Maggie Alarcón

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Venezuela “almagrada”

In OAS/OEA, Politics, Venezuela on April 28, 2017 at 10:51 am

almagro

Por Ricardo Alarcón de Quesada

 

Según el Diccionario de la Lengua Española el vocablo “almagrar” equivale a “infamar” y en tiempos remotos aludía “entre rufianes y valentones” a “herir o lastimar de suerte que corra sangre.”

Es obvio que el actual Secretario General de la OEA, cabecilla de una institución de tan ingrata memoria en la historia continental, parece convencido de que es posible regresar al pasado y revivir los fueros perdidos. Guarda extraño apego al ya desusado sentido de su nombre. En su delirante empeño lo acompaña una banda de caínes dispuestos a hacer lo que ordene el Imperio que inventó la OEA y la ha empleado siempre como herramienta favorita. Un Imperio que, para colmo, está ahora en manos de la más descocada arrogancia.

Se valen de la colosal maquinaria para engañar y denigrar que se hace llamar “medios de comunicación” aunque no son otra cosa que instrumentos para mantener la dominación sobre nuestros pueblos.

Es así como silencian los desmanes que contra el pueblo cometen día y noche sus pandillas tarifadas al tiempo que calumnian y promueven el odio contra el gobierno del Presidente Nicolás Maduro, el obrero que fue elegido democráticamente por los venezolanos.

Hace más de medio siglo intentaron hacer lo mismo contra Cuba y fracasaron estrepitosamente.

Ahora serán derrotados otra vez. No podrán contra el noble pueblo de Bolívar y Chávez que resiste y lucha para salvar la obra revolucionaria que dio a millones, por primera vez, educación, salud, vivienda y empleo y rescató para siempre la dignidad nacional.

Pero ese pueblo sufre una agresión criminal que lo hiere y hace sangrar. Cruzarnos de brazos sería indecente. No vivimos en el Medioevo. América Latina y el Caribe tienen que rebelarse contra la infamia. Es la hora de “desalmagrar.”

Tomado de Por Esto!

Salvar a Venezuela

In CELAC, History, Politics, Politics on April 21, 2017 at 2:03 pm

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Por Ricardo Alarcón de Quesada

La hostilidad del imperialismo estadounidense hacia la Revolución Bolivariana ha sido permanente y multiforme desde que Hugo Chávez resultó electo Presidente. Según avanzaba el proceso de transformaciones sociales promovido por Chávez, siempre respetando las normas constitucionales y la legalidad, el Imperio ensayaba nuevas acciones agresivas violatorias del Derecho Internacional.

La obra revolucionaria rescató a millones de venezolanos de la pobreza absoluta y la miseria, puso fin al analfabetismo, garantizó a todos y todas el acceso a la educación y la atención médica gratuita, les devolvió, en fin, la plena soberanía.

Venezuela ha cambiado sustancialmente. Sus grandes riquezas naturales, por primera vez en la historia, no son para el disfrute exclusivo de una minoría, sino que han sido y son redistribuidas para beneficio de las amplias masas. Pero ha sido una marcha cuesta arriba sorteando obstáculos de todo tipo.

Defender lo mucho que ha logrado y seguir conquistando mayores cotas de justicia constituye un perenne desafío para el pueblo del Libertador. Intentos de golpe de estado, “huelga” petrolera, sabotajes, sanciones económicas, diplomáticas y políticas, amenazas militares y una descomunal, multimillonaria, propaganda para aislarla y pretender justificar la intervención foránea, han sido el pan de cada día impuesto a un pueblo que, en contraste, no sólo no ha atacado ni dañado a nadie sino que se convirtió, al mismo tiempo, en ejemplo de fraternidad para con los otros pueblos del Continente.

Porque si Venezuela ha cambiado mucho, el Imperio no ha cambiado nada. Ayer, Obama, sin temor al ridículo, determinó que Venezuela es “una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional de Estados Unidos”. Ahora Trump blande contra ella la llamada Carta Democrática Interamericana, cuyo texto debemos suponer que no ha leído pues, como se ufana en proclamarlo, el actual mandatario detesta la lectura.

La muerte de Hugo Chávez fue un golpe doloroso que estremeció a su país y al mundo. Desde Bolívar nadie hizo tanto como él por la emancipación de su pueblo, nadie supo hacer de Venezuela paradigma de solidaridad humana y auténtica democracia. Dedicado a su causa hasta el último aliento, antes de despedirse, Chávez propuso como a su sustituto y continuador a Nicolás Maduro, su mejor discípulo, un joven obrero y cercano colaborador, quien, en aquellas dramáticas circunstancias y enfrentando a una poderosa maquinaria de difamación y odio en su contra, resultó vencedor en las elecciones generales.

El gobierno de Maduro no ha conocido un instante de respiro. A la drástica caída en los precios del petróleo en el mercado internacional se ha unido la guerra económica desatada por Washington y en la que participa abiertamente la oligarquía local que especula con las limitaciones materiales y provoca escaseces y malestar. Estos fueron los factores principales que permitieron a la oposición obtener una mayoría de escaños en la Asamblea Nacional.

Hay que recordar que desde la primera elección de Chávez como Presidente en Venezuela se han realizado más elecciones, plebiscitos y otras consultas populares que las que hayan podido efectuarse en los países del Hemisferio que cínicamente quieren erigirse en jueces de la situación venezolana. En la mayoría de esos ejercicios democráticos vencieron las fuerzas del chavismo y cuando no fue así los resultados fueron aceptados por Chávez y por Maduro.

Conviene recordar asimismo que ganar o perder transitoriamente la mayoría de los miembros del órgano legislativo no significa ganar o perder el gobierno en los países de América Latina. Tampoco lo es en Estados Unidos: si tal cosa rigiera en el vecino del Norte la lista de Presidentes despojados de sus cargos sería interminable: por ejemplo Clinton, Bush y Obama, para sólo mencionar los más recientes en una bicentenaria tradición en la que resulta normal ejercer la jefatura del Estado contando con una minoría parlamentaria. Para no hablar de Trump cuya presidencia no es cuestionada -aunque Hillary Clinton lo superó por más de tres millones de votos- y ostenta el mayor índice de desaprobación del que haya memoria en aquel país.

No debe olvidarse, sobre todo, el carácter subversivo, anticonstitucional, proclamado sin ambages por Henry Ramos Allup cuando, al asumir la dirección de la Asamblea, anunció un plan para expulsar de la jefatura del Estado a Nicolás Maduro en seis meses. No formuló un programa legislativo, anunció un golpe de estado. Desde entonces no ha hecho otra cosa que alentar el caos y la inestabilidad institucional.

La OEA en cueros

La conducta ilegítima e irresponsable de la oposición lejos de sumarle apoyo interno ha generado la creciente resistencia de un pueblo que, más allá de las ideologías, necesita y desea la paz y la convivencia frente a la agresión externa. Para derrocar al Gobierno legítimo había que recurrir al exterior y buscar en Washington lo que no pueden encontrar en Caracas.

Entonces aparece, nada más y nada menos, que la llamada Organización de Estados Americanos (OEA) y su insólito Secretario General, Luis Almagro.

La historia del “ministerio de colonias yanquis” es sobradamente conocida. Hace más de un siglo, ante los primeros pasos para crear el “panamericanismo”, José Martí advirtió el peligro y llamó a pelear por la independencia verdadera de Nuestra América.

Para Almagro –o sea para el Imperio- el único problema en el Hemisferio es Venezuela. Su enfermiza obsesión antibolivariana los ha arrastrado al punto increíble de dar una suerte de golpe de estado dentro de la propia institución, desconociendo a sus propias autoridades –al representante de Bolivia, Presidente del Consejo Permanente y Decano de sus embajadores y al Vicepresidente que es el representante de Haití- para imponer su estrategia antivenezolana.

Si la OEA tuviese un mínimo de seriedad no le alcanzaría el tiempo para ocuparse de los problemas reales del Continente.

La represión masiva contra los latinoamericanos en Estados Unidos; el infame muro de Trump y sus medidas de proteccionismo comercial; la vergonzosa destitución de Dilma Roussef; la constante aparición de cementerios clandestinos en México y otros lugares; los asesinatos cotidianos de periodistas; los muchachos desaparecidos de Ayotzinapa, las niñas muertas en Guatemala, el incendio del Parlamento paraguayo; las huelgas y protestas populares en Argentina, Brasil y otros países, son parte del largo temario que interesa a los pueblos pero que no existen para Almagro ni para el dócil rebaño que lo sigue.

Porque la OEA no fue creada para bregar con la realidad. Nunca ha sido otra cosa que instrumento para la dominación imperial. Que a estas alturas echen mano a la vieja y desprestigiada herramienta, pisoteando incluso sus reglas y procedimientos, es un llamado de alerta. La agresión imperialista está en marcha y debemos detenerla.

El crimen se está cometiendo a la luz del día, a la vista de todos y contemplarlo en calma sería una complicidad imperdonable.

Urge multiplicar la solidaridad. Hay que salvar a Venezuela.

 

Publicado originalmente en Punto Final

Todos somos ecuatorianos

In Ecuador, Human Rights/Derechos Humanos, Julian Assange, Politics, Rafael Correa on March 29, 2017 at 3:29 pm

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Especial para POR ESTO!

Por Ricardo Alarcón de Quesada

“Todo se puede comprar menos el corazón” proclamó en Guayaquil el candidato Lenin Moreno al cierre de su campaña que culminará el 2 de abril con el balotaje para decidir quién será el próximo Presidente del Ecuador. Ya el ex Vicepresidente había derrotado a todos los demás en las elecciones de febrero en las que logró una votación aplastante y estuvo a unos pocos votos de obtener la mayoría requerida -40%- para evitar una segunda vuelta.

Entonces algunos voceros de la oligarquía amenazaron con “incendiar Quito” si era proclamado vencedor quien superó en un millón de votos al banquero Guillermo Lasso, personaje éste de ingrata memoria, ex Ministro directamente vinculado al desastre que en 1999, entre otras cosas, eliminó el sucre como moneda propia forzando la adopción del dólar como signo monetario local y condujo a la fuga en masa de unos dos millones y medio de ecuatorianos lanzados súbitamente a la pobreza.

El próximo domingo los ecuatorianos deberán decidir si regresan a aquella etapa dolorosa o continúan avanzando por el camino de la Revolución Ciudadana iniciado por el Presidente Rafael Correa hace diez años con un saldo muy importante en cuanto a una más justa redistribución del ingreso nacional, que sacó de la miseria a dos millones de personas y muestra progresos notables en materia de educación y salud pública, una admirable obra en caminos, transporte y comunicaciones y sobre todo, el rescate de la soberanía nacional y un Gobierno limpio y dedicado al beneficio de las mayorías. Nadie hizo tanto en tan poco tiempo por la justicia en uno de los países más desiguales de la Tierra y debió hacerlo en condiciones muy difíciles como consecuencia de la caída de los precios del petróleo, un terremoto descomunal y otras calamidades naturales.

Una feroz y multimillonaria campaña mediática se empeña en confundir al pueblo, promover la amnesia colectiva y arrastrarlo a votar contra sí mismo. Toca a los ecuatorianos decidir.

Pero lo que está en juego va más allá del pequeño y hermoso país. El próximo domingo Ecuador estará, literalmente, en el centro del mundo. Allá se decidirá también el futuro de una América Latina emancipada frente a un Imperio que busca restaurar su maltrecha hegemonía.

Hillary´s Hour

In History, Politics, Politics on October 27, 2016 at 1:42 am

hillary

By Ricardo Alarcón de Quesada

It´s less than a month to the US elections and it is still possible that Donald Trump turns out to be the winner. Such a scenario is regarded with astonishment and concern by those in the United States who still believe in their institutions.

When he began his campaign, very few people took seriously the aspirations of the millionaire who synthesizes the two qualities that ––in the words of Octavio Paz– define imperialist behavior: arrogance and ignorance. He displayed both when he faced the other Republican contenders and now against Hillary Clinton. All along that path he has tried to show himself, demagogically, as if he were an enemy of the “establishment” and the spokesman for its victims.

It is enough to read his proposals to understand that he is blatantly lying. His tax reform plan would benefit only those who concentrate wealth and hurt those who live on their wages. To make matters worse, – a unique case in American history– he refuses to disclose his income tax reports to the Internal Revenue Service and, last but not least, he has boasted of not having paid taxes for years. Al Capone was sent to prison for that crime. But Trump is still freely touring the country where thousands of enthusiastic supporters applaud.

Everywhere, day after day, he repeats a message of hatred, prejudice and violence. There is a long list of those who are subjected to his insults and threats: Mexicans and women, Muslims and people with physical disabilities, immigrants and the LGBT community, those who advocate limiting the arms trade, and those who fight against pollution, as well as an endless list that includes Republican politicians who distance themselves from his ultra-reactionary speech and foul language.

On a couple of occasions he suggested the assassination of Hillary Clinton; and in the debate with her, before millions of viewers, he threatened with her imprisonment if he reached the presidency.

In any country in the world, and in the United States in normal situations, a similar character would lose any election and –most likely– be held in a penal institution or in an asylum. Trump, incredibly, has been the focus of the election campaign and –although many criticize him– he has the support of millions of voters.

The only way to defeat him is Hillary Clinton, the first woman in history with a chance of being elected. The difference is abysmal. Barak Obama did not exaggerate when he said she was more prepared to be President than he –Obama– or her husband, Bill Clinton.

Hillary has a long political career from her early years and has always been seen as an enemy by the most conservative groups who have unleashed a fierce campaign against her in which slander abounds. She has made mistakes –some of undoubted importance– and reprehensible concessions. She did not always remain faithful to her ideals of her youth. But the same can be said of any US politician and none other has been subjected to such relentless scrutiny by the media – those of the large corporations and many others circulating in the digital universe. These have examined her life in detail and cannot accuse her of having committed any crime. The biggest charges against her are having embraced neo-liberalism –as did almost all in her party– and having implemented, as Secretary of State, the warmongering line of the White House.

The United States remains the most powerful country in the world but its society is going through a deep crisis. Frustration and discomfort dominate US citizens who are increasingly skeptical of their politicians. Donald Trump manipulates the situation and does it appealing to the racism, brutal individualism, stupidity and violence that have been present –since its origin– in the nation that believes it is superior to the rest of the world. His candidacy has brought out the worst in the US and has turned it into an organized political force.

Hillary does not represent a revolutionary alternative. Choosing her will not produce the radical transformation of US society. But right now she is the only hope to stop barbarism.

It is possible to beat Trump. But it needs to be a crushing defeat: a landslide of votes that puts this unprecedented demagogue out of action, and also allows the start of a new stage where “Trumpism” can be defeated, because it is a disease that corrodes US society and threatens humanity.

 

 A CubaNews translation. Edited by Walter Lippmann.

 

Tom Hayden PRESENT

In History, Politics on October 26, 2016 at 12:45 pm

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By Ricardo Alarcón de Quesada

Where to begin? What can one say faced with the difficult news of his death?

We worked together, at a distance, on the new edition of “Listen
Yankee! Why Cuba matters” outcome, in part, of long conversations
between two old friends, and to an extent in part, a sort of for
handed memorie.

Because our friendship remained intact since the 1960´s when we each
headed glorious organizations, Students for a Democratic Society (SDS)
and the Federación Estudiantil Universitaria (FEU).

tom_hayden_book

Our ideals and our struggle united us and above all the headstrong
conviction that a better world was possible and that it was something
worth dedicating one’s life to achieve.

There is so much that must be said about Tom Hayden. The long road
that so often sent him to jail from the days when he marched in the
South to defend the civil rights of black people to finding himself at
the helm of the movement against the Viet Nam war with its seminal
moment at the insurgence of the youth movement in Chicago in 1968. A
road that led him to occupy elective posts never abandoning the dreams
of his youth.

Because for him the 60´s were never a thing of the past and one can
never reference those everlasting years without mentioning him

He had a large body of published works, books, essays, and speeches
from the Port Huron Statement, functional manifesto for SDS to his
texts on Afro-American rebellion in New Jersey, to his most recent
works, where his solidarity with Cuba was ever present, and where his
struggle for the freedom of the Cuban Five saw no bounds.

His life and his ideas will continue being an inspiration to the new
generations. He was, is and always will be, what the founder of the
FEU in Cuba always wanted, an eternal young rebel.

Until victory onward Tom, comrade in arms, comrade.

La hora de Hillary

In Politics, Politics on October 17, 2016 at 2:59 pm

hillary-clinton

Por Ricardo Alarcón de Quesada

A menos de un mes de las elecciones norteamericanas aun es posible que Donald Trump resulte el ganador. Semejante escenario es contemplado con asombro y preocupación por quienes en Estados Unidos creen todavía en sus instituciones.

Cuando inició su campaña pocos tomaron en serio las aspiraciones del millonario que sintetiza las dos cualidades que para Octavio Paz definían la conducta imperial: arrogancia e ignorancia. De ambas hizo ostentación cuando enfrentó a los otros contendientes republicanos y ahora contra Hillary Clinton. A todo lo largo de esa trayectoria ha tratado de presentarse, demagógicamente, como si fuese un enemigo del “establishment” y portavoz de sus víctimas.

Basta leer sus propuestas para comprender que miente descaradamente. Su plan de reforma impositiva beneficiaría sólo a los que concentran las riquezas y perjudicaría a los que viven de su salario. Para colmo, caso único en toda la historia norteamericana, se niega a divulgar sus informes al Servicio de Rentas Internas, y por si fuera poco, ha alardeado de no pagar sus impuestos durante años. Al Capone fue enviado a la cárcel por ese delito. Pero Trump sigue recorriendo libremente el país donde lo aplauden miles de entusiastas seguidores.

Por todas partes, día tras día, repite un mensaje de odio, prejuicios y violencia. Es larga la lista de quienes son objeto de sus insultos y amenazas: los mejicanos y las mujeres, los musulmanes y quienes padecen discapacidades físicas, los inmigrantes y la comunidad LGTB, los que abogan por limitar el comercio de armas y quienes luchan contra la contaminación atmosférica y un interminable etcétera que incluye a los políticos republicanos que toman distancia de su discurso ultrarreaccionario y su lenguaje procaz.

En un par de ocasiones sugirió el asesinato de Hillary Clinton y en el debate con ella, ante millones de televidentes, la amenazó con encarcelarla caso de llegar él a la presidencia.

En cualquier país del mundo, y en Estados Unidos en situaciones normales, un personaje semejante perdería cualquier elección y probablemente sería recluido en una institución penal o en algún sanatorio. Trump, increíblemente, ha sido el centro de la campaña electoral y aunque muchos lo critican, tiene el respaldo de millones de electores.

La única posibilidad de derrotarlo es Hillary Clinton, la primera mujer en la historia con posibilidades de ser elegida. La diferencia entre ambos es abismal. No exageró Barak Obama cuando dijo que ella estaba más preparada que él -Obama- o su marido -Bill Clinton- para ejercer la presidencia.

Hillary tiene una larga trayectoria política desde sus tiempos juveniles y siempre ha sido vista como una enemiga por los grupos más conservadores que contra ella han desatado una campaña feroz en la que abundan las calumnias. Cometió errores, algunos de trascendencia indudable, hizo concesiones censurables, no siempre se mantuvo fiel a sus ideales de juventud. Pero lo mismo puede decirse de cualquier político norteamericano y ninguno ha sido sometido como ella al escrutinio implacable de todos los medios de comunicación -los de las grandes corporaciones y también los otros que circulan en el universo digital- que han examinado su vida al detalle y no pueden acusarla de haber cometido crimen alguno. El mayor cargo contra ella es haber abrazado el neoliberalismo como hicieron casi todos los de su partido y haber aplicado, como Secretaria de Estado, la línea belicista de la Casa Blanca.

Estados Unidos sigue siendo la potencia más poderosa pero su sociedad atraviesa una profunda crisis. La frustración y el malestar predominan en una ciudadanía cada vez más escéptica ante sus políticos. Donald Trump manipula esa situación y lo hace apelando al racismo, el individualismo brutal, la estulticia y la violencia que han estado presentes, desde su origen, en la nación que se cree superior a todo el mundo. Su candidatura ha sacado a flote lo peor de Norteamérica y lo ha convertido en una fuerza política organizada.

Hillary no representa una alternativa revolucionaria. Elegirla no producirá la transformación radical de la sociedad norteamericana. Pero en este momento ella es la única esperanza para detener la barbarie.

Es posible vencer a Trump. Pero hace falta que sea una derrota aplastante, una avalancha de votos que no solo ponga fuera de combate al inaudito demagogo sino que permita iniciar una etapa nueva en la que pueda ser derrotado también el “trumpismo”, esa enfermedad que corroe a la sociedad norteamericana y amenaza a la Humanidad.

Stanley Scheinbaum: A Quixote of the 20th Century

In Politics on October 4, 2016 at 12:30 pm

quijote

 

By Ricardo Alarcón de Quesada

On Monday, September 12, at 96 years of age, Stanley K. Sheinbaum died in his California home. I want to add these lines to the tribute that he will surely receive from many everywhere. Despite his advanced age and ill health his friends will never find comfort for his departure. Because Stanley belongs to the category of those Bertolt Brecht called the essential who struggle all their lives.

From his New York childhood during the Great Depression until the era of the global dominance of US plutocracy he walked a long path that led him not only to travel across his country but also to know the rest of the world. He learned to be interested, as were few of his countrymen, in the conflicts and problems of others and to get involved and take sides, “trying to create a little peace and justice in this unjust world” as he wrote in his memoirs published five years ago (A 20th Century Knight’s Quest for Peace, Civil Liberties and Economic Justice).

He discovered in 1959 that the program he led at Michigan State University was a covert CIA activity, and became the first person who publicly denounced the illegal actions of the CIA inside the United States.

In the 1960s he articulated the campaign for the release of Andreas Papandreou, imprisoned by the military junta in Greece. He led the movement for raising the necessary funds for the defense of Daniel Elsberg, arrested in 1971 for revealing the so-called Pentagon Papers on the aggression to Viet Nam. This was an iconic fight with the outstanding participation of Leonard Boudin and his disciple the young Leonard Weinglass, both brilliant human rights and civil liberties activists. If it were not for Stanley, according to Ellsberg, “the trial would have been over, Nixon would have remained until the end of his term and the war would have continued.”

He promoted the work of the American Civil Liberties Union in Southern California to end racial segregation in schools and to combat the repressive methods of the LAPD as he led efforts against the apartheid regime of South Africa.

1988 he organized a group of American Jewish leaders who, on 6 December, met with Yasser Arafat in Stockholm, Sweden to start a process towards mutual understanding and peace in Palestine. The gesture won him many enemies. “For a while I was the most hated Jew in America … by other Jews” he wrote in his Autobiography.

He took a courageous stand in confronting police brutality and the Rodney King beating. He did so from his position on the Los Angeles Police Commission of the LAPD and on the streets of the city. “He was” –in the words of Afro-American Congresswoman Maxine Waters– “an extraordinary human being.”

He also addressed Cuba. He visited us here and we kept communication at a distance to the end. He opposed the blockade, fought for the normalization of relations, and was decisive in the battle for the liberation of our Five antiterrorists whose situation he helped publicize in the United States. What was announced on December 17, 2014, was also the result of his solidarity commitment that had rarely reached the major media headlines.

At the end of his life he could say: “I’m still interested; I still get involved; I still believe that tomorrow will be better. And so, I’m still very optimistic. If I have learned something over the years it is that it is not so important whether or not we win the battles. What is really important is that we continue waging the battles for justice, for equality, for fairness. “

 

Stanley keeps riding on.  

 

 

 

 A CubaNews translation. Edited by Walter Lippmann.
http://walterlippmann.com/stanley-scheinbaum-a-quixote-of-the-20th-century/

 

Un Quijote del Siglo XX

In Politics, Social Justice on September 16, 2016 at 11:35 am

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Por Ricardo Alarcón de Quesada

El lunes 12 de septiembre a los 96 años de edad falleció en su hogar de California Stanley K. Sheinbaum. Quiero sumar estas líneas al tributo que seguramente habrá de recibir de muchos en todas partes. Pese a su edad avanzada y los quebrantos de salud sus amigos jamás hallarán consuelo a su partida. Porque Stanley pertenece a la categoría de los que Bertolt Brecht llamó los imprescindibles los que luchan toda la vida.

Desde su infancia neoyorquina bajo la Gran Depresión hasta la era de la dominación global de la plutocracia norteamericana recorrió un largo camino que lo llevó no sólo a atravesar su país sino también a conocer el resto del mundo. Aprendió a interesarse, como pocos compatriotas suyos, por los conflictos y problemas de los demás y a involucrarse y tomar partido, “tratando de crear un poco de paz y justicia en este injusto mundo” como escribió en sus Memorias publicadas hace cinco años (“A 20th Century Knight’s quest for peace, civil liberties and economic justice”)

Descubrió en 1959 que el programa que dirigía en la Universidad Estatal de Michigan era una actividad encubierta de la Agencia Central de Inteligencia y se convirtió en la primera persona que denunció públicamente las acciones ilegales de la CIA dentro de Estados Unidos.

En los años Sesenta articuló la campaña para la liberación de Andreas Papandreu encarcelado por la junta militar en Grecia. Encabezó el movimiento para la recaudación de los fondos necesarios y la defensa de Daniel Elsberg arrestado en 1971 por revelar los llamados Papeles del Pentágono sobre la agresión a Viet Nam, emblemática pelea con la destacada participación de Leonard Boudin y su discípulo el joven Leonard Weinglass, ambos brillantes defensores de los derechos humanos y las libertades civiles. Si no hubiera sido por Stanley, según el propio Elsberg “el juicio hubiera terminado, Nixon permanecería hasta el final de su mandato y la guerra habría continuado”.

Impulsó las labores de la Unión Americana de Derechos Civiles en el sur de California para poner fin a la segregación racial en las escuelas y luchar contra los métodos represivos de la policía de Los Ángeles mientras dirigía los esfuerzos contra el régimen del Apartheid de Sudáfrica.

En 1988 organizó un grupo de dirigentes judíos norteamericanos que el 6 de diciembre se reunió en Estocolmo con Yaser Arafat para iniciar un proceso hacia el entendimiento y la paz en Palestina. El gesto le ganó no pocos enemigos. “Por un tiempo fui el judío más odiado en Norteamérica…por otros judíos” anotó en su Autobiografía.

Asumió un papel valeroso en el enfrentamiento a la brutalidad policial y la golpiza de Rodney King. Lo hizo desde su responsabilidad en la Comisión de la policía de Los Ángeles y en las calles de la ciudad. “Era”, en palabras de la Congresista Afroamericana Maxine Waters, “un ser humano extraordinario”.

También se ocupó de Cuba. Nos visitó aquí y mantuvimos comunicación a la distancia hasta el final. Se opuso al bloqueo, luchó por la normalización de las relaciones y fue decisivo en la batalla por la liberación de nuestros Cinco Héroes antiterroristas cuya situación ayudó a divulgar en Estados Unidos. Lo que fue anunciado el 17 de diciembre de 2014 era también fruto de su empeño solidario que no siempre trascendía a los grandes titulares mediáticos.

Al final de su vida pudo afirmar: “Aun me intereso, aun me involucro, aun creo que el mañana será mejor. Y por eso sigo siendo muy optimista. Si algo he aprendido a lo largo de los años es que no es tan importante si ganamos o no las batallas lo que es realmente importante es que continuamos librando las batallas por la justicia, por la igualdad, por la equidad”.

Stanley sigue cabalgando.

Notes of A Veteran Fidelista

In Politics on August 15, 2016 at 12:19 pm
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Ricardo Alarcón and Fidel Castro Ruz, Popular University Program, circa 1960-

Photo: Liborio Noval.

 

By Ricardo Alarcón de Quesada

On  March 10, 1952, with a door slam, a chapter of Cuban history came to a close. Fulgencio Batista –who, two decades before, had introduced a harsh dictatorship– seized power once again with a handful of his former collaborators had liquidated the revolutionary government of just one hundred days which had emerged in 1933 after the fall of Gerardo Machado. The new coup took place without major setbacks and thus ended Cuba’s brief experience with “representative democracy”. This had lasted for only two terms of the Cuban Revolutionary Party (Autentico), which had governed for little more than seven years.

The “Autentico” Party presented itself as heir to the Revolution of 1933, in which its leaders had had played an outstanding role, but did not go beyond national-reformism, creating some necessary institutions and showing an independent foreign policy on some important issues at the UN and the OAS. Its work was, however, hampered by government corruption which invaded almost all branches of the administration. Besides, its adherence to McCarthyism led to the division among the trade union and popular movement, and the assassination of some of its main leaders.

The prevailing dishonesty caused the split in the “Autentico” Party and the emergence of the Cuban People’s Party (Orthodox) which raised the slogan “Vergüenza contra Dinero [Shame against money]” as its main banner. Among its founders was a recently graduated lawyer named Fidel Castro Ruz.

The general elections scheduled for June 1952, brought face-to-face, according to all polls, two candidates: the “orthodox”, headed by a respected university professor [Roberto Agramonte], and the government official, led by an “autentico” whose honesty was beyond doubt. A third candidate, Batista, supported by reactionary groups, appeared in a distant last place and no one gave him the slightest chance of winning in the polls. Everyone in Cuba knew this, including Batista who, for that reason, prevented the people from deciding.

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Fidel Castro, Victor Rabinowitz, Juana Vera and the author, Havana.

The coup and its immediate aftermath deeply wounded Cuban society. Batista received immediate support from the big property owners as well as from the conservative political forces and corrupt trade union bureaucracy. Political parties –the ones close to the government as well their opponents– were trapped in inaction and inconsistency. Authenticism and orthodoxy were divided into contradictory trends and new parties emerged from them; some willing to collaborate or compromise with the new regime. These and all other parties engaged in endless controversies unable to articulate a path against tyranny.

Resistance found refuge in the universities. Out of these came the first demonstrations and acts of protest. Among the students there was a growing awareness of the need to act and to do so using methods different from those of the politicians who had failed miserably. There was talk of armed struggle, but nobody knew how to wage it or had the resources to undertake it. There were some isolated attempts while rumors spread about plans led or linked to the president overthrown on March 10.

For those of us who were still in secondary education, the assault on the military barracks in Santiago de Cuba (Moncada) and Bayamo (Carlos Manuel de Cespedes), on July 26, 1953, was a complete surprise. We knew nothing of an event that would change our lives forever.

The news highlighted the name of someone previously unknown to us: Fidel Castro.

The political crisis deepened. The tyranny became even more aggressive. The Communist Party (Partido Socialista Popular [Socialist People’s Party]) was banned and its publications closed, while increased repression against the student movement became the norm. Batista’s accusations against the Communists sought the sympathy of Washington, but had nothing to do with reality. The PSP was not only alien to those events, but rather condemned the action of the young revolutionaries as did the other opponents to Batista, almost without exception.

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With Puerto Rican Independentists, Lolita Lebrón, Rafael Cancel Miranda, Irving Flores and Oscar Collazo, Havana 1979.

Once again it fell to the students to replace the parties that had proved incapable of fulfilling their role. The Federation of University Students (FEU) sympathized with the attackers of the Moncada garrison and called for a campaign for their release. This soon acquired a national dimension and forced the dictatorship to grant them amnesty in 1955.

That same year, Fidel founded the July 26th Movement. Along with the survivors of the initial action, it counted especially on young people who, in neighborhoods and study centers, identified themselves with that heroic deed against tirades and criticism from Tiryns and Trojans.

Their ranks were filled with youths, no few of them teenagers, who rebelled amid frustration, inertia and division, inspired by a feat that had shaken the tyranny and its opponents as well. Antonio López (Ñico), who had led the attack on the barracks in Bayamo, was responsible for organizing the youth brigades of the M-26-7 until he went to Mexico to return with Fidel and die fighting in the Sierra Maestra. He was replaced in Havana by Gerardo Abreu (Fontán), a black man of very humble origin, who had not completed primary school. He managed, on his own, to acquire a broad cultural background and a poetic sensibility that caused astonishment among us college students who had the privilege of fighting under his leadership. Ñico and Fontán –both from the Orthodox Youth– knew Marxism, shared socialist ideals, and were profoundly anti-imperialist. They were determined to create an organization that would massively bring in the new generation. They succeeded. Their followers were identified with a single word: “fidelistas”.

The presence of the Brigades was felt quickly by sending their message directly to the people. While the press and politicians criticized Fidel and the Moncada action, everywhere, in every corner of the capital –on walls and facades– using very modest resources, Brigade members painted a brief slogan which everyone understood: M-26-7, or a name that others wanted to silence: Fidel.

In view of the hostile environment which made it impossible to wage open political struggle, Fidel went to Mexico in order to organize the return to carry out the battle that would end the tyranny. He proclaimed it openly, undertaking a historic commitment: “In ’56, we will be free or we will be martyrs” thus challenging the followers of inaction and despair once again. And also their jokes: a government newspaper carried on its front page every day the number of days which had elapsed that year without the defiant promise being kept. epa00601693-cuban-president-fidel-castro-r-and-cubas-national-assembly-fh10p0

Well into November, the propaganda against the Moncadistas intensified. Demonstrations, organized by the FEU and the newly created Revolutionary Directorate, climaxed and led to the closure of the university. The last day of the month, to support the landing [of the Granma expedition], the M-26-7 carried out an uprising in Santiago de Cuba. Two days later Fidel and his companions arrived at the eastern shores aboard the yacht Granma, in what Che described as a “shipwreck”.

Scattered and persecuted by the Army, a small group finally managed to reunite in the Sierra Maestra. Many members of the expedition died fighting, or were assassinated.

Among these, as the US news agencies reported, was its main leader. Fidel’s death was reported on the front page of every newspaper. Anguish and uncertainty remained until after a passage of time that seemed endless. Gradually and by clandestine channels, the truth came to be known.

The last two years of the dictatorship were rife with crimes and abuses in the urban areas while the initial guerrilla force grew to become the Rebel Army.

“Fidelismo” reached massiveness. On the night of November 8, 1957, one hundred simultaneous explosions rocked Havana, each in a different neighborhood and distant from one another. They were practically heavy firecrackers –rather homemade devices– that only made noise. No one was injured and no one was arrested by the police who went around frantically from one place to the other. It was sound evidence that the “26th” was everywhere and showed the youth brigades’ efficient organization.

The murder of Fontan, on February 7, 1958, sparked a students’ general strike which lasted until May. It paralyzed all education centers, including private universities and academies, and led to the consecutive resignations of two of Batista’s Education Ministers of Batista.

Never before had such a movement occurred in Cuba to such extent and for so long. For three months, all attempts, violent or “peaceful” to end it failed. The student walkout continued, even several weeks after the movement suffered in its most painful and bloody defeat in Havana.

The failure of the attempted general strike by the workers, on April 9, was a very severe blow. It decimated urban militancy, almost completely destroyed the underground structures, and allowed the dictatorship to mobilize thousands of troops to launch what it thought would be the final battle in the Sierra. Once again everything depended on Fidel and his leadership.

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PHOTO Elian and Juan Miguel Gonzalez, at the Celebration of the 50th Anniversary of the Moncada assault.

Batista’s offensive proved a complete failure. The Rebel Army –well-established in the East– sent two columns led by Che and Camilo Cienfuegos, which crossed half the island and won many battles in its central region. The rebels were close to liberating the cities of Santiago de Cuba and Santa Clara. The last day of December, the dictator arranged his escape and –in close coordination with the US Ambassador– left behind a military junta in Havana that would have been the continuity of his regime. To thwart the maneuver, Fidel called for a general strike.

In the early hours of the first day of the New Year, the people took over the streets in the capital. The youth brigades –almost totally unarmed– occupied all police stations without meeting resistance from the demoralized and nervous troops of the regime. However, in other parts of the city, armed paramilitary groups of Batista henchmen had to be confronted. The strike continued until the total collapse of the tyranny. On January 8, Fidel rode triumphantly into a city that was already and finally “Fidelista”.

The victorious Revolution would have to face more powerful obstacles and even greater risks for over half a century: Political, diplomatic and propaganda aggression, armed attacks, subversion and sabotage, and the economic blockade that is still ongoing and is the longest genocide in history. Another blow was the collapse of the U.S.S.R. and the disappearance of allies and trading partners plus the complete isolation of the island. It has been a long and stormy path that the people have weathered under Fidel’s guidance.

Ninety years of age has now come to the man who had to face more than six hundred assassination plots against his life and whose death has been announced countless times by imperialist propaganda. Maybe someday his enemies will have to admit that they were never able to kill him. This is because Fidel and his people are one and the same. And that people, largely thanks to him, is invincible.

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A CubaNews translation.
Edited by Walter Lippmann.

Apuntes de un veterano Fidelista

In Asamblea Nacional/National Assembly, Cuba, Fidel Castro Ruz, Historia on August 5, 2016 at 2:49 pm

 

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Ricardo Alarcón de Quesada y Fidel Castro Ruz, Programa Universidad Popular, circa 1960- foto Liborio Noval.

Ricardo Alarcón de Quesada

El 10 de marzo de 1952, de un portazo, se cerró un capítulo de la historia de Cuba. Fulgencio Batista –quien dos décadas atrás implantó una férrea dictadura y liquidó al Gobierno Revolucionario de apenas cien días surgido en 1933 a la caída de Gerardo Machado- con un puñado de sus antiguos colaboradores se hizo otra vez del poder. El nuevo golpe de estado se llevó a cabo sin mayores tropiezos. Concluyó así la breve experiencia cubana con la “democracia representativa” la cual duró sólo los dos períodos del Partido Revolucionario Cubano (Auténtico), que había gobernado poco más de siete años.

El “autenticismo” se presentaba como heredero de la Revolución del 33 en la que sus principales dirigentes habían tenido una participación destacada pero no avanzó más allá del nacional-reformismo, creó algunas instituciones necesarias y dio muestras de una política exterior independiente en algunos temas importantes en la ONU y la OEA. Pero su obra de gobierno estuvo lastrada por la corrupción que invadió casi todas las ramas de la administración y su adhesión al macartismo que propició la división del movimiento sindical y popular y al asesinato de algunos de sus principales líderes.

La deshonestidad imperante provocó la escisión del autenticismo y el surgimiento del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo) que levantó como principal bandera la consigna de “Vergüenza contra Dinero”. Entre sus fundadores estuvo un abogado recién graduado llamado Fidel Castro Ruz.

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Fidel Castro, Juana Vera, Victor Rabinowitz y el autor en la Habana

Las elecciones generales, previstas para junio de 1952, enfrentaban, según todas las encuestas, a dos candidaturas: la “ortodoxa” encabezada por un respetable profesor universitario y la gubernamental liderada por un “auténtico” cuya honestidad no era cuestionada. Un tercer candidato, Batista, respaldado por grupos reaccionarios, aparecía en un lejano último lugar y nadie le concedía la más mínima posibilidad de vencer en las urnas. Lo sabía en Cuba todo el mundo incluido Batista quien por eso impidió que el pueblo pudiera decidir.

El Golpe de Estado y sus secuelas inmediatas hirieron profundamente a la sociedad cubana. Batista recibió el apoyo inmediato de los grandes propietarios así como el de las fuerzas políticas conservadoras y la corrupta burocracia sindical. Los partidos políticos, tanto los agrupados alrededor del gobierno derrocado como sus oponentes, quedaron atrapados en la inacción y la incoherencia. El autenticismo y la ortodoxia se dividieron en tendencias contradictorias y de ellos surgieron nuevos partidos, algunos dispuestos a colaborar o transigir con el nuevo régimen. Ellos y todos los demás partidos se enzarzaron en polémicas interminables incapaces de articular un camino frente a la tiranía.

La resistencia encontró refugio en las Universidades. De ellas surgieron las primeras manifestaciones y actos de protesta. Entre los estudiantes crecía la conciencia de la necesidad de actuar y de hacerlo de otro modo empleando métodos diferentes a los de los políticos que habían fracasado estrepitosamente. Se hablaba entonces de la lucha armada pero nadie sabía cómo hacerla ni poseía los recursos para emprenderla. Hubo algunos intentos aislados mientras circulaban rumores acerca de planes dirigidos o vinculados al Presidente depuesto el 10 de marzo.

Para quienes aun cursábamos la enseñanza secundaria el asalto a los cuarteles militares de Santiago de Cuba (el Moncada) y Bayamo (Carlos Manuel de Céspedes), el 26 de julio de 1953, fue una sorpresa absoluta. Nada sabíamos de un acontecimiento que, sin embargo, marcaría para siempre nuestras vidas.

En las noticias brotó el nombre de alguien antes desconocido para nosotros: Fidel Castro.

Se ahondó la crisis política. La tiranía se volvió aun más agresiva. Ilegalizó al partido de los comunistas (PSP, Partido Socialista Popular) y clausuró sus publicaciones y aumentó la represión contra el movimiento estudiantil. Las acusaciones de Batista contra los comunistas buscaban las simpatías de Washington pero nada tenían que ver con la realidad. El PSP no sólo fue ajeno a aquellos sucesos sino que condenó la acción de los jóvenes revolucionarios como lo hicieron, casi sin excepción, los demás opositores a Batista.

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Compartiendo con los Independentistas Boricuas, Lolita Lebrón, Rafael Cancel Miranda, Irving Flores y Oscar Collazo, la Habana 1979.

Nuevamente correspondió al estudiantado reemplazar a los partidos incapaces de cumplir su función. La Federación Estudiantil Universitaria (FEU) se solidarizó con los asaltantes del Moncada y convocó a una campaña por su liberación que pronto adquirió una dimensión nacional y obligó a la dictadura a amnistiarlos en 1955.

Ese mismo año Fidel fundó el Movimiento 26 de Julio que, junto a los sobrevivientes de la acción inicial contó, sobre todo, con jóvenes que en los barrios y en los centros de estudio se identificaron con aquel gesto heroico frente a las diatribas y las críticas de tirios y troyanos. Sus filas se nutrían con muchachos, no pocos adolescentes, que insurgían en medio de la frustración, la inercia y la división, inspirados por una hazaña que había estremecido a la tiranía pero también a sus oponentes. Antonio López (Ñico) quien había dirigido el ataque al cuartel de Bayamo se encargó de organizar las Brigadas Juveniles del M-26-7 hasta que marchó a México para regresar con Fidel y morir combatiendo en la Sierra Maestra. Lo reemplazó en La Habana Gerardo Abreu (Fontán) un negro de origen muy humilde que no había concluido la enseñanza primaria pero supo adquirir por sí mismo una amplia formación cultural y una sensibilidad poética que causaba asombro entre los universitarios que tuvimos el privilegio de luchar bajo su jefatura. Tanto Ñico como Fontán, ambos procedentes de la Juventud Ortodoxa, conocían el marxismo, compartían los ideales socialistas y eran profundamente antimperialistas. Se empeñaron en crear una organización que incorporase masivamente a la nueva generación y lo lograron. A sus seguidores se les identificaba con una palabra: “fidelistas”.

La presencia de las Brigadas se hizo sentir rápidamente enviando su mensaje directamente al pueblo. Mientras la prensa y los políticos criticaban a Fidel y al Moncada, por todas partes, en cada rincón de la capital, en muros y paredes, empleando recursos muy modestos, sus miembros pintaron una consigna breve pero que todos entendían -M-26-7- o un nombre que otros querían silenciar: Fidel.

Frente al ambiente hostil que hacía imposible la lucha política abierta, Fidel se marchó a México con el fin de organizar el regreso para llevar a cabo la batalla que pondría fin a la tiranía. Lo proclamó abiertamente asumiendo un compromiso histórico –“en el 56 seremos libres o mártires”- y afrontando nuevamente a los cultores de la inacción y el desánimo. Y también sus burlas: un periódico gubernamental encabezaba su portada cada día con la cifra que marcaba los días transcurridos de 1956 sin que se hubiera cumplido la desafiante promesa.epa00601693-cuban-president-fidel-castro-r-and-cubas-national-assembly-fh10p0

Avanzaba noviembre y se intensificaba la propaganda contra los moncadistas. Las manifestaciones organizadas por la FEU y el recién creado Directorio Revolucionario alcanzaron su clímax y provocaron el cierre de la Universidad. El último día del mes, como acción de apoyo al desembarco, el M-26-7 llevó a cabo la insurrección en Santiago de Cuba. Dos días después arribaron a las costas orientales Fidel y sus compañeros en el yate Granma en lo que el Che describió como un “naufragio”. Dispersos y perseguidos por el Ejército un pequeño grupo logró finalmente reencontrarse en la Sierra Maestra. Una buena parte de los expedicionarios murieron combatiendo o fueron asesinados.

Entre ellos, según dieron cuenta las Agencias noticiosas norteamericanas, su principal líder. La muerte de Fidel fue reportada en primera plana por todos los medios informativos. La angustia y la incertidumbre se mantuvo hasta que, pasado un tiempo que parecía interminable, poco a poco, por los canales clandestinos, se fue conociendo la verdad.

Los últimos dos años de la dictadura fueron de crímenes y atropellos generalizados en las zonas urbanas mientras el foco guerrillero inicial crecía hasta transformarse en el Ejército Rebelde.

El “fidelismo” alcanzó masividad. En la noche del 8 no noviembre de 1957 se produjeron en La Habana cien explosiones simultáneamente cada una en un barrio diferente y distante del otro.  Eran petardos, artefactos más bien artesanales, que sólo produjeron ruido.  No hubo heridos y nadie fue detenido por la policía que se desplazaba frenética de un lado a otro.  Fue una demostración sonora de que el 26 estaba en todas partes y de la eficaz organización de sus brigadas juveniles.

El asesinato de Fontán, el 7 de febrero de 1958, desató una huelga general estudiantil, que se extendió hasta mayo, paralizó todos los centros de enseñanza, incluidos las universidades y academias privadas y provocó las renuncias de dos ministros batistianos de Educación.

Nunca antes se había producido en Cuba movimiento semejante, de tal amplitud y por tanto tiempo.  Durante tres meses fracasaron todos los intentos, violentos o “pacíficos”, para ponerle fin.  El paro estudiantil continuó incluso varias semanas después que el movimiento sufriese en La Habana su más dolorosa y sangrienta derrota.

Pero el fracaso del intento de huelga general obrera, el 9 de abril, fue un golpe muy severo que diezmó a la militancia urbana, desbarató casi por completo el aparato clandestino y permitió a la dictadura movilizar miles de soldados para lanzar contra la Sierra Maestra lo que imaginaba sería su ataque final. Otra vez todo dependía de Fidel y su liderazgo.

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Elian y Juan Miguel Gonzalez, celebracion por el 50 Aniversario del Asalto al Cuartel Moncada

La ofensiva batistiana fracasó completamente.  El Ejército Rebelde, consolidado en Oriente, envió dos columnas, dirigidas por el Che y Camilo Cienfuegos, que atravesaron la mitad de la isla y vencieron en numerosos combates en su región central.  Los rebeldes estaban próximos a liberar las ciudades de Santiago de Cuba y Santa Clara.  El último día de diciembre el dictador preparó su fuga y en estrecha coordinación con el Embajador norteamericano, dejó instalada en La Habana una Junta Militar que hubiera sido la continuidad de su régimen.  Para frustrar la maniobra, Fidel convocó a la huelga general.

El primer día del nuevo año, desde muy temprano el pueblo se hizo dueño de las calles en la capital.  Las brigadas juveniles, desprovistas casi completamente de armas, ocuparon todas las estaciones de la policía sin encontrar resistencia de una tropa desmoralizada y nerviosa.  Hubo que enfrentar, sin embargo, en otras partes de la ciudad, los disparos de grupos paramilitares del batistato.  La huelga continuó hasta el derrumbe total de la tiranía.  El 8 de enero Fidel entró triunfante en una ciudad que era ya, finalmente, “fidelista”.

La Revolución triunfante debería encarar obstáculos más poderosos y riesgos aun mayores durante más de medio siglo.  La agresión política, diplomática y propagandística, los ataques armados, la subversión y los sabotajes y el bloqueo económico que aun continúa y es el genocidio más prolongado de la historia.  Y también el derrumbe de la U.R.S.S. y la desaparición de aliados y socios comerciales y el aislamiento total de la Isla.  Ha sido un camino largo y tormentoso que el pueblo recorrió guiado por Fidel.

Cumple ahora noventa años el hombre que debió enfrentar más de seiscientos planes de atentados contra su vida y cuya muerte ha sido anunciada en incontables ocasiones por la propaganda imperialista.  Quizá algún día sus enemigos deberán admitir que nunca lo podrán matar.  Porque Fidel y su pueblo son uno y lo mismo.  Y ese pueblo, en gran medida gracias a él, es invencible. fidel-asamblea-05