Maggie Alarcón

Archive for the ‘Politics’ Category

Otra vez esperando a Trump

In Politics, Politics on July 13, 2017 at 4:03 pm

Donald Trump

Por Ricardo Alarcón de Quesada

Es grande la expectativa por conocer lo que dirán exactamente las nuevas regulaciones que serán aplicadas para dar cumplimiento a la Directiva que firmó Donald Trump el pasado 16 de junio para intensificar el bloqueo contra Cuba en un burdo espectáculo realizado en Miami. Han sido tres semanas de comentarios y especulaciones en los que no pocas veces se soslayan aspectos fundamentales y es frecuente tropezar con fórmulas apegadas a las “pautas informativas” que quiere Washington. Como cuando se insiste en hablar de la prohibición a las transacciones con empresas vinculadas a las Fuerzas Armadas y al Ministerio del Interior pero nada se dice de la extensión de semejante prohibición, que también está en la Directiva, al conjunto de la sociedad cubana. Ahora se afirma que la OFAC (Oficina para el control de bienes extranjeros del Departamento del Tesoro, instrumento clave de esa política) dará a conocer las mentadas regulaciones el 15 de septiembre y para aumentar el interés se acompaña el dato con un reloj digital que va descontando los días, horas, minutos y segundos que nos acercan a esa fecha.

Han sido tres semanas también de diversas manifestaciones de rechazo por nuestro pueblo y también de la amplia solidaridad internacional que incluye a muchos estadounidenses, entre ellos sectores empresariales, académicos y políticos.

Enfrascados en disquisiciones acerca de la imaginaria “normalización” de las relaciones supuestamente intentada por Obama, el chabacano manotazo de Trump incorporó nuevos elementos de confusión al debate.

Conviene una pausa de reflexión antes que se produzca otra noticia desde la capital norteamericana que enrede aun más el análisis. Porque esa noticia tiene un plazo fijo: tiene que producirse, a más tardar, el 16 de julio, es decir, antes de que termine esta semana.

Ese día, el 16 de julio, vence el término para la suspensión de la posibilidad de recurrir ante los tribunales norteamericanos, conforme a la Ley Helms-Burton, que desde 1996 reconoce ese derecho a quienes fueron expropiados por la Revolución incluyendo a los que entonces no habían adquirido aun la ciudadanía estadounidense y que, según el Departamento de Estado, serían más de 200 mil demandantes.

Si tal cosa ocurriese, provocaría numerosos pleitos con los inversionistas extranjeros pero además crearía un inaudito caos judicial ante las reclamaciones que pudieran presentarse y a cuya preparación, por cierto, se han dedicado, desde aquel año, algunos abogados de Miami involucrados en la redacción de dicha Ley.

Ante la protesta de la Unión Europea fue introducida la cláusula que permite al Presidente de Estados Unidos dejar en suspenso la posibilidad de reclamar ante los tribunales por un período de seis meses. Durante más de veinte años, Clinton, W. Bush y Obama, aplicaron la suspensión. Ahora le toca a Trump.

Actuar como sus predecesores parecería ser lo que aconseja la lógica y el sentido común pero esas son cualidades que no siempre guían al actual inquilino de la Casa Blanca y ello alienta a algunos que buscan hacer regresar a Cuba al pasado y convertir a los tribunales yanquis en instrumentos para el odio y la venganza.

Otra vez estamos a la espera de Trump.

En cualquier caso, si no lo hace ahora, le quedarían por delante varios plazos semestrales para sembrar el caos antes de concluir su mandato. Así será mientras la infame Ley no sea derogada completa y definitivamente.

 

Publicado originalmente en Por Esto!

La OEA y otras infamias

In Politics on July 10, 2017 at 11:50 am

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Por Ricardo Alarcón de Quesada

Una vez más fracasó la OEA. Pese a las presiones de Washington y las febriles maniobras de Luis Almagro no pudieron condenar a la Venezuela bolivariana y chavista en su reunión en Cancún, México. Para ello había sido convocada en el balneario mexicano.

Para eso y nada más. Se le ordenó ejecutar un fratricidio y al mismo tiempo ignorar los problemas reales que laceran a los pueblos supuestamente representados en el exclusivo hotel.

Del encuentro no salió una palabra sobre los niños de Ayotzinapa, ni sobre los periodistas asesinados, o los desaparecidos, o los inmigrantes acorralados, o las poblaciones originarias explotadas y perseguidas desde el Río Bravo hasta la Araucania, ni los obreros y estudiantes reprimidos por todas partes. Nada acerca del golpe de estado en Brasil. Ni siquiera una queja por el infame muro de Trump. Se les exigió sólo apuñalar por la espalda a un estado que a nadie ha causado daño y algunos lo hicieron sin pestañear.

El Imperio consiguió el apoyo de un grupo impresentable en el que figuraban golpistas y pseudodemócratas, corruptos y represores que tienen en común el rechazo de sus pueblos. Todos los que se conjuraron para condenar a Venezuela deben afrontar al interior de sus fronteras la oposición creciente de los trabajadores, los jóvenes y muchas más víctimas del modelo neoliberal que es intrínsecamente injusto, antidemocrático y servil al dominio extranjero.

Ninguno de ellos ha sido capaz de censurar la abierta intervención imperialista ni de solidarizarse con un pueblo hermano. El Gobierno bolivariano, en contraste evidente, no sólo ha sacado de la miseria a millones de sus ciudadanos sino que además ha dado muestras de ejemplar solidaridad para con los demás pueblos de la región.

Lo ocurrido hace recordar los años Sesenta del pasado siglo cuando Estados Unidos empujó a una mayoría a convertirse en cómplices de la agresión militar y el bloqueo contra Cuba. Ahora la historia parecía repetirse, aunque con algunas diferencias que vale la pena destacar.

Salta a la vista ante todo la actitud del país anfitrión. Cuando se actuó contra Cuba la diplomacia mexicana mantuvo su rechazo solitario y digno. Ahora fue protagonista en la maniobra contra la Patria de Bolívar. Otros, hace medio siglo, tuvieron al menos la prudencia de abstenerse. Entre estos últimos estuvo Chile gobernado por Jorge Alessandri y la derecha conservadora y que hoy bajo una coalición que se dice democrática se sumó sin reparos al alevoso ataque.

La diferencia más notable, entre los dos resultados, sin embargo, estriba en que, pese a todo, los yanquis no pudieron alcanzar la mayoría requerida. No pudieron porque lo impidió un conjunto de países que no eran miembros de la OEA, pues aun estaban sometidos al colonialismo, cuando Cuba fue condenada en Punta del Este.

Los países caribeños, estados jóvenes y de territorios y recursos limitados, siguieron políticas verdaderamente autónomas desde el momento en que asumieron su soberanía. Cuando la obtuvieron establecieron vínculos de respeto y amistad con la Isla asediada y se negaron a plegarse a la política anticubana.

Ahora se unieron a otros que en el Continente siguen resistiendo la ofensiva imperial para evitar un nuevo crimen contra Venezuela.

En los años Sesenta Washington además del garrote ofrecía una zanahoria. Hablaban entonces de una pretendida nueva relación, que bautizaron como “Alianza para el Progreso” y que pronto se disolvió en la nada y desembocó en el agujero negro de las peores tiranías.

Es francamente patético el espectáculo denigrante de unos gobernantes, algunos sobrevivientes -herederos- de aquellas dictaduras, obedientes a la voz de mando de quien desde la Casa Blanca los humilla y desprecia y ya no les ofrece siquiera la olvidada zanahoria.

Pero resulta esperanzador ver a los más pequeños rebelarse y actuar con dignidad.

 

Especial para Por Esto!

Trump: Thunder and Traps

In Cuba/US, Politics, Politics, US on July 3, 2017 at 11:57 pm

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By Ricardo Alarcón de Quesada

Much has been said and will be said about the grotesque show that took place in Miami on June 16 and the lies and threats against Cuba there pronounced. Trump’s speech, incoherent and clumsy like all of his, made at least two things clear: he will do all he can to harden US policy toward Cuba, canceling the timid steps that his predecessor had taken and [the fact that] the current President is an irremediable liar.

It is customary there in the North to mix politics with spectacle, information with entertainment, even if, as in this case, in terrible taste. For those who look at it from the outside, a good dose of Cartesian doubt is advisable and prudence is necessary to avoid being confused. Especially if it’s about what someone says like the quirky occupant of the White House.

Congresswoman Barbara Lee, a tireless fighter for justice and civil rights, was right to reject Trump’s speech. She stressed the importance of fighting to prevent specific regulations which would translate the presidential directive into mandatory rules that are even more damaging to peoples of the two countries. There, on that very day, there was evident proof of the correctness of her concern.

In his speech, Trump announced that he would issue a new executive order to replace the one already repealed that had guided Obama’s policy in its last two years. There in front of everyone, he added his signature to the document that appears on the official site of the White House, but which nobody read.

What he said does not correspond exactly with what he signed and the latter is what counts, because it has legal force and will guide the conduct of his administration. The contrast is evident, for example, in the case of remittances many Cubans on the island receive from their relatives residing in the United States. According to the speaker in Miami, such remittances would continue and would not be affected.

But right there, in the same act, without hiding, he signed an order that says exactly the opposite. On this issue of remittances, the document entitled “Presidential Memorandum for the Strengthening of The United States Policy towards Cuba,” which Trump signed and which was publicized by the White House. The fine print states that there would be millions of Cubans living on the island who would not be allowed to receive remittances.

In Section III, subsection (D), the definition of “prohibited officials of the Government of Cuba” is now extended to cover not only the leaders of the Cuban State and Government, but its officers and employees, the military and civilian workers of the Armed Forces and the Ministry of the Interior, the cadres of the CTC, of the trade unions, and the Defense Committees of the Revolution. Professor William M. Leogrande estimates that this would be more than one million families.

Trump boasted that he would drop all Obama’s moves and he probably intends to do so.
But he knows that this contradicts the interests and opinions of some business sectors linked to the Republican Party and that is why he hides behind aggressive rhetoric and often undecipherable jargon. With regard to the issue of Cubans and remittances he had no choice but to use his favorite weapon: the lie.

We must now see how they write and apply this new order that seeks to punish the Cuban population as a whole.

Translated and edited by Walter Lippmann.
http://walterlippmann.com/trump-thunders-and-traps/

Venezuela “almagrada”

In OAS/OEA, Politics, Venezuela on April 28, 2017 at 10:51 am

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Por Ricardo Alarcón de Quesada

 

Según el Diccionario de la Lengua Española el vocablo “almagrar” equivale a “infamar” y en tiempos remotos aludía “entre rufianes y valentones” a “herir o lastimar de suerte que corra sangre.”

Es obvio que el actual Secretario General de la OEA, cabecilla de una institución de tan ingrata memoria en la historia continental, parece convencido de que es posible regresar al pasado y revivir los fueros perdidos. Guarda extraño apego al ya desusado sentido de su nombre. En su delirante empeño lo acompaña una banda de caínes dispuestos a hacer lo que ordene el Imperio que inventó la OEA y la ha empleado siempre como herramienta favorita. Un Imperio que, para colmo, está ahora en manos de la más descocada arrogancia.

Se valen de la colosal maquinaria para engañar y denigrar que se hace llamar “medios de comunicación” aunque no son otra cosa que instrumentos para mantener la dominación sobre nuestros pueblos.

Es así como silencian los desmanes que contra el pueblo cometen día y noche sus pandillas tarifadas al tiempo que calumnian y promueven el odio contra el gobierno del Presidente Nicolás Maduro, el obrero que fue elegido democráticamente por los venezolanos.

Hace más de medio siglo intentaron hacer lo mismo contra Cuba y fracasaron estrepitosamente.

Ahora serán derrotados otra vez. No podrán contra el noble pueblo de Bolívar y Chávez que resiste y lucha para salvar la obra revolucionaria que dio a millones, por primera vez, educación, salud, vivienda y empleo y rescató para siempre la dignidad nacional.

Pero ese pueblo sufre una agresión criminal que lo hiere y hace sangrar. Cruzarnos de brazos sería indecente. No vivimos en el Medioevo. América Latina y el Caribe tienen que rebelarse contra la infamia. Es la hora de “desalmagrar.”

Tomado de Por Esto!

Salvar a Venezuela

In CELAC, History, Politics, Politics on April 21, 2017 at 2:03 pm

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Por Ricardo Alarcón de Quesada

La hostilidad del imperialismo estadounidense hacia la Revolución Bolivariana ha sido permanente y multiforme desde que Hugo Chávez resultó electo Presidente. Según avanzaba el proceso de transformaciones sociales promovido por Chávez, siempre respetando las normas constitucionales y la legalidad, el Imperio ensayaba nuevas acciones agresivas violatorias del Derecho Internacional.

La obra revolucionaria rescató a millones de venezolanos de la pobreza absoluta y la miseria, puso fin al analfabetismo, garantizó a todos y todas el acceso a la educación y la atención médica gratuita, les devolvió, en fin, la plena soberanía.

Venezuela ha cambiado sustancialmente. Sus grandes riquezas naturales, por primera vez en la historia, no son para el disfrute exclusivo de una minoría, sino que han sido y son redistribuidas para beneficio de las amplias masas. Pero ha sido una marcha cuesta arriba sorteando obstáculos de todo tipo.

Defender lo mucho que ha logrado y seguir conquistando mayores cotas de justicia constituye un perenne desafío para el pueblo del Libertador. Intentos de golpe de estado, “huelga” petrolera, sabotajes, sanciones económicas, diplomáticas y políticas, amenazas militares y una descomunal, multimillonaria, propaganda para aislarla y pretender justificar la intervención foránea, han sido el pan de cada día impuesto a un pueblo que, en contraste, no sólo no ha atacado ni dañado a nadie sino que se convirtió, al mismo tiempo, en ejemplo de fraternidad para con los otros pueblos del Continente.

Porque si Venezuela ha cambiado mucho, el Imperio no ha cambiado nada. Ayer, Obama, sin temor al ridículo, determinó que Venezuela es “una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional de Estados Unidos”. Ahora Trump blande contra ella la llamada Carta Democrática Interamericana, cuyo texto debemos suponer que no ha leído pues, como se ufana en proclamarlo, el actual mandatario detesta la lectura.

La muerte de Hugo Chávez fue un golpe doloroso que estremeció a su país y al mundo. Desde Bolívar nadie hizo tanto como él por la emancipación de su pueblo, nadie supo hacer de Venezuela paradigma de solidaridad humana y auténtica democracia. Dedicado a su causa hasta el último aliento, antes de despedirse, Chávez propuso como a su sustituto y continuador a Nicolás Maduro, su mejor discípulo, un joven obrero y cercano colaborador, quien, en aquellas dramáticas circunstancias y enfrentando a una poderosa maquinaria de difamación y odio en su contra, resultó vencedor en las elecciones generales.

El gobierno de Maduro no ha conocido un instante de respiro. A la drástica caída en los precios del petróleo en el mercado internacional se ha unido la guerra económica desatada por Washington y en la que participa abiertamente la oligarquía local que especula con las limitaciones materiales y provoca escaseces y malestar. Estos fueron los factores principales que permitieron a la oposición obtener una mayoría de escaños en la Asamblea Nacional.

Hay que recordar que desde la primera elección de Chávez como Presidente en Venezuela se han realizado más elecciones, plebiscitos y otras consultas populares que las que hayan podido efectuarse en los países del Hemisferio que cínicamente quieren erigirse en jueces de la situación venezolana. En la mayoría de esos ejercicios democráticos vencieron las fuerzas del chavismo y cuando no fue así los resultados fueron aceptados por Chávez y por Maduro.

Conviene recordar asimismo que ganar o perder transitoriamente la mayoría de los miembros del órgano legislativo no significa ganar o perder el gobierno en los países de América Latina. Tampoco lo es en Estados Unidos: si tal cosa rigiera en el vecino del Norte la lista de Presidentes despojados de sus cargos sería interminable: por ejemplo Clinton, Bush y Obama, para sólo mencionar los más recientes en una bicentenaria tradición en la que resulta normal ejercer la jefatura del Estado contando con una minoría parlamentaria. Para no hablar de Trump cuya presidencia no es cuestionada -aunque Hillary Clinton lo superó por más de tres millones de votos- y ostenta el mayor índice de desaprobación del que haya memoria en aquel país.

No debe olvidarse, sobre todo, el carácter subversivo, anticonstitucional, proclamado sin ambages por Henry Ramos Allup cuando, al asumir la dirección de la Asamblea, anunció un plan para expulsar de la jefatura del Estado a Nicolás Maduro en seis meses. No formuló un programa legislativo, anunció un golpe de estado. Desde entonces no ha hecho otra cosa que alentar el caos y la inestabilidad institucional.

La OEA en cueros

La conducta ilegítima e irresponsable de la oposición lejos de sumarle apoyo interno ha generado la creciente resistencia de un pueblo que, más allá de las ideologías, necesita y desea la paz y la convivencia frente a la agresión externa. Para derrocar al Gobierno legítimo había que recurrir al exterior y buscar en Washington lo que no pueden encontrar en Caracas.

Entonces aparece, nada más y nada menos, que la llamada Organización de Estados Americanos (OEA) y su insólito Secretario General, Luis Almagro.

La historia del “ministerio de colonias yanquis” es sobradamente conocida. Hace más de un siglo, ante los primeros pasos para crear el “panamericanismo”, José Martí advirtió el peligro y llamó a pelear por la independencia verdadera de Nuestra América.

Para Almagro –o sea para el Imperio- el único problema en el Hemisferio es Venezuela. Su enfermiza obsesión antibolivariana los ha arrastrado al punto increíble de dar una suerte de golpe de estado dentro de la propia institución, desconociendo a sus propias autoridades –al representante de Bolivia, Presidente del Consejo Permanente y Decano de sus embajadores y al Vicepresidente que es el representante de Haití- para imponer su estrategia antivenezolana.

Si la OEA tuviese un mínimo de seriedad no le alcanzaría el tiempo para ocuparse de los problemas reales del Continente.

La represión masiva contra los latinoamericanos en Estados Unidos; el infame muro de Trump y sus medidas de proteccionismo comercial; la vergonzosa destitución de Dilma Roussef; la constante aparición de cementerios clandestinos en México y otros lugares; los asesinatos cotidianos de periodistas; los muchachos desaparecidos de Ayotzinapa, las niñas muertas en Guatemala, el incendio del Parlamento paraguayo; las huelgas y protestas populares en Argentina, Brasil y otros países, son parte del largo temario que interesa a los pueblos pero que no existen para Almagro ni para el dócil rebaño que lo sigue.

Porque la OEA no fue creada para bregar con la realidad. Nunca ha sido otra cosa que instrumento para la dominación imperial. Que a estas alturas echen mano a la vieja y desprestigiada herramienta, pisoteando incluso sus reglas y procedimientos, es un llamado de alerta. La agresión imperialista está en marcha y debemos detenerla.

El crimen se está cometiendo a la luz del día, a la vista de todos y contemplarlo en calma sería una complicidad imperdonable.

Urge multiplicar la solidaridad. Hay que salvar a Venezuela.

 

Publicado originalmente en Punto Final

Todos somos ecuatorianos

In Ecuador, Human Rights/Derechos Humanos, Julian Assange, Politics, Rafael Correa on March 29, 2017 at 3:29 pm

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Especial para POR ESTO!

Por Ricardo Alarcón de Quesada

“Todo se puede comprar menos el corazón” proclamó en Guayaquil el candidato Lenin Moreno al cierre de su campaña que culminará el 2 de abril con el balotaje para decidir quién será el próximo Presidente del Ecuador. Ya el ex Vicepresidente había derrotado a todos los demás en las elecciones de febrero en las que logró una votación aplastante y estuvo a unos pocos votos de obtener la mayoría requerida -40%- para evitar una segunda vuelta.

Entonces algunos voceros de la oligarquía amenazaron con “incendiar Quito” si era proclamado vencedor quien superó en un millón de votos al banquero Guillermo Lasso, personaje éste de ingrata memoria, ex Ministro directamente vinculado al desastre que en 1999, entre otras cosas, eliminó el sucre como moneda propia forzando la adopción del dólar como signo monetario local y condujo a la fuga en masa de unos dos millones y medio de ecuatorianos lanzados súbitamente a la pobreza.

El próximo domingo los ecuatorianos deberán decidir si regresan a aquella etapa dolorosa o continúan avanzando por el camino de la Revolución Ciudadana iniciado por el Presidente Rafael Correa hace diez años con un saldo muy importante en cuanto a una más justa redistribución del ingreso nacional, que sacó de la miseria a dos millones de personas y muestra progresos notables en materia de educación y salud pública, una admirable obra en caminos, transporte y comunicaciones y sobre todo, el rescate de la soberanía nacional y un Gobierno limpio y dedicado al beneficio de las mayorías. Nadie hizo tanto en tan poco tiempo por la justicia en uno de los países más desiguales de la Tierra y debió hacerlo en condiciones muy difíciles como consecuencia de la caída de los precios del petróleo, un terremoto descomunal y otras calamidades naturales.

Una feroz y multimillonaria campaña mediática se empeña en confundir al pueblo, promover la amnesia colectiva y arrastrarlo a votar contra sí mismo. Toca a los ecuatorianos decidir.

Pero lo que está en juego va más allá del pequeño y hermoso país. El próximo domingo Ecuador estará, literalmente, en el centro del mundo. Allá se decidirá también el futuro de una América Latina emancipada frente a un Imperio que busca restaurar su maltrecha hegemonía.

“Morning After To-Do List”

In Baseball, Politics, Politics on November 10, 2016 at 12:16 pm

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1. Take over the Democratic Party and return it to the people. They have failed us miserably.

2. Fire all pundits, predictors, pollsters and anyone else in the media who had a narrative they wouldn’t let go of and refused to listen to or acknowledge what was really going on. Those same bloviators will now tell us we must “heal the divide” and “come together.” They will pull more hooey like that out of their ass in the days to come. Turn them off.

3. Any Democratic member of Congress who didn’t wake up this morning ready to fight, resist and obstruct in the way Republicans did against President Obama every day for eight full years must step out of the way and let those of us who know the score lead the way in stopping the meanness and the madness that’s about to begin.

4. Everyone must stop saying they are “stunned” and “shocked.” What you mean to say is that you were in a bubble and weren’t paying attention to your fellow Americans and their despair. YEARS of being neglected by both parties, the anger and the need for revenge against the system only grew. Along came a TV star they liked whose plan was to destroy both parties and tell them all “You’re fired!” Trump’s victory is no surprise. He was never a joke. Treating him as one only strengthened him. He is both a creature and a creation of the media and the media will never own that.

5. You must say this sentence to everyone you meet today: “HILLARY CLINTON WON THE POPULAR VOTE!” The MAJORITY of our fellow Americans preferred Hillary Clinton over Donald Trump. Period. Fact. If you woke up this morning thinking you live in an effed-up country, you don’t. The majority of your fellow Americans wanted Hillary, not Trump. The only reason he’s president is because of an arcane, insane 18th-century idea called the Electoral College. Until we change that, we’ll continue to have presidents we didn’t elect and didn’t want. You live in a country where a majority of its citizens have said they believe there’s climate change, they believe women should be paid the same as men, they want a debt-free college education, they don’t want us invading countries, they want a raise in the minimum wage and they want a single-payer true universal health care system. None of that has changed. We live in a country where the majority agree with the “liberal” position. We just lack the liberal leadership to make that happen (see: #1 above). Let’s try to get this all done by noon today.

— Michael Moore

Originally published in The Daily Good and Michael Moores Facebook page

Aaron Sorkin to his Girls

In Politics, Social Justice, US on November 10, 2016 at 11:42 am

Sorkin Girls,

Well the world changed late last night in a way I couldn’t protect us from. That’s a terrible feeling for a father. I won’t sugarcoat it—this is truly horrible. It’s hardly the first time my candidate didn’t win (in fact it’s the sixth time) but it is the first time that a thoroughly incompetent pig with dangerous ideas, a serious psychiatric disorder, no knowledge of the world and no curiosity to learn has.

And it wasn’t just Donald Trump who won last night—it was his supporters too. The Klan won last night. White nationalists. Sexists, racists and buffoons. Angry young white men who think rap music and Cinco de Mayo are a threat to their way of life (or are the reason for their way of life) have been given cause to celebrate. Men who have no right to call themselves that and who think that women who aspire to more than looking hot are shrill, ugly, and otherwise worthy of our scorn rather than our admiration struck a blow for misogynistic shitheads everywhere. Hate was given hope. Abject dumbness was glamorized as being “the fresh voice of an outsider” who’s going to “shake things up.” (Did anyone bother to ask how? Is he going to re-arrange the chairs in the Roosevelt Room?) For the next four years, the President of the United States, the same office held by Washington and Jefferson, Lincoln and Teddy Roosevelt, F.D.R., J.F.K. and Barack Obama, will be held by a man-boy who’ll spend his hours exacting Twitter vengeance against all who criticize him (and those numbers will be legion). We’ve embarrassed ourselves in front of our children and the world.

And the world took no time to react. The Dow futures dropped 7,000 points overnight. Economists are predicting a deep and prolonged recession. Our NATO allies are in a state of legitimate fear. And speaking of fear, Muslim-Americans, Mexican-Americans and African-Americans are shaking in their shoes. And we’d be right to note that many of Donald Trump’s fans are not fans of Jews. On the other hand, there is a party going on at ISIS headquarters. What wouldn’t we give to trade this small fraction of a man for Richard Nixon right now?

So what do we do?

First of all, we remember that we’re not alone. A hundred million people in America and a billion more around the world feel exactly the same way we do.

Second, we get out of bed. The Trumpsters want to see people like us (Jewish, “coastal elites,” educated, socially progressive, Hollywood…) sobbing and wailing and talking about moving to Canada. I won’t give them that and neither will you. Here’s what we’ll do…

…we’ll fucking fight. (Roxy, there’s a time for this kind of language and it’s now.) We’re not powerless and we’re not voiceless. We don’t have majorities in the House or Senate but we do have representatives there. It’s also good to remember that most members of Trump’s own party feel exactly the same way about him that we do. We make sure that the people we sent to Washington—including Kamala Harris—take our strength with them and never take a day off.

We get involved. We do what we can to fight injustice anywhere we see it—whether it’s writing a check or rolling up our sleeves. Our family is fairly insulated from the effects of a Trump presidency so we fight for the families that aren’t. We fight for a woman to keep her right to choose. We fight for the First Amendment and we fight mostly for equality—not for a guarantee of equal outcomes but for equal opportunities. We stand up.

America didn’t stop being America last night and we didn’t stop being Americans and here’s the thing about Americans: Our darkest days have always—always—been followed by our finest hours.

Roxy, I know my predictions have let you down in the past, but personally, I don’t think this guy can make it a year without committing an impeachable crime. If he does manage to be a douche nozzle without breaking the law for four years, we’ll make it through those four years. And three years from now we’ll fight like hell for our candidate and we’ll win and they’ll lose and this time they’ll lose for good. Honey, it’ll be your first vote.

The battle isn’t over, it’s just begun. Grandpa fought in World War II and when he came home this country handed him an opportunity to make a great life for his family. I will not hand his granddaughter a country shaped by hateful and stupid men. Your tears last night woke me up, and I’ll never go to sleep on you again.

Love,

Dad

Aaron Sorkin .jpgOriginally posted in Vanity Fair, November 9th, 2016

Clinton delante en la recta final

In Elecciones en Estados Unidos, Politics on October 28, 2016 at 3:49 pm

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Por Ramón Sanchez-Parodi Montoto

A menos de dos semanas de la votación del 8 de noviembre, hay consenso en los medios políticos y de difusión de los Estados Unidos de que Hillary Clinton será la elegida como Presidenta. Así lo indica no solamente la abrumadora mayoría de las encuestas que sitúan a la candidata demócrata con amplia ventaja en los votos electorales asignados por estados y en la votación en el ámbito nacional sino también el análisis de las informaciones disponibles sobre las votaciones adelantadas. Por otra parte, la valoración hecha por la organización Real Clear Politics, que goza de prestigio nacional en ese terreno y monitorea las encuestas en el ámbito nacional, sobre las hechas entre el 13 y el 24 de octubre por once de las principales entidades que cubren el territorio nacional, arrojan que todas, menos una (que apunta un empate entre ambos candidatos) dan ventaja a Clinton de entre 1% y 12%  y el promedio  de ellas, calculado por Real Clear Politics, coloca a la candidata demócrata con el 48,3 % de preferencia mientras Trump solo llega al 43,2%. (Hay que apuntar que una ventaja de un 5% o más a estas alturas del proceso, es considerada por lo general como indicio de una aplastante victoria). Además, Real Clear Politics estimaba que Clinton contaba ya con 272 votos electorales (2 más de los 270 necesarios), en cuanto Trump solo llegaba a 126, con  otros 140 aún sin definir correspondientes a  8 estados más un distrito congresional de Maine.

Otra ventaja de Hillary Clinton es la disponibilidad de dinero, que le ha permitido reforzar la actividad de su campaña electoral en todos los estados en disputa, que incluye, en la valoración de Clear Real Politics, a tres que por décadas han sido considerados como sólidamente republicanos: Arizona, Texas y Georgia, los cuales posiblemente voten mayoritariamente a favor de Trump, pero muestra la fortaleza que predomina en los círculos demócratas,  al incursionar en estos finales de campaña en territorios tradicionales republicanos.

Las causas de la posición en que se encuentra Clinton en esta contienda pueden encontrarse en haber logrado mantener unidos  a favor de su candidatura a todas las tendencias de la coalición de fuerzas demócratas; en contar con amplios recursos financieros para su equipo de campaña, para la organización nacional del Partido Republicano y para las organizaciones de influencia política (los llamados PACs y SuperPacs); por contar con una superior organización de la campaña electoral, con un trabajo más estable y sostenido, una estrategia mejor concebida, instrumentos de procesamiento de información más eficientes y eficaces y un trabajo sistemático exitoso en la base. La campaña de Clinton fue integradora con relación a la composición demográfica del país; blancos, hispanos, latinos, asiáticos; a la coalición entre sus tendencias políticas: liberales, conservadoras, progresistas; y a que evadió exitosamente los principales obstáculos en su camino, como lo fueron las investigaciones sobre el uso de su correo electrónico personal para trámites oficiales, las acusaciones republicanas sobre su actuación en el caso del ataque a las instalaciones consulares de los Estados Unidos en Benghazi y las críticas por sus vínculos con las principales casas financieras estadounidenses y las conexiones internacionales de la Fundación Clinton, entre otras.

Por el contrario, a estas alturas de la contienda  y cuando todas las fuerzas y medios han sido desplegados y utilizados, la candidatura de Trump no ha logrado recuperarse de la estruendosa caída que está sufriendo después de la Convención Nacional Republicana a finales de julio pasado. (En realidad, si tomamos como base los promedios de preferencia que realiza Real Clear Politics, desde el 1º de julio de 2015, Trump solo ha superado a Clinton en dos momentos, y por una mínima diferencia: 0,2% el 24 de mayo y 0,9% el 28 de julio, ambos en 2016). Trump ha sido el reverso de Clinton en estas elecciones: su campaña tuvo como punto central el enfrentamiento al aparato republicano y la confrontación brutal con sus principales líderes, lo que profundizó la división en un partido que ya venía padeciendo de profundas disensiones en sus filas como lo demostró la presencia de 17 aspirantes a la nominación presidencial durante la etapa de elecciones primarias.

Trump ha realizado una errática, mal concebida, controvertida e inestable campaña electoral, tanto en cuanto a sus posiciones políticas, como en la organización y funcionamiento del equipo de campaña, en el trabajo de captación de votantes en la base y en la actividad de recaudación de fondos. Añádase a ello su falta de habilidad, experiencia y sensibilidad como ente político y las fisuras de su personalidad egocéntrica, taimada, grosera y prepotente que le valió la animadversión de latinos, negros, musulmanes, árabes, mujeres y hasta de grupos religiosos como los mormones. Su mensaje electoral ha sido xenófobo, misógino, racista, ultranacionalista, bordeando en el fascismo y el nazismo.

El equipo de campaña electoral de Trump acabó en manos de elementos vinculados con la llamada “derecha alternativa” (alt-right, en inglés). El 17 de agosto último, Stephen Bannon fue designado como jefe ejecutivo de la campaña electoral de Trump. Bannon era hasta ese momento y desde marzo de 2012 presidente ejecutivo de Breitbart News Network, fundada en 2007 y  calificada por éste como “la plataforma de toda la derecha alternativa. La “derecha alternative” no es realmente una organización sino un conjunto de grupos o tendencias contrarios a la derecha tradicional de los Estados Unidos. Este movimiento  es considerado como una expresión del nacionalismo blanco en los Estados Unidos, de posiciones anti-inmigrantes, anti-semita, anti-musulmanes y actitudes similares que la conectan plenamente con las posiciones mantenidas por Trump.

Bannon mantiene estrechos vínculos con la familia Mercer, encabezada por Robert Mercer, científico en computación y ejecutivo principal del fondo buitre, Renaissance Technologies. Rebekah, hija de Robert, es directora de la Mercer Familily Foundation, que se estima había contribuido unos 13 millones de dólares a la campaña de Trump, después de haber apoyado a la de Ted Cruz. Junto con la designación de Banon, también Kellyanne Conway, ligada a Rebekah y a Bannon fue elevada del cargo de asesora principal al de administradora de la campaña. Adicionalmente, la firma de mineración y análisis de datos Cambridge Analytica, en la cual la familia Mercer tiene inversiones,  fue contratada por la campaña de Trump.

En la práctica, la campaña de Trump terminó en manos de elementos de la “derecha-alternativa. No hay que hacer muchos análisis y valoraciones para comprender que la estrepitosa caída que experimentó Trump en las últimas semanas, especialmente producto del rechazo de numerosas personalidades republicanas y de destacados órganos de prensa que tradicionalmente apoyan a los candidatos presidenciales republicanos, está directamente vinculado al control que ejerce la familia Mercer, considerada enemiga del liderazgo tradicional republicano y ello está teniendo un importante peso en este final de campaña.

Aun cuando Clinton gane la presidencia por amplio margen de votos electorales y populares no es de esperar que haya igual resultado en las elecciones en el Senado y la Cámara de Representantes. Han aumentado un poco las posibilidades de que el Partido Demócrata logre alcanzar la mayoría en el Senado y quizás disminuir en algo el número de representantes republicanos pero es altamente improbable que el Partido Republicano pierda la mayoría en la Cámara. La razón es que las elecciones para senadores y representantes tienen lugar en el ámbito estatal donde es menor la desunión interna y donde los grupos financieros pro-republicanos están poniendo gran empeño y dinero para lograr la elección de sus correligionarios. Además, el control de los republicanos en los poderes locales es muy firme e históricamente los demócratas no gozan en ellos del favor mayoritario de la población.

Ahora solo falta esperar a la votación del 8 de noviembre. Ya las fuerzas bipartidistas están emplazadas y desplegadas buscando ganar la mayor cuota de poder posible.

Más allá del lodazal

In Elecciones en Estados Unidos, Politics on October 28, 2016 at 2:30 pm

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Por Ricardo Alarcón de Quesada 

“Juro que aceptaré totalmente los resultados

de esta gran e histórica elección presidencial

si yo soy el ganador”

Donald Trump

 

¿Es lo mismo Hillary Clinton que Donald Trump? ¿Es igual para el pueblo norteamericano y para el mundo que ella o él ganen las próximas elecciones?

Para no pocos comentaristas en América Latina la respuesta es afirmativa. La experiencia histórica ofrece demasiadas evidencias de agresiones contra nuestros pueblos llevadas a cabo por gobernantes demócratas o republicanos. Se sabe de la falacia bipartidista que malamente oculta que en aquel país el poder real lo ejerce una plutocracia a cuyo servicio operan unos y otros, como dos alas de un partido único.

Lo anterior es una apreciación, en general, correcta. Pero el tema es demasiado importante para dejarlo en el ámbito de la generalidad y reclama analizarlo concretamente, lo que se dirime específicamente en esta elección. Lo que está en juego es mucho y exigiría muchos artículos. Sólo puedo aquí abordarlo de una manera sumaria.

Cuando finalmente los norteamericanos que puedan votar -y son muchos, muchísimos, los negros, los latinos y los pobres a los que se les priva de ese derecho- lo hagan el próximo 8 de noviembre caerá el telón y concluirá uno de los espectáculos más costosos, prolongados y enajenantes que ha hecho palidecer a cualquier otro realizado antes.

Terminará así una campaña electoral en la que abundaron diatribas y amenazas, escándalos y vulgaridades, en la que nada faltó y todo se multiplicó en discursos y reportajes y en incontables “spots” publicitarios.

Al comienzo fueron las llamadas “primarias”, mecanismo para la selección -mediante votaciones internas o asambleas- entre los diversos aspirantes a quien habría de ser postulado por cada uno de los dos partidos que monopolizan allá las posibilidades reales.

En esta ocasión hubo novedades, en ambas maquinarias políticas, que causaron sorpresas y parecerían apuntar hacia la liquidación de un sistema que cumple ya más de dos siglos. Un sistema peculiar que continúa alardeando de una pretendida superioridad sobre los demás pese a que sus verdaderos jueces -los ciudadanos- en mayorías siempre crecientes prefieren no participar en él o se ven impedidos de hacerlo.

En el bando Republicano los aspirantes alcanzaron una cifra record, todos de pensamiento conservador. Se enfrentaron en “debates” televisados en los que apenas debatieron ideas o propuestas. Lo que parecía más bien una trifulca barriotera se transformó en uno de los más exitosos shows que mantuvo ante sus televisores a una audiencia de millones. El vencedor, lógicamente, fue el especialista en la materia: Donald Trump, alguien que amasó una fortuna con negocios inmobiliarios y debe su popularidad a un programa de televisión de dudosa factura pero muchos seguidores.

Su estrategia fue presentarse a sí mismo como un enemigo del sistema, tatando de canalizar a su favor el malestar y las frustraciones de la gente común, pero con un mensaje que apela a los sentimientos más bajos y a la ignorancia y los prejuicios enraizados en la sociedad estadounidense. Sus discursos le ganaron fácilmente grandes titulares: levantar un muro en la frontera sur y obligar a los mexicanos a pagar su construcción; expulsar a millones de indocumentados y vetar la entrada al país de los que no sean cristianos; propiciar la proliferación y el posible uso de las armas nucleares; eliminar los impuestos a la herencia y reducir la carga impositiva de los ricos; permitir el comercio irrestricto de armas de fuego dentro del país; designar jueces federales que deroguen legislaciones favorables a la mujer o a las minorías, y, por si fuera poco, admitió no pagar impuestos hace años y sugirió el posible asesinato de su contrincante demócrata.

Uno tras otro, destruyó a sus oponentes republicanos con su verbo incendiario y pese a los esfuerzos de la dirección del partido en su contra, ganó la mayoría de los delegados y fue proclamado como el candidato en una Convención que además adoptó su programa ultraconservador.

Del lado demócrata surgió otro fenómeno, también cuestionador del sistema, pero de signo totalmente contrario al del iracundo magnate. El Senador Bernie Sanders, independiente y declarado socialista, desplegó una campaña que se basó fundamentalmente en miles de jóvenes voluntarios y en modestas contribuciones monetarias aportadas por numerosos simpatizantes. Sin el apoyo de la maquinaria oficial, carente del respaldo de grupos financieros importantes y enfrentando a la ex Primera Dama, ex Secretaria de Estado y Senadora Hillary Clinton, pocos daban a Sanders la menor posibilidad de competir. Los debates entre los demócratas recibieron menos atención mediática y fueron la antípoda de los que caracterizaron al otro partido. Sin insultos ni atropellos discutieron cuestiones sustanciales.

Los argumentos de Sanders y su fuerza renovadora y movilizativa no fueron suficientes para darle la victoria. Ganó, sin embargo, varios estados importantes, acumuló un número muy significativo de delegados y mantuvo su aspiración hasta el final.

Llevó sus posiciones hasta la Convención Demócrata en la que consiguió se adoptase una plataforma contraria al neoliberalismo que el partido había abrazado hace un cuarto de siglo. A esta nueva línea se incorporaron también la señora Clinton y sus seguidores. Hablando ante el plenario Sanders endosó la candidatura de Hillary y llamó a votar por ella en un dramático discurso interrumpido varias veces por gritos y expresiones de rechazo de muchos de sus jóvenes partidarios. Concluido el evento no fueron pocos los que trataron de convencerlo de romper con los demócratas y crear un tercer partido con la rebelde fuerza juvenil.

Sanders no sólo se ha negado a dar tal paso sino que ha participado activamente en la batalla electoral que libra la ex senadora neoyorquina.

Ya con los dos candidatos escogidos se entró en la segunda y definitiva etapa también repleta de novedades.

Lo más notable es que Trump logró satisfacer su egolatría ilimitada (“Sólo yo puedo resolver los problemas de Estados Unidos” había dicho una y otra vez en su discurso al ser proclamado candidato). Todos los días se adueñó de los grandes titulares con su mensaje de odio y prejuicios: contra los inmigrantes y los negros, las mujeres y los homosexuales, los musulmanes y los discapacitados físicos y también contra los republicanos que, pese a apoyarlo, expresaron inconformidad con su lenguaje extremista y chabacano. Resulta alarmante comprobar que, a despecho de lo anterior y las constantes pruebas de su ignorancia supina y su arrogante y torpe desempeño, Trump dispone del apoyo de millones de norteamericanos que sienten y piensan como él.

Por su parte la señora Clinton debe enfrentar otros obstáculos. Su larga trayectoria política, aunque la comenzó como activa luchadora entre los estudiantes radicales de los años Sesenta, la ha llevado a altos cargos -Primera Dama, Secretaria de Estado, Senadora- que la vinculan estrechamente con el sistema imperante y sobre todo, es vista con recelo por los pacifistas por su responsabilidad como jefa de la diplomacia que ejecutó la política agresiva e injerencista del Presidente Obama.

La derecha fundamentalista, por su lado, le tiene una inquina particular y contra ella se ha empeñado en una campaña en la que abundan las calumnias. Hillary ciertamente ha cometido errores, algunos de graves consecuencias, hizo concesiones reprobables y no pocas veces se alejó de sus ideales juveniles. Pero ninguna figura política en su país ha sido sometida como ella a interminables interrogatorios de comités parlamentarios controlados por sus enemigos ni al escrutinio implacable de todos los medios de comunicación que han examinado su vida al detalle y no pueden acusarla seriamente de haber cometido crimen alguno. Esos medios, sin embargo, cultivan hacia ella una imagen de falta de credibilidad y de dudosa honestidad.

En las últimas semanas todas las encuestas señalan una tendencia favorable a la ex senadora y sugieren su segura victoria en noviembre. A ello ha contribuido, sin dudas, las revelaciones sobre abusos sexuales cometidos por el multimillonario y su inadmisible trato hacia las mujeres, y los tres debates televisados entre los candidatos que mostraron la diferencia abismal que los separa en cuestiones como la inmigración, el sistema judicial, la atención médica, la seguridad social y la economía.

Corresponde ahora decidir a aquellos que tienen el privilegio de poder votar si tienen deseos de hacerlo. Y en ese país, ya se sabe, cualquier cosa puede suceder.

Originalmente publicado Punto Final No. 863, viernes 28 de octubre de 2016.