Maggie Alarcón

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Micheal Ratner

In ACLU, Cuba/US, Cuban 5, Julian Assange, National Lawyers Guild, Politics, Wikileaks on May 19, 2016 at 2:26 pm
"El autor, junto a Gerardo Hernandez su esposa Adriana Perez y Michael Ratner durante una de sus ultimas visitas a la Habana."

“The author with Gerardo Hernandez his wife Adriana Perez and Michael Ratner on one of Michaels last visits to Havana.”

 

By Ricardo Alarcón de Quesada

He came to Cuba often. The last time was in February 2015, on the occasion of the International Book Fair in which the Spanish edition of “Who Killed Che? How the CIA Got Away with Murder” was presented. It was the result of painstaking research and more than ten years demanding access from relevant authorities to official documents jealously hidden.

The work of Michael Ratner and Michael Steven Smith proved beyond doubt that the murder of Ernesto Guevara was a war crime committed by the US government and its Central Intelligence Agency, a crime that does not have a statute of limitations, although the authors are on the loose in Miami and flaunt their cowardly misdeed.
We met again in July on the occasion of the reopening of the Cuban Embassy in Washington. We were far from imagining that we would not meet again. Michael Ratner looked healthy and showed the optimism and joy that always accompanied him. On that occasion we celebrated that the Cuban Five anti-terrorist Heroes had returned home and also the fact that President Obama had had no choice but to admit the failure of Washington’s aggressive policy against Cuba.
Michael was always in solidarity with the Cuban people since as a very young person he joined the contingents of the Venceremos Brigade. That solidarity remained unwavering at all times. His participation in the legal battle for the freedom of our comrades, including the “amicus” he presented to the Supreme Court on behalf of ten Nobel Prize winners, was decisive.
A tireless fighter, for him no cause was alien. He stood always on the side of the victims and faced with courage, even at the risk of his life, the oppressors who dominated that judicial system. He also did it with rigor, integrity and love. More than a brilliant legal professional, he was a passionate fighter for justice.
He was present in 1968 at the Columbia University strike before completing his studies, and fought racial discrimination together with the NAACP. Soon after graduating he represented the victims of the brutal repression at the Attica prison. Thus he began a remarkable career –impossible to describe in just one article– which knew no borders: Nicaragua, Haiti, Guatemala, Palestine, a never ending list.
When nobody did, he undertook the defense of the hostages in the illegal naval base in Guantanamo. He convened more than 500 lawyers to do so –also for free– and achieved an unprecedented legal victory with a decision by the Supreme Court recognizing the rights of the prisoners.
Many other cases absorbed his time and energy, working in a team, without necessarily appearing in the foreground. He did not hesitate, however, to legally prosecute powerful characters like Ronald Reagan, Bill Clinton and George W. Bush whose “impeachment” he tried very hard to obtain.
He also accused Nelson Rockefeller, when he was governor, and more recently Defense Secretary Donald Rumsfeld. He published books and essays in favor of legality and human rights. He was considered one of the best American lawyers and chaired the National Lawyers Guild and the Center for Constitutional Rights and founded Palestine Rights. He combined his work as a litigator with university teaching at Columbia and Yale and helped train future jurists able to follow his example.
He was the main defender of Julian Assange and Wikileaks in the United States. An insuperable paradigm of a generation that aimed for the stars, he was an inseparable part of all their battles and will remain so until victory always.

A CubaNews/Google translation. Edited by Walter Lippmann.

Michael Ratner

In ACLU, Cuban 5, National Lawyers Guild, Politics, Politics Relaciones Cuba EEUU, US on May 16, 2016 at 3:17 pm

ratner

Ricardo Alarcón de Quesada

Muchas veces vino a Cuba. La última fue en febrero del 2015, con motivo de la Feria Internacional de Libro en la que fue presentada la edición en español de “¿Quién mató al Che? Como la CIA logró salir impune del asesinato”, fruto de minuciosa investigación y más de diez años reclamando a las autoridades el acceso a documentos oficiales celosamente ocultos. La obra de Michael Ratner y Michael Steven Smith demostró de manera inapelable que el asesinato de Ernesto Guevara fue un crimen de guerra cometido por el gobierno de Estados Unidos y su Agencia Central de Inteligencia, un crimen que no prescribe aunque sus autores andan sueltos en Miami y hacen ostentación de la cobarde fechoría.

"El autor, junto a Gerardo Hernandez su esposa Adriana Perez y Michael Ratner durante una de sus ultimas visitas a la Habana."

“El autor, junto a Gerardo Hernandez su esposa Adriana Perez y Michael Ratner durante una de sus ultimas visitas a la Habana.”

Nos encontramos de nuevo en julio en ocasión de la reapertura de la Embajada cubana en Washington. Lejos estábamos de imaginar que no nos veríamos más. Michael Ratner parecía saludable y mostraba el optimismo y la alegría que siempre le acompañaron. Celebramos entonces que ya nuestros Cinco Héroes antiterroristas habían regresado a la Patria y que el Presidente Obama no tuvo otro remedio que admitir el fracaso de la política agresiva contra Cuba.

Porque Michael fue siempre solidario con el pueblo cubano desde que muy joven integró contingentes de la Brigada Venceremos y esa solidaridad la mantuvo sin flaquezas en todo momento. Fue decisiva su participación en la batalla legal por la libertad de nuestros compañeros incluyendo el “amicus” que presentó a la Corte Suprema a nombre de diez ganadores del Premio Nobel.

Incansable luchador para él ninguna causa fue ajena. Se puso siempre del lado de las víctimas y encaró con valor, aun a riesgo de su vida, a los opresores que dominan aquel sistema judicial. Y lo hizo, además, con rigor, entereza y amor. Más que un brillante profesional del derecho fue un apasionado combatiente por la justicia.

Estuvo presente en 1968 en la huelga de la Universidad de Columbia y antes de concluir sus estudios combatió la discriminación racial junto al NAACP. Recién graduado representó a las víctimas de la brutal represión en la prisión de Attica. Inició así una trayectoria admirable imposible de describir en un artículo y que no conoció fronteras: Nicaragua, Haití, Guatemala, Palestina, y un largo etcétera.

Michael Ratner en el Club Nacional de Prensa de EEUU junto a la actriz y activista Vanessa Redgave.

Michael Ratner en el Club Nacional de Prensa de EEUU junto a la actriz y activista Vanessa Redgave.

Cuando nadie lo hacía asumió la defensa de los secuestrados en la ilegal base naval de Guantánamo, pudo incorporar a más de 500 abogados que lo hicieran también gratuitamente y alcanzó una victoria jurídica sin precedentes con la decisión de la Corte Suprema reconociendo los derechos de los prisioneros. A muchos otros casos también dedicó su tiempo y energías, trabajando en equipo, sin aparecer necesariamente en primer plano. No vaciló sin embargo en encausar legalmente a personajes poderosos como Ronald Reagan, Bill Clinton y George W. Bush cuyo “impeachment” trató afanosamente de conseguir, y acusó también a Nelson Rockefeller cuando era Gobernador y más recientemente al Secretario de Defensa Donald Runsfeld. Publicó libros y ensayos a favor de la legalidad y los derechos humanos. Considerado uno de los mejores abogados norteamericanos presidió el National Lawyers Guild y el Center for Constitutional Rights y fundó el Palestine Rights. Conjugó su labor como litigante con la docencia universitaria en Columbia y Yale y ayudó a la formación de futuros juristas capaces de seguir su ejemplo.

Era el principal defensor en Estados Unidos de Julian Assange y Wikileaks. Paradigma insuperable de una generación que quiso conquistar el cielo fue parte inseparable en todas sus batallas y lo seguirá siendo hasta la victoria siempre.

UN “ASESINATO” FABRICADO

In Alan Gross, Asamblea Nacional/National Assembly, CAFE, Cuba, Cuba/US, Cuban 5, Miami/Cuba, Politics, Press, US on September 10, 2012 at 12:45 pm

Por Ricardo Alarcón de Quesada

 Published in English in Counterpunch

 

El 24 de febrero de 1996 se produjo un lamentable incidente frente al Malecón habanero. Dos avionetas pertenecientes a un grupo terrorista de Miami fueron derribadas por la defensa antiaérea cuando violaron el territorio nacional de Cuba. Decenas de violaciones semejantes habían ocurrido en el último año y el Gobierno había advertido públicamente que no toleraría su repetición.

El hecho agravó seriamente las tensiones entre Estados Unidos y Cuba y fue objeto de intensos debates en la Organización de Aviación Civil Internacional y el Consejo de Seguridad de la ONU.

El 7 de mayo de 1999 – luego que habían pasado tres años y más de dos meses – el gobierno de Estados Unidos, de modo irresponsable y caprichoso, utilizó el incidente y lo convirtió en el Cargo 3  (Conspiración para cometer asesinato) formulado sólo contra Gerardo Hernández Nordelo.

El Cargo 3 concentró casi completamente el proceso de los Cinco. A esta acusación dedicó el Tribunal la mayoría de sus sesiones, expertos y testigos. En la sala de la Corte estuvieron presentes todos los días los familiares de los que perdieron la vida el 24 de febrero de 1996 quienes hacían demostraciones públicas y daban conferencias de prensa allí mismo frente a los miembros del jurado.

El tema fue el eje central de la campaña mediática. Sobre él se produjeron miles de artículos y comentarios en la prensa escrita y en las emisoras de radio y televisión.

Curiosamente los medios le prestaron gran atención al Cargo 3 antes de que éste existiera. Puede afirmarse sin la menor duda que la acusación fue resultado de una conspiración entre el Gobierno y los grupos terroristas responsables de aquel suceso en la que los “periodistas” pagados por el Gobierno tuvieron un papel decisivo.

En septiembre de 1998 cuando el FBI apresó a los Cinco, la Fiscalía presentó los cargos de los que eran acusados. Allí no estaba el Cargo 3, no se hacía referencia alguna a incidentes aéreos o avionetas derribadas ni a nada por el estilo. La acusación contra Gerardo fue agregada más de siete meses después cuando él y sus compañeros estaban en confinamiento solitario, aislados del mundo, en su primera visita al “Hueco” que duró 17 meses.

Una revisión de la prensa de Miami entre septiembre de 1998 y mayo de 1999 permite comprobar la afirmación anterior. Se pueden encontrar numerosas declaraciones de dirigentes de grupos terroristas, ampliamente difundidas y amplificadas por los “periodistas”, pidiéndole al Gobierno que agregase la nueva acusación. Entre otras cosas, puede leerse la información, profusamente desplegada, acerca de reuniones entre los fiscales y los terroristas de las que surgiría la llamada “Segunda Acta Acusatoria”, que sustituiría a la anterior incorporando el Cargo 3.

La lectura de ambos documentos de la Fiscalía haría que cualquier periodista medianamente serio se sorprendiera y sintiera la obligación de averiguar. Según esos documentos el FBI había logrado descubrir quién era realmente y qué hacía en Estados Unidos Gerardo Hernández Nordelo, por lo menos, desde 1994, más de dos años antes del incidente de 1996. Habían conseguido descifrar sus comunicaciones con La Habana, sabían lo que hacía y lo que se le instruía hacer. Por eso no actuaron contra Gerardo y sus compañeros, porque les constaba que su trabajo no era en absoluto perjudicial para Estados Unidos ni para el pueblo norteamericano.

Sabían también que Gerardo nada tenía que ver con los sucesos de 1996. En aquellos días fue grande el alboroto, no sólo en Miami sino también en Washington. Bill Clinton, quien era el Presidente, ha escrito que entonces se le propuso incluso un ataque militar contra Cuba. Los más agresivos grupos del Sur de la Florida vociferaban día y noche reclamando guerra. El contubernio de esos grupos con el FBI local  es archiconocido. ¿Puede alguien creer que no habrían hecho nada contra el “culpable” por el derribo de las avionetas? ¿Qué no hubieran actuado contra él si lo hubiesen tenido allí mismo, y controlado por el FBI, en Miami?

¿Y Cuba? Ninguna de las comunicaciones entre La Habana y Gerardo, que posee el FBI y fueron presentadas en el juicio,  sugieren siquiera que existiese la menor preocupación por su seguridad y por protegerlo frente a los riesgos que enfrentaría si él hubiese tenido alguna participación en aquel incidente. Gerardo continuó su labor en Miami durante casi tres años más. Vino a Cuba de vacaciones y a nadie se le ocurrió que aquí se quedase para proteger su vida.

Cuando lo detuvieron en septiembre de 1998 no lo acusaron de nada relacionado con lo ocurrido en 1996 por la sencilla razón de que el FBI conocía, por lo menos desde 1994, lo que hacía Gerardo y sabía, por tanto, que él no tuvo relación alguna con aquella desgracia.

Sin embargo en 1999 se aparecieron con la increíble calumnia de acusarlo por participar en un asesinato en primer grado – con premeditación y alevosía – y lo hicieron – el FBI, o sea, el Gobierno – para satisfacer los deseos de la mafia terrorista y sus corifeos en los medios que eran, a su vez, asalariados del Gobierno.

Tan endeble era esa acusación que la propia Fiscalía reconoció después que no la podía probar y pidió retirarla, algo que hubiera sido noticia de primera plana si se tratase de otro caso y no el de los Cinco.