Maggie Alarcón

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Los cambios en Cuba y los “peros” de EEUU

In CAFE, Cuba/US, Travel, US on January 20, 2013 at 9:32 am

 

Por Fernando Ravsberg

Tomado del sitio Cartas desde Cuba

 

El presidente Barack Obama acaba de anunciar que permitirá a los ciudadanos estadounidenses viajar libremente a Cuba. La medida fue adoptada en respuesta a la apertura migratoria masiva decretada por La Habana a partir del pasado 14 de enero.

En realidad la noticia no es cierta pero bien podría serlo si existieran intentos serios de acercamiento. No sería una mala política dar pasos simultáneos, sobre todo porque ya se ha demostrado que exigírselo solo a una parte no funciona.

Y si finalmente no se logra un entendimiento, por lo menos ganarían los 2 pueblos, el cubano que ya tiene derecho de viajar al extranjero y los estadounidenses que podrían recuperar la libertad de visitar Cuba sin tener que pedir permiso a Washington.

En pocos países unos y otros están tan tranquilos. Culturalmente Miami es casi una provincia de la isla, donde los visitantes cubanos se sienten como en casa, mientras Cuba se ha convertido en uno de los países más seguros para los ciudadanos de los EEUU.

A pesar del histórico enfrentamiento político bilateral, en la isla no existen los sentimientos anti estadounidenses que abundan en otros países del mundo. Los “yumas” son tratados con cordialidad y pueden pasearse por las calles sin el menor temor.

La llegada de John Kerry al Departamento de Estado podría ser un buen presagio. Aseguran que este político estadounidense, excombatiente de Vietnam, fue uno de los promotores de la normalización del restablecimiento de las relaciones con esa nación asiática.

En el caso de Cuba solicitó investigaciones sobre los fondos que Washington entrega a los exiliados cubanos para derrocar a Raúl Castro. Se atrevió incluso a cuestionar el presupuesto millonario que gasta TV Martí, una emisora que nadie ve en la isla.

Me imagino que no se trata de que Kerry apoye el socialismo cubano sino de que le duele que se gasten tantos recursos del bolsillo del contribuyente en programas que producen los efectos contrarios a los que en realidad pretende Washington.

Difícilmente la visita de un par de jubilados estadounidenses a Cuba provocará un alzamiento pero puede contribuir a una ampliación de debate interno.Al parecer, el Senador Demócrata cree que el aislamiento no es una herramienta eficaz para lograr cambios en la isla. Por el contrario, considera que la visita de millones de estadounidenses podría provocar a la larga una mayor apertura.

Es difícil saber si tiene razón pero, tras 50 años de fracasos, no vendría mal probar nuevos métodos. Yo realmente no creo que los turistas gringos sirvan para hacer proselitismo político pero el fin de la agresividad externa ampliaría el debate interno.

Sin dudas, el enfrentamiento con EEUU es uno de los factores que más estanca ese debate. Pocos en Cuba están dispuestos a sumarse a las posiciones de Washington, algunos para no ser acusados de mercenarios pero otros por puro nacionalismo.

La Revolución Cubana no es la causa sino el resultado de las políticas de Washington en Cuba durante siglos: de “la fruta madura”, de la exclusión de los mambises de la declaración de independencia, de la enmienda Platt y de las invasiones militares.

Para limar estas asperezas hará falta mucho más que la visita de una pareja de jubilados de Michigan a La Habana. Será necesario irse aproximando paso a paso, cediendo un poco de cada parte, sin esperar que el otro sea el único que se acerque.

Cierto es que Obama eliminó las restricciones que su antecesor, George W. Bush, había aplicado a los viajes de los emigrados a la isla y también liberó el envío de remesas  pero ahí se ha quedado mientras la sociedad cubana sigue transformándose.

EEUU está perdiendo oportunidades, la apertura económica de Cuba –trabajadores autónomos, entrega de tierras, acceso de capitales extranjeros a la agricultura- merecía una respuesta que podría haber pasado por algún tipo de flexibilización del Embargo.

También la liberación masiva de presos políticos cubanos se quedó sin respuesta práctica por parte de Washington, a pesar de que la excarcelación de estos prisioneros fue durante años una de las principales exigencias públicas de la Casa Blanca.

Y ahora Victoria Nuland, portavoz del Departamento de Estado, se limita a reconocer que la reforma migratoria cubana es positiva pero inmediatamente la descalifica afirmando que “Cuba se mantiene como uno de los países más represivos del planeta”.

Cada nuevo cambio le resta argumentos a Washington en su enfrentamiento con La Habana. La llegada de Kerry podría traer pasos de acercamiento o, cuando menos, renovar la producción de “peros” para cuestionar las reformas con más originalidad.

Changes in Cuba met with ‘Buts’ from the US

In CAFE, Cuba/US, US on January 18, 2013 at 10:46 am

By Fernando Ravsberg

Original Spanish version in Cartas desde Cuba

 

President Barack Obama has just announced that US citizens will be allowed to freely travel to Cuba. The measure was adopted in response to the immigration reforms implemented by Havana on January 14.

Actually this news isn’t true, but it could be if there were serious attempts at rapprochement. It wouldn’t be bad policy to take simultaneous steps, especially since it’s been proven that only one side demanding changes doesn´t work.

Even if complete understanding isn’t finally achieved, at least there would be gains for the two peoples – for Cuban’s (who now have the right to travel abroad) and for Americans (who would regain the freedom to visit Cuba without having to seek special permission from Washington).

In few countries do visitors from another one feel so much at ease. Culturally, Miami is almost a province of the island, it’s a place where Cuban visitors feel at home, while Cuba has become one of the safest countries for US citizens.

Despite the historical bilateral political confrontation, on the island itself,  there are none of the  anti-American sentiments that abound in other countries. “Yumas” (“Gringos”) are treated with warmth and can walk the streets without any fear.

The arrival of John Kerry to the State Department could be a good omen. People continue to note that this American politician, a Vietnam veteran, was one of the promoters of restoring and normalizing relations with that Asian nation.

In the case of Cuba, he requested investigations into the funds that Washington grants to Cuban exiles to overthrow Raul Castro. He even dared to question the multi-million dollar federal government funding of TV Marti, a station that no one on the island can watch.

I imagine this isn’t a case of Kerry supporting Cuban socialism; rather it seems he’s bothered by seeing so much of taxpayer’s money being spent on programs that produce the opposite effect of what is actually intended by Washington.

Apparently the Democratic senator believes that isolation isn’t an effective tool for affecting change on the island. On the contrary, he believes that visits by millions of Americans could eventually bring about more openness.

The visit to Cuba by a retired Americans couple would hardly cause an uprising, but its upshot could be the expansion of internal debate on the island.It’s hard to know if he’s right, but after 50 years of a failed policy, it wouldn’t hurt to try new methods. I really don’t think gringo tourists will serve for political proselytizing, but putting an end to foreign aggression would contribute to expanding internal debate in Cuba.

Undoubtedly the confrontation with the US is one of the factors that has prevented debate in Cuba. Few people on the island are willing to join Washington’s positions. Some don’t want to be accused of being mercenaries, but others stand opposed to the US purely out of nationalism.

The Cuban Revolution is not the cause but the result of Washington’s policies toward Cuba for centuries (i.e. the “ripe fruit” doctrine, the exclusion of the mambi independence fighters from the declaration of independence, the Platt Amendment, military invasions, etc.).

Ironing out these rough edges will take more than a visit to Havana by a retired couple from Michigan. What will be needed is the both  countries approach one another step by step, with each making small concessions, with each advancing  without expecting the other to be the only one that comes closer.

It’s true that Obama lifted the restrictions that his predecessor, George W. Bush, had applied regarding travel to the island by emigrants; he also made it easier to send remittances. But no other steps have been taken,  meanwhile Cuban society continues  bringing about transformations.

The United States is missing opportunities. Cuba’s economic opening (with self-employed workers, the redistribution of land, access to foreign capital for agricultural development, etc.) deserved a response  that could have been some sort of easing of the embargo.

Likewise, the mass release of political prisoners was received without a response from Washington, though for years the release of these prisoners was one of the main public demands made by the White House.

Now Victoria Nuland, the State Department spokesperson, simply recognizes immigration reform as positive,and then in the same sentence immediately disqualifies the island by stating “Cuba remains one of the most repressive countries in the world.”

Each new change weakens Washington’s arguments in its confrontation with Havana. The arrival of Kerry could lead to rapprochement, or at the very least a fresh batch of  “buts” questioning reforms with a bit more originality.
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