Maggie Alarcón

El mensaje de una ceremonia inolvidable

In Politics on July 29, 2015 at 2:45 pm

Por Ricardo Alarcón de Quesada

Ver la bandera de la estrella solitaria otra vez alzada en la Embajada cubana en Washington trae inevitablemente el recuerdo de quienes no pudieron asistir a una ceremonia por cuya realización, sin embargo, dieron generosamente sus vidas. Son muchos, cubanos, estadounidenses, puertorriqueños e hijos de otras tierras, los ausentes que asaltan la memoria, y vencedores del olvido, incitan a escribir estas rápidas reflexiones.

Embajada cubana en Washington DC.

Mencionaré sólo a uno que a todos sintetiza. Carlos Muñiz Varela quien hizo suyas y defendió hasta el último aliento dos insignias hermanas. Él tampoco asistirá, pero su presencia será imborrable, el día no lejano en que la enseña boricua se levante, libre, orgullosa y solitaria, en la capital norteamericana.

El restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos es ante todo una gran victoria del pueblo cubano y también de la solidaridad internacional. No se habría llegado a ese día sin la abnegada y heroica resistencia antillana frente al bloqueo económico que aún persiste y constituye el genocidio más prolongado de la Historia. Tampoco habría sido posible sin la exigencia unánime de los países de América Latina y el Caribe y de incontables amigos solidarios en Norteamérica y en otras partes.

Se pudo alcanzar este acuerdo, sobre todo, porque el continente vive una época nueva y los intentos por aislar a Cuba fueron derrotados y terminaron aislando totalmente a Washington. Hace medio siglo el Imperio forzó a todos los miembros de la OEA, salvo a México, a romper con Cuba, pero ahora, cuando reabre su Embajada en La Habana encontrará aquí que, desde hace tiempo, todos los demás habían regresado y el poderoso vecino era quien estaba en la absoluta soledad que ahora quiere superar.

Habrá que continuar la lucha para eliminar completamente una política que el mundo entero rechaza y el Presidente Obama reconoció había fracasado, pero será necesario asimismo que Estados Unidos devuelva el territorio que usurpa en Guantánamo, abandone sus programas subversivos y compense a los cubanos por los cuantiosos daños causados durante más de medio siglo. Sólo después podrá hablarse de una relación normal entre los dos países.

Cuba ha obtenido este triunfo sin renunciar a ninguno de sus principios. Seguirá empeñada en el desarrollo de su proyecto socialista, buscará el socialismo realizable en el mundo de hoy, continuará practicando la política internacionalista y solidaria con otros pueblos que bregan por sus derechos nacionales y guardará fidelidad a la promesa de José Martí quien al convocar a la Guerra Necesaria dejó este mandato: “Conquistaremos toda la justicia”.

De Martí viene a los cubanos la obligación de respaldar el derecho de Puerto Rico a su independencia. Que Cuba flaquease en el cumplimiento de ese deber fue durante muchos años una de las principales demandas norteamericanas para normalizar las relaciones. De hecho, esa fue la exigencia más duradera pues otras condiciones igualmente inaceptables, como los vínculos con la URSS o el apoyo a los movimientos de liberación en África y Centroamérica, hace décadas fueron superadas por la historia.

Cuba nunca renunció a la solidaridad con la causa nacional puertorriqueña. No lo hará jamás y Washington lo sabe.

Por eso esta victoria cubana pertenece también a Puerto Rico y se produce cuando la isla hermana enfrenta una coyuntura definitoria, luego que la Comunidad de Estados de América Latina y el Caribe ha reafirmado que el caso de Puerto Rico es parte de su propia Agenda y avanza un apoyo internacional indispensable que debe hacerse cada vez más resuelto y eficaz.

El actual status colonial fue rechazado por la mayoría absoluta de la población en el plebiscito de noviembre de 2012 y todos reconocen que su modelo económico se derrumba y Puerto Rico sufre una profunda crisis de la que sólo podrá salir con el pleno ejercicio de la soberanía y la independencia.

Estados Unidos tiene una responsabilidad insoslayable y debe ejercerla si quiere mejorar sus vínculos con nuestro Continente. El imperio yanqui se apoderó de Puerto Rico por la fuerza en 1898 y desde entonces la trata como territorio que le pertenece, como a una posesión suya, es decir, una colonia. El Presidente Obama, profesor de Derecho Constitucional, conoce que el colonialismo es ilegal y que las potencias coloniales de acuerdo con las normas internacionales tienen el mandato de devolver a los pueblos sometidos todos los poderes que detentan. Debe dar los pasos que le incumben para que el pueblo puertorriqueño asuma sus inalienables derechos nacionales y lo haga por sí mismo, libremente, sin intromisiones ni presiones foráneas. Debería apoyar una fórmula que cuenta hoy con muy amplio consenso, la realización de una Asamblea Constituyente en la que participen todas las corrientes de opinión boricuas y cuyos trabajos y resultados Estados Unidos se comprometa a respetar.

Hay otras cuestiones que el Presidente Obama está en plena capacidad de resolver y respecto a las que igualmente tiene una obligación ineludible. Poner en libertad inmediatamente a Oscar López Rivera, disponer que el FBI entregue toda la información que aun oculta respecto a los asesinatos de Santiago Mari Pesquera y de Carlos Muñiz Varela son decisiones que dependen enteramente de él y debe tomarlas ya, sin más dilación.

Estas medidas son acciones que puede emprender fácilmente ahora y están en sus manos precisamente porque Puerto Rico todavía es una colonia del Imperio que él preside. Sí se puede y él lo sabe.

… y el Presidente lo sabe.

La Isla del (des) Encanto

In Politics on July 25, 2015 at 3:36 pm

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Por Ricardo Alarcón de Quesada

Quienes visitan Puerto Rico comprenden por qué la llaman “la isla del encanto”. Lo palpan en el aire, en la luz, en el paisaje y también en la gente que la habita.

Algo muy diferente provoca la dramática situación que vive su pueblo. Porque los puertorriqueños nunca han sido dueños de ese entorno maravilloso ni tampoco de su destino, amarrados bajo el dominio colonial, primero de España y durante los últimos 117 años de Estados Unidos.

Washington trató de engañar al mundo disfrazando a la colonia bajo el embeleco de un imaginario “estado libre asociado (ELA)” que promovía como una  del Caribe” de las bienandanzas que la tutela norteña ofrecía generosamente. La experiencia para los boricuas fue bien diferente. Sus consecuencias sociales, políticas y económicas han encontrado siempre la resistencia popular muchas veces desconocida fuera de la isla.

Tras recorrer un largo camino el tema llega hoy a una coyuntura definitoria. El ELA fue rechazado por la mayoría absoluta del pueblo puertorriqueño en el plebiscito efectuado allí en noviembre de 2012 que las autoridades norteamericanas, hasta ahora,

En los últimos años la situación se ha complicado hasta el extremo que el país no puede pagar sus deudas, la economía continúa decreciendo y urge encontrar una salida para la grave crisis financiera. La Asamblea

Legislativa Local aprobó una ley enfilada a busc ar una solución, olvidando, que ni ella ni ninguna otra institución del ELA posee capacidad soberana.

Quienes verdaderamente mandan allá se lo recordaron. El 6 de julio de 2015 la Corte Federal de Apelaciones del Primer Circuito, ubicado en Boston, Massachusetts, que es la máxima instancia judicial para Puerto Rico, determinó la inconstitucionalidad de esa Ley y la anuló subrayando, argumento irrefutable, que es el Congreso Federal Norteamericano el que tiene plenas facultades sobre ese país y no la Asamblea insular.

Hay que agradecer a los jueces del mentado tribunal haber puesto el dedo en la llaga aunque, en rigor, repitieron lo que ya se sabía y lo han sufrido los boricuas por más de un siglo. Sólo que el recordatorio no llega en un momento cualquiera.

El status colonial fue rechazado categóricamente por la población y ahora se comprueba igualmente que el modelo económico ha fracasado, ya no es viable, y quienes lo administran no tienen capacidad legal para enfrentar el desastre. La quiebra de su economía es consecuencia directa del sometimiento a los Estados Unidos y cualquier medida, en las condiciones actuales, estaría exclusivamente en manos del gobierno federal.

La alcaldesa de San Juan, Carmen Yulin Cruz, el 15 de julio, se refirió a los problemas que afectan a Puerto Rico y de los que el gobierno federal evade su responsabilidad y se abstiene de tomar decisión. “Su falta de acción en cuanto a las herramientas que nos prohíbe tener y nos niegan, como es la quiebra, lo demuestran…son una serie de instancias en la que Estados Unidos continuamente nos ha faltado el respeto como nación”.

Esa actitud junto a la negativa de excarcelar a Oscar López Rivera hacen afirmar a Carmen Yulin que “el status de Puerto Rico es insostenible” y “el país tiene que decir basta ya”.

Por mucho tiempo la propaganda norteamericana se empeñó en presentar a Puerto Rico como un modelo para el resto de la América Latina con su economía supuestamente floreciente en un país libre, feliz y pacífico. Ocultaba el verdadero rostro del ELA: la destrucción de la economía autóctona, el dominio absoluto de las corporaciones yanquis, el desempleo generalizado, la emigración masiva, el grave deterioro del medio ambiente; y la persecución al movimiento patriótico, víctima del acoso y el espionaje del FBI y de otras incontables acciones hostiles, incluyendo asesinatos que han conmovido al país pero siguen totalmente impunes.

Hace ya más de diez años que ese modelo entró en la crisis que ahora alcanza titulares en la gran prensa. Desde entonces la economía se estanca o retrocede; luego de saquear sus recursos, no pocos inversionistas se han retirado de la isla; el déficit fiscal no dejó de crecer y más de la mitad de la población se ha visto forzada a emigrar: quedan en la isla unos 3.7 millones y su diáspora en Estados Unidos se acerca ya a los 5 millones según el último Censo oficial.

El pueblo, por su parte, ha librado una lucha admirable. Cuando por todas partes avanzaba la ola neoliberal, en Puerto Rico las masas trabajadoras impedían la privatización de servicios públicos esenciales; lograron con su lucha sacar al ejército invasor de Vieques y de otras bases militares; fueron sus estudiantes los primeros que tomaron las universidades y las calles exigiendo que la educación no fuera presa del lucro; soportando la represión que nunca ha cesado y enfrentando al Imperio más poderoso dieron su voto, en noviembre de 2012 rechazando, de modo aplastante, al régimen colonial.

Ahora, mientras los políticos discuten y los grandes emporios mediáticos descubren que Puerto Rico existe, decenas de miles de boricuas más se van, escapan del falaz “encanto”. No van hacia el paraíso. Los espera, como siempre, la pobreza y la miseria, pero también la discriminación, el odio racial y el desprecio, en los arrabales de New York y Chicago, en las granjas de la Florida y en otras partes. Su partida es la prueba irrefutable: la “vitrina” se cae en pedazos.

We are all Diosdado

In Politics, US, Venezuela on June 2, 2015 at 1:10 pm

by Ricardo Alarcón de Quesada

Issued on March 9, President Obama’s Executive Order tagging Venezuela as “an unusual and extraordinary threat to the US national security” and declaring “a national emergency to deal with this threat” caused justified alarm and widespread rejection throughout the Continent and beyond. It was not the first time that Washington used a language as arrogant as it is irrational. History is brimming with examples of how the Empire has made use of such accusations to launch military attacks and break international law in various ways. They used similar words to justify their brutal armed invasions of Panama and the tiny island of Granada, among other outrageous acts which crushed defenseless populations and brought death and destruction to nations stripped of their independence as a result.

Despite worldwide disapproval, the number of media campaigns against Venezuela has increased since then through a US-led propaganda apparatus that is now especially concentrating its attacks on the Bolivarian Republic of Venezuela’s National Assembly President Diosdado Cabello. They are accusing him of being linked to international drug trafficking, a slanderous and yet unproved charge rapidly echoed by hundreds of newspapers and other media from all over the world.

Who is Diosdado Cabello and why is he under attack?

Ever since he was a young officer, he joined Hugo Chavez in the struggle against the abuse and corruption that marked the Fourth Republic and after that, in the peaceful transformation conducted by the Bolivarian Revolution. He played a key role in the popular movement of resistance that thwarted the fascist coup in 2002 and returned Chavez back being head of State for which he had been democratically-elected by most Venezuelans.

In a clumsy maneuver to divide Chavismo, and following Chavez’s unfortunate death, the same hardcore right-wingers who are now vilifying him tried to make him President of the Republic, but he adamantly refused. Diosdado Cabello gave a remarkable example of revolutionary firmness and spirit of unity, proving that he is moved by flattery no more than he is by threats.

Neither the conservative right nor imperialism forgives his attitude, as it embodies the will of a people bent on remaining independent and sovereign. To defend Diosdado Cabello is to defend Venezuela, it is to pay back the great excusable debt of  solidarity to all of Latin America. Because we are all Diosdado!


A CubaNews translation. Edited by Walter Lippmann.
http://www.walterlippmann.com/docs4382.html

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