Maggie Alarcón

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La OEA y otras infamias

In Politics on July 10, 2017 at 11:50 am

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Por Ricardo Alarcón de Quesada

Una vez más fracasó la OEA. Pese a las presiones de Washington y las febriles maniobras de Luis Almagro no pudieron condenar a la Venezuela bolivariana y chavista en su reunión en Cancún, México. Para ello había sido convocada en el balneario mexicano.

Para eso y nada más. Se le ordenó ejecutar un fratricidio y al mismo tiempo ignorar los problemas reales que laceran a los pueblos supuestamente representados en el exclusivo hotel.

Del encuentro no salió una palabra sobre los niños de Ayotzinapa, ni sobre los periodistas asesinados, o los desaparecidos, o los inmigrantes acorralados, o las poblaciones originarias explotadas y perseguidas desde el Río Bravo hasta la Araucania, ni los obreros y estudiantes reprimidos por todas partes. Nada acerca del golpe de estado en Brasil. Ni siquiera una queja por el infame muro de Trump. Se les exigió sólo apuñalar por la espalda a un estado que a nadie ha causado daño y algunos lo hicieron sin pestañear.

El Imperio consiguió el apoyo de un grupo impresentable en el que figuraban golpistas y pseudodemócratas, corruptos y represores que tienen en común el rechazo de sus pueblos. Todos los que se conjuraron para condenar a Venezuela deben afrontar al interior de sus fronteras la oposición creciente de los trabajadores, los jóvenes y muchas más víctimas del modelo neoliberal que es intrínsecamente injusto, antidemocrático y servil al dominio extranjero.

Ninguno de ellos ha sido capaz de censurar la abierta intervención imperialista ni de solidarizarse con un pueblo hermano. El Gobierno bolivariano, en contraste evidente, no sólo ha sacado de la miseria a millones de sus ciudadanos sino que además ha dado muestras de ejemplar solidaridad para con los demás pueblos de la región.

Lo ocurrido hace recordar los años Sesenta del pasado siglo cuando Estados Unidos empujó a una mayoría a convertirse en cómplices de la agresión militar y el bloqueo contra Cuba. Ahora la historia parecía repetirse, aunque con algunas diferencias que vale la pena destacar.

Salta a la vista ante todo la actitud del país anfitrión. Cuando se actuó contra Cuba la diplomacia mexicana mantuvo su rechazo solitario y digno. Ahora fue protagonista en la maniobra contra la Patria de Bolívar. Otros, hace medio siglo, tuvieron al menos la prudencia de abstenerse. Entre estos últimos estuvo Chile gobernado por Jorge Alessandri y la derecha conservadora y que hoy bajo una coalición que se dice democrática se sumó sin reparos al alevoso ataque.

La diferencia más notable, entre los dos resultados, sin embargo, estriba en que, pese a todo, los yanquis no pudieron alcanzar la mayoría requerida. No pudieron porque lo impidió un conjunto de países que no eran miembros de la OEA, pues aun estaban sometidos al colonialismo, cuando Cuba fue condenada en Punta del Este.

Los países caribeños, estados jóvenes y de territorios y recursos limitados, siguieron políticas verdaderamente autónomas desde el momento en que asumieron su soberanía. Cuando la obtuvieron establecieron vínculos de respeto y amistad con la Isla asediada y se negaron a plegarse a la política anticubana.

Ahora se unieron a otros que en el Continente siguen resistiendo la ofensiva imperial para evitar un nuevo crimen contra Venezuela.

En los años Sesenta Washington además del garrote ofrecía una zanahoria. Hablaban entonces de una pretendida nueva relación, que bautizaron como “Alianza para el Progreso” y que pronto se disolvió en la nada y desembocó en el agujero negro de las peores tiranías.

Es francamente patético el espectáculo denigrante de unos gobernantes, algunos sobrevivientes -herederos- de aquellas dictaduras, obedientes a la voz de mando de quien desde la Casa Blanca los humilla y desprecia y ya no les ofrece siquiera la olvidada zanahoria.

Pero resulta esperanzador ver a los más pequeños rebelarse y actuar con dignidad.

 

Especial para Por Esto!

Venezuela “almagrada”

In OAS/OEA, Politics, Venezuela on April 28, 2017 at 10:51 am

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Por Ricardo Alarcón de Quesada

 

Según el Diccionario de la Lengua Española el vocablo “almagrar” equivale a “infamar” y en tiempos remotos aludía “entre rufianes y valentones” a “herir o lastimar de suerte que corra sangre.”

Es obvio que el actual Secretario General de la OEA, cabecilla de una institución de tan ingrata memoria en la historia continental, parece convencido de que es posible regresar al pasado y revivir los fueros perdidos. Guarda extraño apego al ya desusado sentido de su nombre. En su delirante empeño lo acompaña una banda de caínes dispuestos a hacer lo que ordene el Imperio que inventó la OEA y la ha empleado siempre como herramienta favorita. Un Imperio que, para colmo, está ahora en manos de la más descocada arrogancia.

Se valen de la colosal maquinaria para engañar y denigrar que se hace llamar “medios de comunicación” aunque no son otra cosa que instrumentos para mantener la dominación sobre nuestros pueblos.

Es así como silencian los desmanes que contra el pueblo cometen día y noche sus pandillas tarifadas al tiempo que calumnian y promueven el odio contra el gobierno del Presidente Nicolás Maduro, el obrero que fue elegido democráticamente por los venezolanos.

Hace más de medio siglo intentaron hacer lo mismo contra Cuba y fracasaron estrepitosamente.

Ahora serán derrotados otra vez. No podrán contra el noble pueblo de Bolívar y Chávez que resiste y lucha para salvar la obra revolucionaria que dio a millones, por primera vez, educación, salud, vivienda y empleo y rescató para siempre la dignidad nacional.

Pero ese pueblo sufre una agresión criminal que lo hiere y hace sangrar. Cruzarnos de brazos sería indecente. No vivimos en el Medioevo. América Latina y el Caribe tienen que rebelarse contra la infamia. Es la hora de “desalmagrar.”

Tomado de Por Esto!

Salvar a Venezuela

In CELAC, History, Politics, Politics on April 21, 2017 at 2:03 pm

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Por Ricardo Alarcón de Quesada

La hostilidad del imperialismo estadounidense hacia la Revolución Bolivariana ha sido permanente y multiforme desde que Hugo Chávez resultó electo Presidente. Según avanzaba el proceso de transformaciones sociales promovido por Chávez, siempre respetando las normas constitucionales y la legalidad, el Imperio ensayaba nuevas acciones agresivas violatorias del Derecho Internacional.

La obra revolucionaria rescató a millones de venezolanos de la pobreza absoluta y la miseria, puso fin al analfabetismo, garantizó a todos y todas el acceso a la educación y la atención médica gratuita, les devolvió, en fin, la plena soberanía.

Venezuela ha cambiado sustancialmente. Sus grandes riquezas naturales, por primera vez en la historia, no son para el disfrute exclusivo de una minoría, sino que han sido y son redistribuidas para beneficio de las amplias masas. Pero ha sido una marcha cuesta arriba sorteando obstáculos de todo tipo.

Defender lo mucho que ha logrado y seguir conquistando mayores cotas de justicia constituye un perenne desafío para el pueblo del Libertador. Intentos de golpe de estado, “huelga” petrolera, sabotajes, sanciones económicas, diplomáticas y políticas, amenazas militares y una descomunal, multimillonaria, propaganda para aislarla y pretender justificar la intervención foránea, han sido el pan de cada día impuesto a un pueblo que, en contraste, no sólo no ha atacado ni dañado a nadie sino que se convirtió, al mismo tiempo, en ejemplo de fraternidad para con los otros pueblos del Continente.

Porque si Venezuela ha cambiado mucho, el Imperio no ha cambiado nada. Ayer, Obama, sin temor al ridículo, determinó que Venezuela es “una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional de Estados Unidos”. Ahora Trump blande contra ella la llamada Carta Democrática Interamericana, cuyo texto debemos suponer que no ha leído pues, como se ufana en proclamarlo, el actual mandatario detesta la lectura.

La muerte de Hugo Chávez fue un golpe doloroso que estremeció a su país y al mundo. Desde Bolívar nadie hizo tanto como él por la emancipación de su pueblo, nadie supo hacer de Venezuela paradigma de solidaridad humana y auténtica democracia. Dedicado a su causa hasta el último aliento, antes de despedirse, Chávez propuso como a su sustituto y continuador a Nicolás Maduro, su mejor discípulo, un joven obrero y cercano colaborador, quien, en aquellas dramáticas circunstancias y enfrentando a una poderosa maquinaria de difamación y odio en su contra, resultó vencedor en las elecciones generales.

El gobierno de Maduro no ha conocido un instante de respiro. A la drástica caída en los precios del petróleo en el mercado internacional se ha unido la guerra económica desatada por Washington y en la que participa abiertamente la oligarquía local que especula con las limitaciones materiales y provoca escaseces y malestar. Estos fueron los factores principales que permitieron a la oposición obtener una mayoría de escaños en la Asamblea Nacional.

Hay que recordar que desde la primera elección de Chávez como Presidente en Venezuela se han realizado más elecciones, plebiscitos y otras consultas populares que las que hayan podido efectuarse en los países del Hemisferio que cínicamente quieren erigirse en jueces de la situación venezolana. En la mayoría de esos ejercicios democráticos vencieron las fuerzas del chavismo y cuando no fue así los resultados fueron aceptados por Chávez y por Maduro.

Conviene recordar asimismo que ganar o perder transitoriamente la mayoría de los miembros del órgano legislativo no significa ganar o perder el gobierno en los países de América Latina. Tampoco lo es en Estados Unidos: si tal cosa rigiera en el vecino del Norte la lista de Presidentes despojados de sus cargos sería interminable: por ejemplo Clinton, Bush y Obama, para sólo mencionar los más recientes en una bicentenaria tradición en la que resulta normal ejercer la jefatura del Estado contando con una minoría parlamentaria. Para no hablar de Trump cuya presidencia no es cuestionada -aunque Hillary Clinton lo superó por más de tres millones de votos- y ostenta el mayor índice de desaprobación del que haya memoria en aquel país.

No debe olvidarse, sobre todo, el carácter subversivo, anticonstitucional, proclamado sin ambages por Henry Ramos Allup cuando, al asumir la dirección de la Asamblea, anunció un plan para expulsar de la jefatura del Estado a Nicolás Maduro en seis meses. No formuló un programa legislativo, anunció un golpe de estado. Desde entonces no ha hecho otra cosa que alentar el caos y la inestabilidad institucional.

La OEA en cueros

La conducta ilegítima e irresponsable de la oposición lejos de sumarle apoyo interno ha generado la creciente resistencia de un pueblo que, más allá de las ideologías, necesita y desea la paz y la convivencia frente a la agresión externa. Para derrocar al Gobierno legítimo había que recurrir al exterior y buscar en Washington lo que no pueden encontrar en Caracas.

Entonces aparece, nada más y nada menos, que la llamada Organización de Estados Americanos (OEA) y su insólito Secretario General, Luis Almagro.

La historia del “ministerio de colonias yanquis” es sobradamente conocida. Hace más de un siglo, ante los primeros pasos para crear el “panamericanismo”, José Martí advirtió el peligro y llamó a pelear por la independencia verdadera de Nuestra América.

Para Almagro –o sea para el Imperio- el único problema en el Hemisferio es Venezuela. Su enfermiza obsesión antibolivariana los ha arrastrado al punto increíble de dar una suerte de golpe de estado dentro de la propia institución, desconociendo a sus propias autoridades –al representante de Bolivia, Presidente del Consejo Permanente y Decano de sus embajadores y al Vicepresidente que es el representante de Haití- para imponer su estrategia antivenezolana.

Si la OEA tuviese un mínimo de seriedad no le alcanzaría el tiempo para ocuparse de los problemas reales del Continente.

La represión masiva contra los latinoamericanos en Estados Unidos; el infame muro de Trump y sus medidas de proteccionismo comercial; la vergonzosa destitución de Dilma Roussef; la constante aparición de cementerios clandestinos en México y otros lugares; los asesinatos cotidianos de periodistas; los muchachos desaparecidos de Ayotzinapa, las niñas muertas en Guatemala, el incendio del Parlamento paraguayo; las huelgas y protestas populares en Argentina, Brasil y otros países, son parte del largo temario que interesa a los pueblos pero que no existen para Almagro ni para el dócil rebaño que lo sigue.

Porque la OEA no fue creada para bregar con la realidad. Nunca ha sido otra cosa que instrumento para la dominación imperial. Que a estas alturas echen mano a la vieja y desprestigiada herramienta, pisoteando incluso sus reglas y procedimientos, es un llamado de alerta. La agresión imperialista está en marcha y debemos detenerla.

El crimen se está cometiendo a la luz del día, a la vista de todos y contemplarlo en calma sería una complicidad imperdonable.

Urge multiplicar la solidaridad. Hay que salvar a Venezuela.

 

Publicado originalmente en Punto Final

Cuba y Estados Unidos: ¿Una nueva era?

In Cuba/US, Cuban Embargo, Politics on January 19, 2015 at 4:43 pm

Ricardo Alarcon de Quesada

El 17 de diciembre, al liberar a los cinco antiterroristas cubanos que guardaron prisión por más de 16 años en Estados Unidos, el presidente Barack Obama reparó una injusticia excesivamente prolongada y al mismo tiempo dio un golpe de timón a la historia.

Reconocer el fracaso de la política anticubana, restablecer las relaciones diplomáticas, suprimir todas las restricciones a su alcance, proponer la eliminación completa del bloqueo y el inicio de una nueva era en las relaciones con Cuba, todo en un solo discurso, rompió cualquier vaticinio y sorprendió a todos, incluyendo a los analistas más sesudos.

La política hostil instaurada por el presidente Dwight Eisenhower (1953-1961), antes del nacimiento del actual mandatario, había sido la norma que aplicaron, con matices casi siempre secundarios, administraciones republicanas y demócratas y fue codificada con la Ley Helms-Burton, sancionada por Bill Clinton en 1996.

En los primeros años la practicaron con bastante éxito. En 1959, al triunfar la Revolución cubana, Estados Unidos estaba en el cenit de su poderío, ejercía indiscutida hegemonía sobre gran parte del mundo y especialmente en el Hemisferio Occidental, que le permitió lograr la exclusión de Cuba de la Organización de Estados Americanos (OEA) y el aislamiento casi total de la isla que pudo contar solo con la ayuda de la Unión Soviética y sus asociados en el Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME), que integraban los países del Pacto de Varsovia.

El derrumbe del llamado “socialismo real” creó en muchos la ilusión de que también llegaba el final para la revolución cubana.

Imaginaron el advenimiento de un largo período de dominio unipolar. Embriagados con la victoria, no apreciaron el sentido profundo de lo que ocurría: el fin de la Guerra Fría abría nuevos espacios para las luchas sociales y colocaba al capitalismo frente a desafíos cada vez más difíciles de encarar.

La caída de muro de Berlín les impidió ver que, al mismo tiempo, en febrero de 1989, estremecía a Venezuela el levantamiento social llamado “el caracazo”, señal indicadora del inicio de una nueva época en América Latina.

Cuba logró sobrevivir a la desaparición de sus antiguos aliados y su resistencia fue factor fundamental en la profunda transformación del continente. Hace años era ostensible el fracaso de una política empeñada en aislar a Cuba, pero que terminó aislando a Estados Unidos como reconoció su actual secretario de Estado, John Kerry.

Una nueva relación con Cuba era indispensable para Washington, necesitado de recomponer sus vínculos con un continente que ya no es más su patio trasero. Lograrlo es fundamental ahora pues, pese a su poderío, Estados Unidos no puede ejercer el cómodo liderazgo de tiempos que no volverán.

Falta aún mucho para alcanzar esa nueva relación. Ante todo es preciso eliminar completamente el bloqueo económico, comercial y financiero como reclaman con renovado vigor importantes sectores del empresariado estadounidense.

Pero normalizar relaciones supondría sobre todo aprender a vivir con lo diferente y abandonar viejos sueños de dominación. Significaría respetar la igualdad soberana de los estados, principio fundamental de la Carta de las Naciones Unidas, que, como muestra la historia, no es del agrado de los poderosos.

Con respecto a la liberación de los cinco prisioneros cubanos, todos los presidentes de Estados Unidos, sin excepción, han utilizado ampliamente la facultad que a ellos exclusivamente otorga el Artículo II, Sección 2, Párrafo 1 de la Constitución. Así ha sido durante más de dos siglos sin que nada ni nadie pudiera limitarlos.

Ese párrafo constitucional faculta al presidente a suspender la ejecución de las sentencias y a conceder indultos, en casos de alegados delitos contra Estados Unidos.

En el caso de los cinco sobraban razones para la clemencia ejecutiva. En 2005 el panel de jueces de la Corte de Apelaciones anuló el proceso contra ellos –definiéndolo como “una tormenta perfecta de prejuicios y hostilidad”- y había ordenado un nuevo juicio.

En 2009 el pleno de la misma Corte determinó que este caso no tenía relación alguna con el espionaje ni la seguridad nacional de Estados Unidos. Ambos veredictos fueron adoptados con total unanimidad.

Respecto al otro cargo importante, el de “conspiración para cometer asesinato” formulado solo contra Gerardo Hernández Nordelo, sus acusadores reconocieron que era imposible probar semejante calumnia e incluso intentaron retirarla en mayo de 2001 en una acción sin precedentes, tomada nada menos que por los fiscales del expresidente George W. Bush (2001-2009).

Hacía ya cinco años que Hernández esperaba alguna respuesta a sus repetidas peticiones a la Corte de Miami para que lo liberase, o accediese a revisar su caso, u ordenase al gobierno presentar las “pruebas” utilizadas para condenarlo o accediese a escucharlo a él o a que el gobierno revelase la magnitud y el alcance del financiamiento oficial a la descomunal campaña mediática que sustentó aquella “tormenta perfecta”.

El tribunal nunca respondió. Nada dijeron tampoco los grandes medios de comunicación ante la inusual parálisis judicial. Era obvio que se trataba de un caso político y sólo podría resolverse con una decisión política. Nadie más que el presidente podría hacerlo.

Obama mostró sabiduría y determinación cuando, en vez de limitarse a usar el poder para excarcelar a cualquier persona, enfrentó valerosamente el problema de fondo. La saga de los cinco era consecuencia de una estrategia agresiva y lo más sabio era poner término a ambas al mismo tiempo.

Nadie puede desconocer la trascendencia de lo anunciado el 17 de diciembre. Sería erróneo, sin embargo, ignorar que aún queda un camino, que puede ser largo y tortuoso, en el que será necesario avanzar con firmeza y sabiduría.

 

Embargo de EEUU hacia Cuba conmemora medio siglo de política exterior fallida.

In Blockade, Cuba, Cuba/US, Cuban Americans, Cuban Embargo, Economics, History, US on February 10, 2012 at 11:58 am

Táctica de guerra fría solo sirve para castigar al pueblo de Cuba

 

English original here The New York Daily News

8 de febrero, 2012         

Por Albor Ruiz

Ayer créanlo o no, se cumplieron 50 años del embargo económico de los EEUU contra Cuba.

No debemos desearle un feliz cumpleaños.

El eje central de lo que aparenta ser la política de EEUU hacia Cuba, es una sobra en mal estado de la era de la guerra fría, no ha sido una historia de éxito.

“En cinco décadas le ha hecho daño al pueblo cubano, dañado los intereses de los EEUU y no ha logrado su objetivo,¨ según el tanque pensante Oficina de Washington para América Latina.

Dirigido a derrocar el gobierno comunista de Fidel Castro, el embargo condenado año tras año por las Naciones Unidas fue impuesto por el presidente Kennedy en 1962, luego de la derrota humillante el año anterior de la invasión apoyada por la CIA de Playa Girón.

Sin embargo, medio siglo después, la revolución sigue en el poder y ahora en manos del hermano menor de Fidel, Raúl quien es el presidente. El único éxito del embargo ha sido dificultarle la vida al pueblo de Cuba..

En estos tiempos donde Cuba se embarca en un profundo proceso de transformación político y económica hay una pregunta que exige respuesta: por cuánto tiempo más tendremos esta política obsoleta?  

“El bloqueo” como le llaman en Cuba ha sido el embargo más largo y crudo contra cualquier otro país de la historia actual, y  posiblemente sea la política exterior más fallida que haya conocido el mundo.

Aunque la política del embargo básicamente se mantiene intacta el Presidente Obama flexibilizó algunas de las restricciones de viajes hacia la isla. El resultado inmediato son la muestra de la necesidad de una política hacia Cuba con más luces..

El año pasado , los cubano americanos se aprovecharon de las nuevas regulaciones de Obama e hicieron más de 400.000 visitas a la isla. Esto conjuntamente con la encuesta de la Universidad Internacional de la Florida (FIU) donde se expone que el 46% de los cubano americanos se oponen al embargo, apuntan a que existe un cambio en la actitud de la comunidad y su relación con su patria.

“En este 50 aniversario y a pesar de las incertidumbres de la campaña electoral actual hay esperanza,” dijo Arturo López-Levy, cubano –americano  experto en estudios Internacionales y sobre Cuba en la Universidad de Denver. “Existen motivos estructurales que justifican una actitud optimista.¨

“Luego del retiro de Fidel Castro resulta difícil comprender como es que la política de EEUU hacia Cuba  continua siendo un reo de la mentalidad de la Guerra Fría,¨ añadió.

Igualmente, las reformas económicas que se suscitan en Cuba le están abriendo el apetito a los hombres de negocios en los EEUU, dijo López-Levy. Y estos cambia el balance de las fuerzas en los EEUU y su política domestica respecto a Cuba. The U.S. should not attempt to isolate Cuba but should promote economic reform on the island as it has done in other countries.

López-Levy considera que esto es lo que traerá consigo una expansión de derechos civiles, mejores condiciones de vida, más libertad de viajes y mayor acceso a la información.

“Hay una razón más para ser optimista,” dijo López-Levy. “Cuando comenzó el embargo Cuba se encontraba aislada del resto del mundo, pero ahora, debido a su condición de irracionalidad, es la política de los EEUU hacia Cuba la que está aislada.”

En realidad, recalca, Cuba tiene relaciones diplomáticas con 33 de los 34 miembros de la OEA. La única excepción son los Estados Unidos..

Además, la mayoría de los aliados de los EEUU, incluyendo al Reino Unido y Canadá, tienen relaciones normales con la isla y están estudiando estrategias para aumentar las relaciones y no disminuirlas, según la Oficina de Washington para América Latina.

La ironía estriba en que el embargo lo que ha logrado es servir para excluir a los EEUU de participar en un verdadero proceso de cambios que ocurren en Cuba, plantearon en el tanque pensante.

Ayer, el embargo contra Cuba cumplió 50 años. Mejor no le deseamos felicidades.

aruiz@nydailynews.com.