emprender fácilmente ahora y están en sus manos precisamente porque Puerto Rico todavía es una colonia del Imperio que él preside. Sí se puede y él lo sabe.

… y el Presidente lo sabe.

We are all Diosdado

In Politics, US, Venezuela on June 2, 2015 at 1:10 pm

by Ricardo Alarcón de Quesada

Issued on March 9, President Obama’s Executive Order tagging Venezuela as “an unusual and extraordinary threat to the US national security” and declaring “a national emergency to deal with this threat” caused justified alarm and widespread rejection throughout the Continent and beyond. It was not the first time that Washington used a language as arrogant as it is irrational. History is brimming with examples of how the Empire has made use of such accusations to launch military attacks and break international law in various ways. They used similar words to justify their brutal armed invasions of Panama and the tiny island of Granada, among other outrageous acts which crushed defenseless populations and brought death and destruction to nations stripped of their independence as a result.

Despite worldwide disapproval, the number of media campaigns against Venezuela has increased since then through a US-led propaganda apparatus that is now especially concentrating its attacks on the Bolivarian Republic of Venezuela’s National Assembly President Diosdado Cabello. They are accusing him of being linked to international drug trafficking, a slanderous and yet unproved charge rapidly echoed by hundreds of newspapers and other media from all over the world.

Who is Diosdado Cabello and why is he under attack?

Ever since he was a young officer, he joined Hugo Chavez in the struggle against the abuse and corruption that marked the Fourth Republic and after that, in the peaceful transformation conducted by the Bolivarian Revolution. He played a key role in the popular movement of resistance that thwarted the fascist coup in 2002 and returned Chavez back being head of State for which he had been democratically-elected by most Venezuelans.

In a clumsy maneuver to divide Chavismo, and following Chavez’s unfortunate death, the same hardcore right-wingers who are now vilifying him tried to make him President of the Republic, but he adamantly refused. Diosdado Cabello gave a remarkable example of revolutionary firmness and spirit of unity, proving that he is moved by flattery no more than he is by threats.

Neither the conservative right nor imperialism forgives his attitude, as it embodies the will of a people bent on remaining independent and sovereign. To defend Diosdado Cabello is to defend Venezuela, it is to pay back the great excusable debt of  solidarity to all of Latin America. Because we are all Diosdado!


A CubaNews translation. Edited by Walter Lippmann.
http://www.walterlippmann.com/docs4382.html

Cuba and the United States: a new era?

In Blockade, Cuba/US on February 12, 2015 at 1:33 pm

By Ricardo Alarcón de Quesada

On December 17, by freeing the five Cubans imprisoned for more than 16 years in the United States, President Barack Obama put an end to an excessively prolonged injustice and, at the same time, gave a change of direction to history.

By recognizing the failure of the anti-Cuban policy, restoring diplomatic relations, abolishing all restrictions within his reach, proposing the complete lifting of the blockade and the beginning of a new era in relations with Cuba –all in one speech– he broke all predictions and surprised everyone, including the brainiest analysts.
The hostile policy established by President Dwight Eisenhower(1953-1961), before the current President was born, was the rule applied–only with secondary sharing s– by Republican and Democratic administrations alike. It was eventually codified in the Helms-Burton Act, signed by Bill Clinton in 1996.

In the early years they practiced it quite successfully. In 1959, at the triumph of the Cuban Revolution, the US was at the zenith of its power and exercised unchallenged hegemony over much of the world and especially the Western Hemisphere. This allowed it to secure the exclusion of Cuba from the Organization of American States (OAS) and granting the almost total isolation of the island. Cuba could count only with the help of the Soviet Union and its partners in the Council for Mutual Economic Assistance (CMEA), formed by the Warsaw Pact countries.

The collapse of “real socialism” created in many the illusion that this would bring the end of the Cuban revolution.

They anticipated the advent of a long period of “uni-polar” dominance. Drunk with victory, they failed to assess correctly the depth of what was happening: the end of the Cold War opened up new spaces for social struggle, and presented capitalism with increasingly difficult challenges.
The fall of the Berlin Wall prevented them from seeing that, at the same time, in February 1989, Venezuela was shaken by a social uprising called “el Caracazo“, a sign  indicating the start of new era in Latin America.

Cuba managed to survive the demise of its former allies and its resistance was instrumental in the profound transformation of the continent. Years ago it became obvious that the policy designed to isolate Cuba was a failure. Such a policy ended up isolating the United States as its current Secretary of State, John Kerry, has recognized.

A new relationship with Cuba was indispensable for Washington. It needed to rebuild its ties with a continent that is no longer in its backyard. Achieving this is crucial now because, despite its power, the US cannot exercise the comfortable leadership it had had in times gone by.

There is still much to achieve with this new relationship. First of all, it is necessary to completely eliminate the economic, commercial and financial blockade as demanded with renewed vigor by important sectors of US business.

But normalizing relations would especially imply learning to live with the differences, and abandoning old dreams of domination. It would mean respecting the sovereign equality of states, a fundamental principle of the United Nations Charter, which, as history shows, is not liked by the powerful.

Regarding the release of the five Cuban prisoners, all US presidents without exception, have widely used the powers exclusively granted to them by Article II, Section 2, Paragraph 1 of the Constitution. This has been so for more than two centuries without anything or anyone being able to limit them.

This constitutional paragraph empowers the President to suspend the enforcement of sentences and grant pardons in cases of alleged crimes against the United States.

In the case of the Five there were more than enough reasons for executive clemency. In 2005, the panel of judges in the Court of Appeals quashed the process against them –defining it as “a perfect storm of prejudice and hostility”– and ordered a new trial.

In 2009, the full meeting of the same Court found that this case had nothing to do with espionage or the national security of the United States. Both verdicts were adopted with unanimity.

Regarding the other main charge of “conspiracy to commit murder”, made only against Gerardo Hernandez, his accusers acknowledged that it was impossible to prove this slander. They even tried to withdraw the accusation in May 2001 in an unprecedented action, taken by none other than the prosecutors under President George W. Bush (2001-2009).

For five years, Hernández had been expecting some response from the Miami court. He had made repeated requests for the court to release him, or review his case, or order the government to present the “evidence” used to convict him, or agree to hear him, or ask the government to reveal the magnitude and scope of the official financing of the massive media campaign that had created the “perfect storm”.

The Court never responded. Nothing was said by the mainstream media about the unusual legal paralysis. It was obvious that this was a political case and could only be resolved by a political decision. No one but the president could do it.

Obama showed wisdom and determination when, instead of just using his power to release any person, he courageously faced the underlying problem. The saga of the five was the result of an aggressive strategy and the wisest thing was to end both at the same time.

Nobody can ignore the significance of what was announced on 17 December. It would be wrong, however, to ignore the fact that there is still a road to travel that can be long and tortuous.  It will be necessary to move forward with strength and wisdom.

 

 A CubaNews translation. Edited by Walter Lippmann.
http://www.walterlippmann.com/docs4281.html

Cuba y Estados Unidos: ¿Una nueva era?

In Cuba/US, Cuban Embargo, Politics on January 19, 2015 at 4:43 pm

Ricardo Alarcon de Quesada

El 17 de diciembre, al liberar a los cinco antiterroristas cubanos que guardaron prisión por más de 16 años en Estados Unidos, el presidente Barack Obama reparó una injusticia excesivamente prolongada y al mismo tiempo dio un golpe de timón a la historia.

Reconocer el fracaso de la política anticubana, restablecer las relaciones diplomáticas, suprimir todas las restricciones a su alcance, proponer la eliminación completa del bloqueo y el inicio de una nueva era en las relaciones con Cuba, todo en un solo discurso, rompió cualquier vaticinio y sorprendió a todos, incluyendo a los analistas más sesudos.

La política hostil instaurada por el presidente Dwight Eisenhower (1953-1961), antes del nacimiento del actual mandatario, había sido la norma que aplicaron, con matices casi siempre secundarios, administraciones republicanas y demócratas y fue codificada con la Ley Helms-Burton, sancionada por Bill Clinton en 1996.

En los primeros años la practicaron con bastante éxito. En 1959, al triunfar la Revolución cubana, Estados Unidos estaba en el cenit de su poderío, ejercía indiscutida hegemonía sobre gran parte del mundo y especialmente en el Hemisferio Occidental, que le permitió lograr la exclusión de Cuba de la Organización de Estados Americanos (OEA) y el aislamiento casi total de la isla que pudo contar solo con la ayuda de la Unión Soviética y sus asociados en el Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME), que integraban los países del Pacto de Varsovia.

El derrumbe del llamado “socialismo real” creó en muchos la ilusión de que también llegaba el final para la revolución cubana.

Imaginaron el advenimiento de un largo período de dominio unipolar. Embriagados con la victoria, no apreciaron el sentido profundo de lo que ocurría: el fin de la Guerra Fría abría nuevos espacios para las luchas sociales y colocaba al capitalismo frente a desafíos cada vez más difíciles de encarar.

La caída de muro de Berlín les impidió ver que, al mismo tiempo, en febrero de 1989, estremecía a Venezuela el levantamiento social llamado “el caracazo”, señal indicadora del inicio de una nueva época en América Latina.

Cuba logró sobrevivir a la desaparición de sus antiguos aliados y su resistencia fue factor fundamental en la profunda transformación del continente. Hace años era ostensible el fracaso de una política empeñada en aislar a Cuba, pero que terminó aislando a Estados Unidos como reconoció su actual secretario de Estado, John Kerry.

Una nueva relación con Cuba era indispensable para Washington, necesitado de recomponer sus vínculos con un continente que ya no es más su patio trasero. Lograrlo es fundamental ahora pues, pese a su poderío, Estados Unidos no puede ejercer el cómodo liderazgo de tiempos que no volverán.

Falta aún mucho para alcanzar esa nueva relación. Ante todo es preciso eliminar completamente el bloqueo económico, comercial y financiero como reclaman con renovado vigor importantes sectores del empresariado estadounidense.

Pero normalizar relaciones supondría sobre todo aprender a vivir con lo diferente y abandonar viejos sueños de dominación. Significaría respetar la igualdad soberana de los estados, principio fundamental de la Carta de las Naciones Unidas, que, como muestra la historia, no es del agrado de los poderosos.

Con respecto a la liberación de los cinco prisioneros cubanos, todos los presidentes de Estados Unidos, sin excepción, han utilizado ampliamente la facultad que a ellos exclusivamente otorga el Artículo II, Sección 2, Párrafo 1 de la Constitución. Así ha sido durante más de dos siglos sin que nada ni nadie pudiera limitarlos.

Ese párrafo constitucional faculta al presidente a suspender la ejecución de las sentencias y a conceder indultos, en casos de alegados delitos contra Estados Unidos.

En el caso de los cinco sobraban razones para la clemencia ejecutiva. En 2005 el panel de jueces de la Corte de Apelaciones anuló el proceso contra ellos –definiéndolo como “una tormenta perfecta de prejuicios y hostilidad”- y había ordenado un nuevo juicio.

En 2009 el pleno de la misma Corte determinó que este caso no tenía relación alguna con el espionaje ni la seguridad nacional de Estados Unidos. Ambos veredictos fueron adoptados con total unanimidad.

Respecto al otro cargo importante, el de “conspiración para cometer asesinato” formulado solo contra Gerardo Hernández Nordelo, sus acusadores reconocieron que era imposible probar semejante calumnia e incluso intentaron retirarla en mayo de 2001 en una acción sin precedentes, tomada nada menos que por los fiscales del expresidente George W. Bush (2001-2009).

Hacía ya cinco años que Hernández esperaba alguna respuesta a sus repetidas peticiones a la Corte de Miami para que lo liberase, o accediese a revisar su caso, u ordenase al gobierno presentar las “pruebas” utilizadas para condenarlo o accediese a escucharlo a él o a que el gobierno revelase la magnitud y el alcance del financiamiento oficial a la descomunal campaña mediática que sustentó aquella “tormenta perfecta”.

El tribunal nunca respondió. Nada dijeron tampoco los grandes medios de comunicación ante la inusual parálisis judicial. Era obvio que se trataba de un caso político y sólo podría resolverse con una decisión política. Nadie más que el presidente podría hacerlo.

Obama mostró sabiduría y determinación cuando, en vez de limitarse a usar el poder para excarcelar a cualquier persona, enfrentó valerosamente el problema de fondo. La saga de los cinco era consecuencia de una estrategia agresiva y lo más sabio era poner término a ambas al mismo tiempo.

Nadie puede desconocer la trascendencia de lo anunciado el 17 de diciembre. Sería erróneo, sin embargo, ignorar que aún queda un camino, que puede ser largo y tortuoso, en el que será necesario avanzar con firmeza y sabiduría.

 

Una mirada al pasado

In History, US on June 27, 2014 at 11:17 am

 

 

Por Ricardo Alarcón de Quesada

 

La historia del Poder Negro, el movimiento que en los años sesenta del pasado Siglo encauzó las aspiraciones de la juventud afroamericana, regresa impulsada por el arte. Primero fue un extraordinario documental acreedor de distinciones en festivales del cine alternativo. Ahora lo reproduce un libro, prologado por el multipremiado actor y luchador social Danny Glover. Ambos con el título: “The Black Power Mixtape”.

Su origen es sorprendente. Un grupo de jóvenes cineastas suecos había viajado a Estados Unidos, entre 1967 y 1975 para entrevistar a quienes entonces marcaron decisivamente a la sociedad norteamericana. Conversaron entre otros, con Stokely Carmichael, Bobby Seale, Huey Newton, Eldridge Cleaver y Angela Davis, esta última en la celda de la prisión donde esperaba fuese ejecutada la sentencia a morir que le había sido impuesta y sólo evitó un amplio movimiento de solidaridad abarcador de todo el planeta.

Pero nadie pudo ver entonces estas imágenes. Durante más de treinta años las cintas permanecieron olvidadas en un sótano de la televisión sueca hasta que Göran Olson, quien en los sesenta era un niño que apenas caminaba, las encontró y se dio a la tarea de rescatarlas y armar el documental producido ahora con Danny Glover y Joslyn Barnes y que incluye opiniones actuales de artistas, intelectuales y activistas sobre lo que aquel período significó en sus vidas. Es, según The New York Times “una extraordinaria proeza de edición e investigación de archivo” y su resultado “un collage cronológico que restaura una compleja dimensión humana de la historia racial de la época”.

Frente a la cámara aparece el testimonio de esa época. Hombres y mujeres empeñados en alcanzar un mundo mejor desde abajo, desde comunidades empobrecidas y discriminadas a las que había que devolverles su dignidad y autoestima con proyectos educacionales y sanitarios incluyendo el desayuno gratis para los niños y también la música, el teatro y la poesía.

Pero lo hacían sometidos al asedio y la persecución  de un régimen racista, represivo, que los obligó a crear sus propios instrumentos de autodefensa y al surgimiento del Black Panther Party.

Experiencia semejante se produjo en las comunidades boricuas, sobre todo en New York y Chicago, que darían nacimiento al Partido de los Young Lords, organización que siguió el mismo camino de brega y sacrificios emprendido por su gemela afroamericana.

Eran tiempos de ebullición cuando todo parecía marchar rápido, a la velocidad de los sueños. La bárbara agresión contra el pueblo vietnamita y el empeño por conquistar la igualdad racial nutrieron una rebeldía juvenil que se extendió por todo el país enfrentando al gobierno corrupto, delincuencial, de Richard Nixon, quien no conoció límites en sus violaciones a la legalidad.

Conmueve ver y escuchar a Eldridge Cleaver repitiendo “hay un punto donde la cautela termina y la cobardía comienza”.

No pocos de aquellos jóvenes fueron asesinados. Otros buscaron refugio más allá de las fronteras norteamericanas. Algunos están encerrados todavía en prisiones federales.

Quedan sobrevivientes que aun recuerdan. Como Kathleen Cleaver, en aquel tiempo Secretaria de Comunicaciones del Black Panther y ahora profesora de Derecho en la Universidad Emory de Atlanta. Mirando hacia atrás, ella rememora el romanticismo de jóvenes acostumbrados a vivir peligrosamente mientras cantaban “no sé si volveré a verte” o “esta puede ser nuestra última vez juntos”. Pero también, desde el presente, reflexiona con amargura: “Hemos retrocedido consistentemente. Es deprimente y hasta cierto punto desconcertante que durante la época de la Guerra de Viet Nam las condiciones de la mayoría de las familias negras eran un poco mejor que ahora. Hemos declinado en la educación y en la economía”.

Es triste comprobarlo cuando, por primera vez en la historia, un negro ocupa la presidencia de Estados Unidos. Alguien que, por cierto, inició su carrera política como organizador comunitario.

Pero la lucha continúa y no todo conduce a la depresión. Acaba de anunciarse, por ejemplo, que las autoridades de New York, ciudad dirigida hoy por una mayoría progresista, decidió rendir homenaje a los Young Lords el próximo 26 de julio al cumplirse 45 años de su fundación.

Al volver la mirada hacia aquellos años soñadores viene a la mente la advertencia de William Faulkner: “El pasado nunca muere. Ni siquiera es pasado”.

 

Publicado el 27 de junio de 2014 en el No. 807 de la Revista Punto Final, Chile

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