Maggie Alarcón

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Trump: Thunder and Traps

In Cuba/US, Politics, Politics, US on July 3, 2017 at 11:57 pm

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By Ricardo Alarcón de Quesada

Much has been said and will be said about the grotesque show that took place in Miami on June 16 and the lies and threats against Cuba there pronounced. Trump’s speech, incoherent and clumsy like all of his, made at least two things clear: he will do all he can to harden US policy toward Cuba, canceling the timid steps that his predecessor had taken and [the fact that] the current President is an irremediable liar.

It is customary there in the North to mix politics with spectacle, information with entertainment, even if, as in this case, in terrible taste. For those who look at it from the outside, a good dose of Cartesian doubt is advisable and prudence is necessary to avoid being confused. Especially if it’s about what someone says like the quirky occupant of the White House.

Congresswoman Barbara Lee, a tireless fighter for justice and civil rights, was right to reject Trump’s speech. She stressed the importance of fighting to prevent specific regulations which would translate the presidential directive into mandatory rules that are even more damaging to peoples of the two countries. There, on that very day, there was evident proof of the correctness of her concern.

In his speech, Trump announced that he would issue a new executive order to replace the one already repealed that had guided Obama’s policy in its last two years. There in front of everyone, he added his signature to the document that appears on the official site of the White House, but which nobody read.

What he said does not correspond exactly with what he signed and the latter is what counts, because it has legal force and will guide the conduct of his administration. The contrast is evident, for example, in the case of remittances many Cubans on the island receive from their relatives residing in the United States. According to the speaker in Miami, such remittances would continue and would not be affected.

But right there, in the same act, without hiding, he signed an order that says exactly the opposite. On this issue of remittances, the document entitled “Presidential Memorandum for the Strengthening of The United States Policy towards Cuba,” which Trump signed and which was publicized by the White House. The fine print states that there would be millions of Cubans living on the island who would not be allowed to receive remittances.

In Section III, subsection (D), the definition of “prohibited officials of the Government of Cuba” is now extended to cover not only the leaders of the Cuban State and Government, but its officers and employees, the military and civilian workers of the Armed Forces and the Ministry of the Interior, the cadres of the CTC, of the trade unions, and the Defense Committees of the Revolution. Professor William M. Leogrande estimates that this would be more than one million families.

Trump boasted that he would drop all Obama’s moves and he probably intends to do so.
But he knows that this contradicts the interests and opinions of some business sectors linked to the Republican Party and that is why he hides behind aggressive rhetoric and often undecipherable jargon. With regard to the issue of Cubans and remittances he had no choice but to use his favorite weapon: the lie.

We must now see how they write and apply this new order that seeks to punish the Cuban population as a whole.

Translated and edited by Walter Lippmann.
http://walterlippmann.com/trump-thunders-and-traps/

Michael Ratner

In ACLU, Cuban 5, National Lawyers Guild, Politics, Politics Relaciones Cuba EEUU, US on May 16, 2016 at 3:17 pm

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Ricardo Alarcón de Quesada

Muchas veces vino a Cuba. La última fue en febrero del 2015, con motivo de la Feria Internacional de Libro en la que fue presentada la edición en español de “¿Quién mató al Che? Como la CIA logró salir impune del asesinato”, fruto de minuciosa investigación y más de diez años reclamando a las autoridades el acceso a documentos oficiales celosamente ocultos. La obra de Michael Ratner y Michael Steven Smith demostró de manera inapelable que el asesinato de Ernesto Guevara fue un crimen de guerra cometido por el gobierno de Estados Unidos y su Agencia Central de Inteligencia, un crimen que no prescribe aunque sus autores andan sueltos en Miami y hacen ostentación de la cobarde fechoría.

"El autor, junto a Gerardo Hernandez su esposa Adriana Perez y Michael Ratner durante una de sus ultimas visitas a la Habana."

“El autor, junto a Gerardo Hernandez su esposa Adriana Perez y Michael Ratner durante una de sus ultimas visitas a la Habana.”

Nos encontramos de nuevo en julio en ocasión de la reapertura de la Embajada cubana en Washington. Lejos estábamos de imaginar que no nos veríamos más. Michael Ratner parecía saludable y mostraba el optimismo y la alegría que siempre le acompañaron. Celebramos entonces que ya nuestros Cinco Héroes antiterroristas habían regresado a la Patria y que el Presidente Obama no tuvo otro remedio que admitir el fracaso de la política agresiva contra Cuba.

Porque Michael fue siempre solidario con el pueblo cubano desde que muy joven integró contingentes de la Brigada Venceremos y esa solidaridad la mantuvo sin flaquezas en todo momento. Fue decisiva su participación en la batalla legal por la libertad de nuestros compañeros incluyendo el “amicus” que presentó a la Corte Suprema a nombre de diez ganadores del Premio Nobel.

Incansable luchador para él ninguna causa fue ajena. Se puso siempre del lado de las víctimas y encaró con valor, aun a riesgo de su vida, a los opresores que dominan aquel sistema judicial. Y lo hizo, además, con rigor, entereza y amor. Más que un brillante profesional del derecho fue un apasionado combatiente por la justicia.

Estuvo presente en 1968 en la huelga de la Universidad de Columbia y antes de concluir sus estudios combatió la discriminación racial junto al NAACP. Recién graduado representó a las víctimas de la brutal represión en la prisión de Attica. Inició así una trayectoria admirable imposible de describir en un artículo y que no conoció fronteras: Nicaragua, Haití, Guatemala, Palestina, y un largo etcétera.

Michael Ratner en el Club Nacional de Prensa de EEUU junto a la actriz y activista Vanessa Redgave.

Michael Ratner en el Club Nacional de Prensa de EEUU junto a la actriz y activista Vanessa Redgave.

Cuando nadie lo hacía asumió la defensa de los secuestrados en la ilegal base naval de Guantánamo, pudo incorporar a más de 500 abogados que lo hicieran también gratuitamente y alcanzó una victoria jurídica sin precedentes con la decisión de la Corte Suprema reconociendo los derechos de los prisioneros. A muchos otros casos también dedicó su tiempo y energías, trabajando en equipo, sin aparecer necesariamente en primer plano. No vaciló sin embargo en encausar legalmente a personajes poderosos como Ronald Reagan, Bill Clinton y George W. Bush cuyo “impeachment” trató afanosamente de conseguir, y acusó también a Nelson Rockefeller cuando era Gobernador y más recientemente al Secretario de Defensa Donald Runsfeld. Publicó libros y ensayos a favor de la legalidad y los derechos humanos. Considerado uno de los mejores abogados norteamericanos presidió el National Lawyers Guild y el Center for Constitutional Rights y fundó el Palestine Rights. Conjugó su labor como litigante con la docencia universitaria en Columbia y Yale y ayudó a la formación de futuros juristas capaces de seguir su ejemplo.

Era el principal defensor en Estados Unidos de Julian Assange y Wikileaks. Paradigma insuperable de una generación que quiso conquistar el cielo fue parte inseparable en todas sus batallas y lo seguirá siendo hasta la victoria siempre.

Cuba y Estados Unidos: ¿Una nueva era?

In Cuba/US, Cuban Embargo, Politics on January 19, 2015 at 4:43 pm

Ricardo Alarcon de Quesada

El 17 de diciembre, al liberar a los cinco antiterroristas cubanos que guardaron prisión por más de 16 años en Estados Unidos, el presidente Barack Obama reparó una injusticia excesivamente prolongada y al mismo tiempo dio un golpe de timón a la historia.

Reconocer el fracaso de la política anticubana, restablecer las relaciones diplomáticas, suprimir todas las restricciones a su alcance, proponer la eliminación completa del bloqueo y el inicio de una nueva era en las relaciones con Cuba, todo en un solo discurso, rompió cualquier vaticinio y sorprendió a todos, incluyendo a los analistas más sesudos.

La política hostil instaurada por el presidente Dwight Eisenhower (1953-1961), antes del nacimiento del actual mandatario, había sido la norma que aplicaron, con matices casi siempre secundarios, administraciones republicanas y demócratas y fue codificada con la Ley Helms-Burton, sancionada por Bill Clinton en 1996.

En los primeros años la practicaron con bastante éxito. En 1959, al triunfar la Revolución cubana, Estados Unidos estaba en el cenit de su poderío, ejercía indiscutida hegemonía sobre gran parte del mundo y especialmente en el Hemisferio Occidental, que le permitió lograr la exclusión de Cuba de la Organización de Estados Americanos (OEA) y el aislamiento casi total de la isla que pudo contar solo con la ayuda de la Unión Soviética y sus asociados en el Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME), que integraban los países del Pacto de Varsovia.

El derrumbe del llamado “socialismo real” creó en muchos la ilusión de que también llegaba el final para la revolución cubana.

Imaginaron el advenimiento de un largo período de dominio unipolar. Embriagados con la victoria, no apreciaron el sentido profundo de lo que ocurría: el fin de la Guerra Fría abría nuevos espacios para las luchas sociales y colocaba al capitalismo frente a desafíos cada vez más difíciles de encarar.

La caída de muro de Berlín les impidió ver que, al mismo tiempo, en febrero de 1989, estremecía a Venezuela el levantamiento social llamado “el caracazo”, señal indicadora del inicio de una nueva época en América Latina.

Cuba logró sobrevivir a la desaparición de sus antiguos aliados y su resistencia fue factor fundamental en la profunda transformación del continente. Hace años era ostensible el fracaso de una política empeñada en aislar a Cuba, pero que terminó aislando a Estados Unidos como reconoció su actual secretario de Estado, John Kerry.

Una nueva relación con Cuba era indispensable para Washington, necesitado de recomponer sus vínculos con un continente que ya no es más su patio trasero. Lograrlo es fundamental ahora pues, pese a su poderío, Estados Unidos no puede ejercer el cómodo liderazgo de tiempos que no volverán.

Falta aún mucho para alcanzar esa nueva relación. Ante todo es preciso eliminar completamente el bloqueo económico, comercial y financiero como reclaman con renovado vigor importantes sectores del empresariado estadounidense.

Pero normalizar relaciones supondría sobre todo aprender a vivir con lo diferente y abandonar viejos sueños de dominación. Significaría respetar la igualdad soberana de los estados, principio fundamental de la Carta de las Naciones Unidas, que, como muestra la historia, no es del agrado de los poderosos.

Con respecto a la liberación de los cinco prisioneros cubanos, todos los presidentes de Estados Unidos, sin excepción, han utilizado ampliamente la facultad que a ellos exclusivamente otorga el Artículo II, Sección 2, Párrafo 1 de la Constitución. Así ha sido durante más de dos siglos sin que nada ni nadie pudiera limitarlos.

Ese párrafo constitucional faculta al presidente a suspender la ejecución de las sentencias y a conceder indultos, en casos de alegados delitos contra Estados Unidos.

En el caso de los cinco sobraban razones para la clemencia ejecutiva. En 2005 el panel de jueces de la Corte de Apelaciones anuló el proceso contra ellos –definiéndolo como “una tormenta perfecta de prejuicios y hostilidad”- y había ordenado un nuevo juicio.

En 2009 el pleno de la misma Corte determinó que este caso no tenía relación alguna con el espionaje ni la seguridad nacional de Estados Unidos. Ambos veredictos fueron adoptados con total unanimidad.

Respecto al otro cargo importante, el de “conspiración para cometer asesinato” formulado solo contra Gerardo Hernández Nordelo, sus acusadores reconocieron que era imposible probar semejante calumnia e incluso intentaron retirarla en mayo de 2001 en una acción sin precedentes, tomada nada menos que por los fiscales del expresidente George W. Bush (2001-2009).

Hacía ya cinco años que Hernández esperaba alguna respuesta a sus repetidas peticiones a la Corte de Miami para que lo liberase, o accediese a revisar su caso, u ordenase al gobierno presentar las “pruebas” utilizadas para condenarlo o accediese a escucharlo a él o a que el gobierno revelase la magnitud y el alcance del financiamiento oficial a la descomunal campaña mediática que sustentó aquella “tormenta perfecta”.

El tribunal nunca respondió. Nada dijeron tampoco los grandes medios de comunicación ante la inusual parálisis judicial. Era obvio que se trataba de un caso político y sólo podría resolverse con una decisión política. Nadie más que el presidente podría hacerlo.

Obama mostró sabiduría y determinación cuando, en vez de limitarse a usar el poder para excarcelar a cualquier persona, enfrentó valerosamente el problema de fondo. La saga de los cinco era consecuencia de una estrategia agresiva y lo más sabio era poner término a ambas al mismo tiempo.

Nadie puede desconocer la trascendencia de lo anunciado el 17 de diciembre. Sería erróneo, sin embargo, ignorar que aún queda un camino, que puede ser largo y tortuoso, en el que será necesario avanzar con firmeza y sabiduría.

 

Official: Cuba ready to talk about Gross case

In Alan Gross, Blockade, Cuba, Cuba/US, Cuban 5, Cuban Americans, Politics, US on May 14, 2012 at 9:47 am

 

By Portia Siegelbaum

(CBS News) HAVANA – The Cuban government got a rare opportunity to put its position on a U.S. contractor jailed in Havana and on hostile U.S.-Cuba relations before an American audience Thursday when CNN’s Wolf Blitzer interviewed a top Foreign Ministry official.

Josefina Vidal, via satellite from Havana, said that while Cuba is ready to dialogue with the U.S. about the case of Alan Gross they are not advancing any formula, such as a prisoner swap. Instead, the head of the Cuban Foreign Ministry’s North America Division declared Havana wants to sit down at the negotiating table with Washington to discuss all outstanding issues in an effort to establish normal relations.

Vidal says that the U.S. demand that Cuba release Gross before it takes any steps to improve relations with the island is just a “pretext” not to do so.

The State Department reacted sharply, saying Vidal’s statements only reinforce the U.S. belief that Gross is being held hostage and that there is no justification for his imprisonment.

There hasn’t been diplomatic relations between the two countries for five decades, although ever since the Carter presidency they have maintained Interests Sections in each other’s capitals.

Vidal was echoing the position laid out in an official letter sent to Blitzer earlier this week, saying Havana has offered to hold a “dialogue to find a humanitarian solution…on a reciprocal basis” to the case of Gross, sentenced to 15 years on charges of trying to subvert the government.

That offer provoked speculation that the Cubans were holding out to swap Gross for five Cuban imprisoned in the U.S. on spying charges for nearly 14 years. Cuba says the men were only seeking information that would help prevent terrorist actions against the island and not U.S. government secrets.

The Gross family has been agitating the media to cover the story and Gross used one of his weekly calls to his family to dial in to Blitzer’s show, “The Situation Room.” In their conversation broadcast May 4 Gross describes himself as a “hostage.”

Jorge Bolanos, head of the Cuban Interests Section in Washington, took umbrage with the way Blitzer and Gross presented the case. A copy of the letter he sent to Blitzer last Tuesday was given to CBS by a Foreign Ministry official. In it, Bolanos insists it is incorrect to say Gross came to Cuba to help the Jewish community connect to the Internet, as claimed by the U.S. State Department. Instead he says Gross concealed from those he met here that he worked for the U.S. government and that he was a paid professional who was “implementing a U.S. government program” aimed at subverting the legal Cuban government.

In an interview with a local CBS station in Baltimore, Gross’ wife, Judy, said, “We know now that he did break Cuban law. He did not know that until he got to Cuba and was arrested.”

However, leaked documents obtained by The Associated Press reveal that Gross sent messages from Havana in 2009 expressing concern that he could be arrested and that he knew his task for USAID was risky.

The letter from Bolanos refers to Gross’ “undercover activities” as constituting “crimes in many countries, including in United States.”

Vidal, speaking in English, stuck to the same points outlined in that letter.

However, the Cuban media is reporting on her statements to CNN in Spanish in which she says that Havana is disappointed with the lack of improvement in relations since Obama took office. They had higher expectations, according to Vidal. According to the local media, she admitted President Obama has taken some positive steps but stressed that Washington’s basic hostile policy toward Cuba remains unchanged.

President Raul Castro has expressed the same opinion on several public occasions
over the past year, noting that the U.S. has made only cosmetic changes in its relations with Cuba by somewhat relaxing its restrictions on travel to the island, but he stressed that nothing has been done to ease the more than five decades-old economic and trade embargo of the island.

Gross has served more than two years of a 15-year sentence. His wife has given very few interviews since his arrest, but she told CBS affiliate WJZ this week that she fears for his health and worries that he will never come home.

The Cubans have allowed his wife and a string of political and religious figures to visit Gross in the Havana military hospital where he is being held rather than in a common prison.

Despite this week’s rash of publicity there is no evidence of any movement in the case.